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6 7 08 EN PORTADA España ¿Un nuevo patriotismo? POR ALFONSO ARMADA spaña limita al norte con el mar Cantábrico y con los montes Pirineos que la separan de Francia; al este con el mar Mediterráneo; al sur, con este mismo mar, y al oeste con Portugal y el océano Atlántico Así cantábamos la lección de geografía cuando éramos felices e indocumentados, en la etapa final del franquismo. España es un país agotador, del que es conveniente alejarse para leerlo desapasionadamente. De la tragedia de la guerra incivil, y de cuarenta años de dictadura, se alimentan todavía agravios fieros, nacionalismos que condenan a España como sucia madrastra mientras enarbolan sus propias identidades como fruto de un origen puro, pisoteado por un centralismo usurpador que niega a sus vástagos periféricos la condición impecable de víctimas merecedoras de todas las compensaciones. Un discurso que incluso la izquierda ha abrazado como parte de un confuso ajuar. No es fácil en medio de esa trifulca identitaria hablar de una España a la que sólo se ve desde la periferia como centralista y despótica. El triunfo en la Eurocopa de fútbol, el insólito flamear de banderas, el culto a la roja como emblema de otra España, además de iniciativas como el Manifiesto por la lengua común, E han hecho pensar a algunos optimistas de la razón que el sentido común podría empezar a prevalecer sobre el instinto, que un nuevo patriotismo constitucional sin las sombras eternas del pasado podría empezar a echar raíces en este fecundo erial. No hay consenso en un asunto que ha hecho devanarse los sesos a historiadores, poetas, politólogos, regeneracionistas, vendedores de Biblias, geógrafos, políticos y forofos. Empecemos por Wikipedia: El patriotismo constitucional es un concepto ideológico formulado por Jürgen Habermas como respuesta a la necesidad de dotar de un contenido democrático a la identidad alemana en su reconstrucción posterior a la II Guerra Mundial, tras haber quedado contaminada por el nacionalismo extremista del nazismo. Según esta teoría, el concepto de ciudadanía descansa en valores compartidos más que en una historia u origen étnico común. Es una parte central de las teorías del post- nacionalismo, y ha influido en el desarrollo de la UE. La divulgación del término en España ha permitido su utilización desde muy distintos puntos de vista, originariamente desde la izquierda, y luego desde la derecha. Particularmente se ha utilizado para reivindicar la identidad unitaria española (desvinculándola del nacionalismo del franquismo) frente a los naciona- lismos periféricos ¿Qué ingredientes habría que mezclar en el matraz de la teoría política para asegurarse de que nos encontramos ante un nuevo patriotismo español? Si nos dejamos imantar por la mirada del otro, valdría la caracterización que el New York Times hizo de la jornada de gloria del pasado domingo: Fue un equipo y un país... finalmente unidos en uno La BBC destacó que algunos contemplarán este triunfo como un estímulo para la unidad nacional, dadas las antiguas divisiones regionales de España pero matizó que vascos y catalanes no van a abandonar sus posiciones políticas sobre la base de un gol de Fernando Torres De la arbitrariedad de los colores da buena cuenta que en EE. UU. a los demócratas (centro) se les pinta de azul, mientras que a los republicanos (derecha) de rojo. En España, los nacionales (los de Franco) eran azules; los republicanos, rojos. Pero hete aquí que la camiseta de la selección, roja, gracias a la transubstanciación del triunfo, ha convertido a la roja en el emblema de una España menos acomplejada, menos Helena Béjar: Si el nacionalismo español franquista fue barrido por ultraconservador hace decenios, no vamos a aceptar ahora que el periférico sea progresista