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29 6 08 EN PORTADA Los mejores quieren ganar dinero en la empresa privada y no meterse en la grilla política (Viene de la página anterior) González Un ex presidente estorba mente Bush es el presidente que va a dejar la presidencia con menos apoyo de opinión pública, desde la Segunda Guerra Mundial. No crea que estoy haciendo una aproximación ideológica. Pero le digo que yo no he conocido una administración más torpe en Estados Unidos que la actual. Y lo lamento. No me da ninguna alegría decirlo. El otro día en Jordania, a un grupo de estudiantes muy destacados se me ocurrió decirles esto mismo; y arrancaron todos a aplaudir. Y pregunté: ¿por qué se ponen tan contentos, si los errores que comete la administración americana sobre todo los pagan ustedes? Lo que nos vendría bien a todos es que acertaran. -Centrándonos en la mala imagen de nuestros políticos, tal vez si tuvieran que responder ante sus votantes y no ante su partido, mejoraría la situación... ¿Usted suprimiría las listas cerradas en las elecciones? -Sí. El ciudadano debe tener derecho a tachar de la lista al que le estorbe... eso acabaría con parte de la endogamia de los partidos. Estoy en contra de los criterios de selección de candidatos. ¿Suprimiría también la disciplina de partido? -No. Nuestro sistema no aguantaría una indisciplina continuada. El que no haya disciplina de partido puede significar que los votos se compren y se vendan en el mercado. Uno podría rebelarse por indisciplina, cuando lo que se propone es contrario a lo que se ha comprometido a hacer; pero si no, lo más probable es que alguien le esté haciendo una oferta que no puede rechazar. -Eso refleja un pésimo concepto de la raza humana, o de los políticos en concreto. -No. Mire, la política da todas las notas: desde las más bajas, a las más sublimes del ser humano. Por tanto, en ese espacio también se puede ver lo mejor y lo peor. Los ciudadanos dicen que los políticos son todos unos aprovechados, y que sólo procuran vivir bien a costa de la gente... pero tantas ventajas no ofrecerá esto cuando tenemos un problema creciente de selección de los mejores. Porque los mejores quieren ganar dinero en la empresa privada y no meterse en la grilla política. Aunque ésta no es la auténtica razón de fondo... La crisis de la política se ha instalado en todo el mundo. El viejo Kissinger me decía: Mira, lo que más me preocupa es la pérdida sustancial del debate de las ideas consistentes... Hemos convertido esto en un circo de eslogan, mezclado con apelaciones al todopoderoso que nos protege... Esto es la muerte de la política Y es verdad, al mismo Dios que apela Bush, apela Bin Laden. La crisis se aceleró a partir de la caída del muro de Berlín; porque la política pierde la credibilidad, cuando no hay un enemigo de referencia al que poder atribuirle las malas circunstancias. Se impuso entonces la teoría de que el mercado lo arreglaría todo. Y lo importante era que Rusia y los países del este se abrieran a la economía de mercado; daba igual cómo, porque la democracia vendría sola. Bueno, pues estamos pagando las consecuencias de esa banalidad estúpida. Yo que he sido defensor del mercado a contra- El ciudadano debe tener derecho a tachar de las listas electorales al que le estorbe... eso acabaría con parte de la endogamia de los partidos corriente de las ideas de la tribu a la que pertenezco, comprendo que el mercado no lo arregla todo. Estamos atravesando una crisis de valor que me preocupa, con una política que persigue excesivamente lo inmediato y dependiente del último sondeo. -Y de la proximidad de las elecciones. -Dicen que los estadistas piensan en la siguiente generación y los políticos en las próximas elecciones. Pero yo creo que los políticos tienen que pensar en las siguientes generaciones, sin olvidar las próximas elecciones. Esos son los buenos políticos. Pensar en las siguientes generaciones no sirve para nada, si no ganas. Esto les ocurre a los que tienen vocación minoritaria, vocación que yo nunca tuve: Inventan el futuro para que los demás gobiernen el presente; un presente que resulta siempre más delicado y más molesto. ¿Y por qué, cuando se acercan las elecciones, se hacen promesas que no se van a cumplir? -Vamos a ver. Si algo hay que reprocharle al gobierno de Zapatero- -e imagínese que es un gambito lo que hago- -es que ha cumplido su programa electoral- -se ríe, divertido- en mayor medida que ningún gobierno de los que conozco. Ha sido en eso bien tenaz y bien tozudo. Esto he dicho que iba a hacer, y lo hago A lo que dé lugar. La secretaria ha entrado inquieta un par de veces a acelerar el final. Hemos pasado de la media hora concedida a las dos horas de conversación sin pausa. Felipe González ha resistido a base de habanos y de una paciencia ejemplar. -Bueno. Comprenderá, Sr. González, que tendré que cortar parte de esta entrevista, resumir alguna de sus respuestas- -Claro. Puede usted hacer libremente lo que quiera... Aunque espero que no me trate mal. Me ha faltado hacerle la pregunta inútil: ¿Qué piensa usted de Zapatero? Porque continuamente oyes que Felipe en la intimidad y con sus amigos, ha dicho que... Pero me acaba de conocer y además tenemos una grabadora por en medio. Al final, ya fuera del despacho, me decido. -Por cierto, no le he preguntado su opinión sobre el señor Zapatero... Aunque, tampoco me lo iba a contar... ¡Claro que sí! Yo tengo de él muy buen concepto. Además- -cabecea con gesto convincente- yo le aprecio mucho. Mucho. -Y no le ve ningún defecto, por supuesto. -Sí- -se ríe- Las cejas. Y forma con las manos el acento circunflejo. ¡Vaya por Dios! Es que nadie es perfecto.