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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE na parte de sus palafitos construidos sobre la misma playa. Gracias a la ayuda de organizaciones como Cáritas, comunidades como la que lidera el pescador Arun Kla Tha Lae, de 30 años y dos hijos, confeso seguidor del Manchester United, han hecho una maniobra de 180 grados. De sus viejas cabañas no queda ni rastro. Han levantado su nueva aldea de Theparat: 40 casas en torno a una calle mayor bajo el aliento protector de una montaña. Se acabó el subir y bajar escaleras a diario. El mar, y su sustento, pero también su amenaza, quedan más lejos. No importa. Vivimos mejor Las casas, con agua corriente y luz eléctrica, aisladas de la humedad, soleadas y sólidas, hablan de otra época en la historia de este pueblo legendario. La contaminación del mar y los costes prohibitivos del combustible también han hecho mella en los hábitos de los moken. Ahora han de recorrer ocho kilómetros hasta el mercado de Karabudi para vender sus capturas (si antes del tsunami sus nasas atraían a un centenar de bogavantes por jornada, hoy apenas suman una docena) y aunque se ve una moto aparcada ante cada casita pintada de azul, muchos moken han encontrado nuevas ocupaciones en las plantaciones de caucho o en la construcción. Ayudamos a todos sin distinción de credo religioso ni ningún tipo de discriminación dice el padre Suwat, director de Cáritas diócesis de Sarathami, de la que depende Theparat. En Tailandia los católicos son una minoría que apenas llega al 0,5 de la población, pero la Iglesia desarrolla una importante labor social que llega a los últimos y goza de prestigio. Cuando llegó el tsunami lo perdimos todo, pero ahora vivimos en estas casas que son mucho mejores que las que teníamos, y la escuela y el dispensario están más cerca dice Arun, que redondea sus ingresos de pescador con los representante de su comunidad en el municipio, lo que le reporta una pequeña fortuna (para los índices locales) 4.900 bahts mensuales (unos 10 euros) Para comprobar cómo vivían los moken hay que volver a Takua Pa. Allí se ha construido el museo de los gitanos (si bien con menos ciencia que mitología) y sobre todo se alzan todavía palafitos de madera, muy cerca del mar manso y amenazante. La recién estrenada Wonderful town que ha granjeado al cineasta tailandés Aditya Assarat varios galardones, indaga en los estragos más profundos del tsunami en el alma de los habitantes de Takua Pa. No sólo el miedo que ahora suscita el mar entre los moken y otros habitantes de Phang Nga y Menos bogavantes A Tilhinad, de 1 año, de la aldea de Thung Yai, provincia tailandesa de Phang Nga, tuvieron que fabricarle el paladar. Nació sin él rismo que por los gitanos del mar, una tribu dispersa por 15 provincias del sur tailandés. Wanpen Sompan, una joven viuda de 31 años, es, sin saberlo, un emblema de la nueva Tailandia. Enferma de sida que le contagió su marido, muerto como su único hijo por una epidemia que se ha cobrado ya cerca de 100.000 vidas. Wanpen es un rostro real en los 332.178 infectados que reconoce el Gobierno de Bangkok. Pero no sólo no oculta su enfermedad, sino que la combate con éxito. Se ha convertido en monitora y enfermera con el apoyo de los Camilos. Ahora dedica todo su tiempo y sus recobradas energías a educar a otros, y tiene un novio que conoce su biografía: Para empezar a curarte tienes que ser clara y sincera. Tienes que mantener el control toda tu vida dice con calma mirándote a los ojos. Ella forma parte de los benéficos efectos colaterales del maremoto. Casos como el suyo encontraron cauce y solución gracias a la ayuda internacional que prestan organizaciones como Cáritas. Los Camilos han puesto en marcha un sistema de ambulancias y visitas a domicilio que permitió por ejemplo construirle un paladar a la niña Tilhindad, de un año, o que Boonlua Madiianim, leproso de 60 años abandonado a su suerte en la aldea de Bang Lang, empezara a recibir tratamiento y haya puesto coto al avance de su mal. Como los moken, ellos disfrutan ahora de una vida mejor. Un bien que paradójicamente aparejó el mal. En caso de maremoto, corra hacia las tierras altas Aviso en Takua Pa Phuket, sino cómo la reconstrucción del alma resulta a veces mucho más ardua que la de las casas. El filme, que destila su leve trama con una lentitud budista, narra una sutil historia de amor que termina trágicamente. Tras el mazazo del maremoto, se empezaron a paliar otros olvidos. Congregaciones religiosas como la de los padres Camilos, con el respaldo financiero de organizaciones no gubernamentales como Cáritas Española, han ayudado a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos en esta remota región de Tailandia más conocida por el tu- ASIA Khao Lak Thai Mueng Khok Kloi Isla Yao Yoi Phuket TAILANDIA Phang Nga Takua Pa N