Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE La euforia desatada por la Eurocopa de fútbol acabó en muchas almas con el prejuicio a enarbolar la bandera española doliente, menos inhábil. El columnista Ignacio Camacho propuso en ABC un Diccionario eurocopero Sobre la roja decía: Reciente denominación colectiva de la selección española, en la que algunos quisquillosos pretenden ver una desnacionalización semántica pese a que se trata de una extrapolación del código de color nacional de otros países (la azzurra les bleus la amarelha etcétera) Por su parte, el novelista Juan Manuel de Prada, celebró en una Tercera las virtudes del abrazo. Bajo el título de Al calor de los goles de España se preguntaba: ¿Qué son sino fruslerías esas monsergas del segregacionismo y el derecho a decidir ante la efusión rotunda, cálida y fraternal de tantos españoles que celebran con un abrazo lo que les mandan el instinto, la pasión y el alma? Antes de toda esta eclosión futbolera, de vivas a España, en abril de este año, la socióloga y escritora Helena Béjar publicó La dejación de España. Nacionalismo, democracia y pertenencia En ese libro se lee que la izquierda cayó en la trampa de identificar descentralización con progresismo mientras que los nacionalistas periféricos hacían de España una noción retrógrada. Como resultado, quienes se sienten españoles son acusados de fachas en una lucha dialéctica que sirve para ejercer un chantaje moral inexistente en el resto de Europa Como nación cultural España está compuesta de titubeantes alusiones a un idioma común cuyo referente es vacilante ¿español o castellano? a una historia compartida que no se conoce por su paulatina supresión en la educación y de una cultura desprovista de contenidos más allá de los toros y el flamenco Hay que desenmascarar la dicotomía de un nacionalismo bueno, democrático, proactivo y legítimo, el periférico; y un nacionalismo malo, autoritario reactivo y condenable, el español. Si el nacionalismo español franquista fue barrido por ultraconservador hace ABC decenios, no vamos a aceptar que el periférico sea progresista A Félix Ovejero Lucas, escritor y profesor de Economía, Ética y Ciencias Sociales y de Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, autor de libros como Contra Cromagnon. Nacionalismo, ciudadanía, democracia le parecen tramposas las explicaciones que atan cuatro hechos, aquí y allá, y los interpretan como síntomas de algo más profundo Respecto al Manifiesto por la Lengua Común, impulsado por intelectuales como Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Fernando Savater o Aurelio Arteta, niega la acusación de ciertos sectores del nacionalismo que intentan ver una conspiración detrás de los impulsores: La conspiración requiere una unidad de decisión que coordina y un programa, que se despliega a través de mil acciones, como hacen los nacionalistas: que si las lápidas, el huso horario, las selecciones nacionales, los papeles de los archivos, las embajadas, las matrículas, etcétera. Conviene reparar en la secuencia: a la mitad de los que llenan los estadios cuando juega la selección catalana, el fútbol les trae sin cuidado. En el caso de España el curso ha sido el contario: como resultado de que se juega bien, de que se degusta el fútbol, el mecanismo normal de identificación, espontáneo, opera. Pero, al menos desde Barcelona, la espontaneidad ha requerido de ciertos catalizadores. La gente parecía sentir vergüenza de sentir lo que sentía. Las primeras victorias apenas eran saludadas por algunos, pero eso relajó a los siguientes, que reforzaron a los primeros. Era una suerte de clandestinidad. Todo ello se vio favorecido porque era la Cuatro, Prisa, la que gestionó la difusión: si era Prisa, no podría ser reaccionario pasear con la bandera No cree el escritor Jon Juaristi, ex director del Instituto Cervantes, que nos encontremos ante movimientos tectónicos profundos, con eclosiones de patriotismos dormidos Dice: Mi impresión es que todo es un conjunto de fenómenos superficiales. Y muy distintos, en cuanto a orígenes, causas, ámbitos de influencia, etcétera. El fervor por la roja pertenece al orden de lo espectacular, como el entusiasmo por José Tomás o la fiebre del Chikilicuatre (salvando las innegables distancias entre los tres) Lo más cercano al patriotismo, en el primer caso, no es tanto la proliferación de símbolos como la identificación con la figura de Luis Aragonés, (Pasa a la página siguiente) Luis Aragonés como Kutuzov ansancio es una palabra demasiado escasa para aplicarla a lo que los ciudadanos que no han renunciado a considerarse como tales sienten respecto a la larga sarta de atropellos cometidos por los nacionalismos realmente existentes. Durante un número ya muy crecido de años, los ciudadanos hemos ido asistiendo en algunas autonomías periféricas a una merma y abrogación real de derechos fundamentales (por ejemplo educativos y lingüísticos, que luego traen aparejadas otras mermas en otros planos, laborales, de representación... absolutamente incompatible con unos mínimos parámetros democráticos y a la imposición, con cargo al presupuesto, de un conjunto de conceptos, lógicas y sintaxis que han generado, en cualquiera de nuestras lenguas, tanto en la común, el español, como en las demás, una especie de idiolecto tramposo, hecho de Microfascismo blando con ropaje democrático C inversiones de significado, de lógica paranoica, con el cual la casta que ha gobernado esas autonomías ha aherrojado a la ciudadanía: un microfascismo blando de rotulación democrática. Nacionalismo español quiere decir que se aspiraría por ejemplo a reconquistar manu militari Florida o las Filipinas, que se quiere erradicar las lenguas periféricas y cosas de ese estilo. No he visto ni el más ligero asomo de nada de eso. Si al dar el nombre de España a España o al resistir a los graves atropellos de esos dispositivos que se ha dejado crecer metastáticamente, en parte porque no se veía la cosa y en parte porque no se quería ver, se le llama nacionalismo español, acabaremos por no llamar a nada por su nombre, como querría la casta que nos gobierna. J. Á. GONZÁLEZ SAINZ Escritor