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29 6 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN La fuerza de Churchill y Reagan Imaginación, visión, resolución e independencia de carácter y pensamiento son los rasgos que, según Steven Hayward, unen a Churchill y Reagan, dos líderes en apariencia muy distintos, pero unidos por una misma grandeza. Dos luchadores que combatieron el totalitarismo y se convirtieron en símbolo de resistencia sin perder su inmensa y cálida humanidad inston Churchill y Ronald Reagan no eran idénticos: no existen dos personas que lo sean, ni siquiera los gemelos. Había notables diferencias en su política, en su personalidad y en su intelecto. Para empezar, Churchill prefería los demócratas a los republicanos en la política de Estados Unidos, aunque sin duda le habría atraído el ex demócrata Reagan. Churchill era más entusiasta del Estado del bienestar que Reagan; por ejemplo, prestó su apoyo a la creación de un programa de nacionalización de la sanidad, algo que era anatema para Reagan. Churchill fue siempre un hombre de Estado de primera categoría, que ocupó en un momento u otro de su vida todos los cargos gubernamentales importantes excepto el de ministro de Exteriores. Escribió, además, voluminosas obras históricas, culminando sus aspiraciones a la preeminencia literaria con la concesión del premio Nobel de literatura en 1953. Reagan es repetidamente descalificado como sólo un actor- -un actor de películas de serie B- -durante la mayoría de su vida, que se dedicó a la política como segunda profesión después de cumplidos los cincuenta años. Pero detengámonos un momento. Muchas de estas diferencias empiezan a desvanecerse si se observan más de cerca, y empiezan a predominar en la comparación aspectos similares en sus vidas. Por ejemplo, amigos y críticos de Churchill le dijeron en más de una ocasión: Winston: has equivocado la vocación de tu vida. ¡Tendrías que haber sido actor! David Lloyd George, amigo y aliado de Churchill, decía en una carta de 1907 que Churchill es igual que un actor: le gustan las luces de candilejas El propio Churchill comparó una vez su vida a una película interminable en que uno era el actor mientras que el presidente Reagan aludió en una ocasión a este aspecto de la vida de Churchill, declarando en Londres en 1984: Hay quien dice que, W Título: Grandeza. Reagan y Churchill dos líderes extraordinarios Autor: Steven F. Hayward Editorial: Gota a gota Páginas: 208 Precio: 20 Euros de haberlo deseado, podría haber sido un gran actor de carácter Un dato poco conocido sobre Churchill es que, en efecto, probó a escribir guiones cinematográficos brevemente en el año 1934, y que fue además uno de los primeros asesores del proyecto fílmico que acabó siendo la película de David Lean, Lawrence de Arabia. En 1929 Churchill visitó varios estudios de Hollywood donde, como invitado de MGM, hizo cierta amistad con Charles Chaplin. Posteriormente, éste le visitó en el Reino Unido, con la idea de que sería ideal para el papel del joven Napoleón. Cuando Churchill sufrió una quiebra personal a finales de los años treinta, una de sus ideas para restablecer sus finanzas fue abandonar la política y dedicarse a escribir guiones en Hollywood. Steven F. Hayward Ensayista, doctor en Estudios Americanos Aficionados a los western Como Reagan, Churchill veía películas con frecuencia para descansar de las tensiones de sus altos cargos. Le gustaban los westerns norteamericanos- -el género favorito de Reagan- -aunque no se sabe si vio alguna película de este último. Se dice que había visto diecisiete veces Lady Hamilton, una película de 1941 en que eran protagonistas Lawrence Olivier y Vivian Leigh. Poco antes de dejar la presidencia en 1989, Reagan le comentó a David Brinkley: No sé cómo se puede hacer este trabajo sin ser actor Como Reagan, Churchill conocía bien los aspectos teatrales y escénicos de la vida política. Del mismo modo que Churchill tenía cierta afinidad con la profesión primera de Reagan, éste, se- Lloyd George decía de Churchill que es igual que un actor: le gustan las luces de candilejas El mismo comparaba su vida con una película en la que uno es el actor Ambos eran aficionados al trabajo enérgico al aire libre. Churchill levantó con sus manos un gran muro en Chartwell... Reagan construyó largas vallas en su rancho gún se ha sabido ahora, compartía en alguna medida las inclinaciones literarias de Churchill. Así, escribió relatos breves y poemas en su juventud y más recientemente se ha demostrado que la producción escrita del Reagan maduro- -durante mucho tiempo tenida por obra de escritores a sueldo- -era de su propia mano, y en cantidad es comparable al prodigioso volumen de escritos de Churchill, si bien a lo largo de un periodo de tiempo más breve. Reagan no se enfrentaba a la destrucción inminente del país cuando accedió al cargo en 1981, aunque heredó una crisis económica, un talante nacional pesimista y el temor de que Estados Unidos hubiera iniciado una decadencia irreversible. El rechazo de este ánimo decadentista, perfectamente expresado en el famoso discurso sobre la crisis de confianza (o malaise) de su predecesor, Jimmy Carter, en 1979, fue la verdadera piedra angular de la campaña de 1980 de Reagan. Éste apuntó directamente contra la idea de que han concluido los buenos tiempos en Estados Unidos, que nuestro país ha pasado ya su cenit Conciudadanos, yo niego rotundamente esa opinión Y volvió sobre este tema en sus primeros momentos en la presidencia: Somos una nación demasiado grande- -dijo en su discurso de investidura- -para ceñirnos a sueños pequeños. No estamos condenados, como algunos quieren hacernos creer, a una decadencia inevitable Había evidencia tangible de que la gente empezaba a sentirse más optimista con Reagan. Las semejanzas en el estilo de preparar los discursos y el impresionante efecto que causaron a través de ellos no son más que el comienzo de una serie de paralelos y coincidencias que trazan una línea de conexión entre dos vidas muy diferentes. La comparación entre Reagan y Churchill se desarrolla en tres etapas. Empieza con lo superficial, con similitudes que parecen simplemente triviales o irrelevantes para su