Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
29 6 08 VIAJES Toronto Puerta de Canadá Muy conocida por sus festivales, pero no solo, Toronto es una ciudad acogedora y atractiva, que concentra todo tipo de intereses. En invierno hace frío, es verdad, pero se las arregla para ser divertida POR MATILDE HERMIDA FOTOS: JAIME GONZÁLEZ DE CASTEJÓN Pistas Air Canada vuela directamente desde Madrid a Toronto desde el 15 de junio y tiene todo tipo de enlaces interiores en Canadá. Tel. 914585586 71 aircanada. spain viareps. com City Pass. Se obtiene con facilidad y permite diferentes visitas a lugares interesantes a precios reducidos. http: citypass. com city toronto. html for prices www. torontotourism. com www. discoverniagara. com www. winesofontario. com (para recorrer la ruta de las grandes bodegas) veces está bien eso de llegar a una ciudad por la que nunca te has interesado. No hay referencias ni expectativas, ninguna emoción. La desenvuelves, perpleja, como el regalo inesperado de alguien que no te importa nada. Toronto sirve- -me sirve- -para el caso. Toronto, un nombre redondo, de sonoridades tormentosas. No está mal para empezar. Las primeras imágenes son extrañas: balcones, miles de balcones y terracitas encaramados en edificios esbeltos, a veces de oficinas. ¿Balcones aquí, con tanto frío? Sí, claro, hay que aprovechar del primero al último rayo de sol en un país de inviernos severos. Son balcones obstinados, sin miradores, ni galerías protectores. En casi todos, una pareja de sillas de exterior, que resisten hasta las nieves y más allá, como si las acabaran de dejar sus dueños para atender una llamada o prepararse un té Luego está la sensación de rompecabezas: la ciudad no ha terminado de decidirse entre ofrecer un perfil metálico y financiero, cuyo skyline se despliega poderoso noche tras noche, una imagen más pulcra y provinciana, con sus edificios históricos, los A Al fondo, el ayuntamiento. El estanque sirve de pista de patinaje en invierno árboles omnipresentes y sus ardillas negruzcas- -feas, feas- que brincan ajenas a los viandantes, o mostrarse alegre y cálidamente bohemia, entre restaurantes, teatros, librerías e incontables locales de jazz y de otras músicas propias de un lugar con tantos acentos y rostros. Pero ese fraccionamiento no es un problema de la ciudad, por lo demás tan armónica, sino de la retina ignorante y desconcertada. Unas horas más y se harán familiares University (con ese campus integrado en el paisaje urbano) Distillery (un distrito muy victoriano y animadísimo: qué menos) Queen West (más locales divertidos y tiendas sin parar) Chinatown y Kensington Market (compras, claro, y una historia a las espaldas de los duros días del ferrocarril y de aquellos amarillos extenuados y proscritos, hoy prósperos ciudadanos) Y siempre el Ontario, al que cuesta no referirse como mar porque tiene un puerto muy activo, playas y una tonalidad azul cambiante aunque le falte ese toque acre, de salitre, que tampoco apreciarías desde la inevitable CN Tower, torre de comunicaciones y visitadísimo símbolo de la ciudad desde 1976, Al amparo del Ontario, los grandes estadios que recuerdan la afición local por los deportes. El lago parece infinito, pero en Canadá la naturaleza lo hace todo a lo grande y cuando comentas algo sobre esa costa de agua dulce, alguien corrige amable: ¿El Ontario enorme? En realidad es un lago pequeño Toronto es una de las muchas formas de abordar Canadá. Una manera tranquila, que se ajusta a unos pocos días y permite asomarse a lo que el país ofrece, sin marearse con las longitudes y latitudes de su mapa gigantesco. Es también una ciudad discreta. No apabulla, aunque es la más grande de la nación y podría sacar a relucir méritos, nombres y cifras. A cambio enseña con humor sus bajos fondos esa ciudad parale- la a la que se accede libremente desde hoteles, bancos y oficinas. Escaleras abajo, un laberinto de avenidas subterráneas con tiendas y locales donde brujulear a lo largo de veintisiete kilómetros inventados para burlar al frío (y rentabilizar el terreno) Nada de corredores sombríos. Animados y luminosos, a ratos una cristalera abre la vista al cielo: imaginen contemplar la peor cellisca al abrigo de un buen chocolate... Toronto tiene alrededores muy interesantes. Uno, inevitable, las cataratas del Niágara. No faltará quien le diga que hay espectáculos naturales mejores en la Tierra. Seguramente es verdad. Inevitables cataratas Y siempre el Ontario, al que cuesta no referirse como mar porque tiene un puerto muy activo, playas y una tonalidad azul cambiante aunque le falte el toque de salitre