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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE también soy libre para callarme. -Usted prefiere llamar a las cosas por su nombre... y a la crisis, crisis. -Sí. Pero vamos a ver: aparte de los debates terminológicos, que son absurdos, yo no quiero ser ni un optimista profesional ni un pesimista... Yo digo que soy un optimista escarmentado. Creo que los problemas tienen solución pero hay que definirlos por su nombre. En recesión no estamos. Ahora, entre llamarle a esto profunda desaceleración o crisis, me da igual; porque la crisis tiene un calado más profundo: la pérdida de competitividad de la economía española, y de gran parte de la economía europea, por razones de fondo que afloran más cuando baja el crecimiento y disminuye el consumo; pero la pérdida de competitividad es permanente. Y viene de atrás, y si no se enfrenta va a durar. Ésa es la parte de la crisis que me preocupa. ¿Tenemos ventajas relativas respecto de otros... Sí: un mejor sistema financiero... Pero otros tienen mejor balanza comercial y están menos afectados por la crisis del ladrillo. Y optimizar las ventajas y reducir al mínimo las desventajas, es la obligación de todo líder en un momento de crisis. -Y también tenemos el inconveniente de la dependencia de la energía. ¿No? -Sí. Pero sobre todo porque no queremos abrir el debate a futuro de la energía nuclear. -O sea que usted cree que tenemos agua suficiente para refrigerar los reactores... -Ése no es el problema, de verdad. Pero yo fui quien hizo la moratoria nuclear personalmente. Acertada o equivocadamente. Y lo hice por dos razones: porque no tenía seguridad en la tecnología que empleábamos; y sobre todo, no sabía qué íbamos a hacer con los residuos nucleares y el legado que íbamos a dejar a las siguientes generaciones. Ahora la seguridad ha aumentado claramente; y en Ginebra, además, han culminado ya la investigación sobre la eliminación de residuos. Había que dar tiempo al tiempo. Por eso hice una moratoria. ¿Hoy se lo replantearía? -Totalmente. Lo estoy replanteando. Y cuando alguien del gobierno me dice que está en contra de la energía nuclear, le contesto: Pues si es en serio, no se la compres a los franceses ¿Qué tal nos va en política exterior? ¿También habría que replantearla? -Verá. Yo definí la política exterior de España en diez puntos que llamaron el decálogo y que tuvo el apoyo del noventa y dos por ciento del Parlamento. Un consenso que la fortaleció mucho. Eso, desgraciadamente, se quebró a partir de mi salida del gobierno. Y se cambió la dimensión de centralidad europea de nuestra política exterior a una excesiva excentralidad atlántica. El eje de nuestra política exterior pasó a ser Londres y Washington; incluso con la revisión del acuerdo bilateral que tanto me costó negociar con Reagan. Es decir, cambiaron nuestras prioridades. Y recomponer el espacio perdido cuesta mucho. La política exterior es como una cucaña, uno va subiendo lentamente por ella, pero cuando se resbala, cuesta el doble volver a subir. Se está intentando recuperar y creo que tiene que haber más compromiso de la Presidencia del Gobierno con la política exterior, para reforzarla. Creo que lo habrá en este período. -Pues hay expertos que dicen que nuestra política exterior actual, más que en la centralidad europea, está en la marginalidad europea. Sin embargo, coinciden en que a partir de usted, y luego con el Sr. Aznar, España volvió a recuperar su papel en el mundo... Parece que a usted no le afectó para nada que Ronald Reagan fuera republicano. -Sí... Vamos a ver. Aquellas relaciones no fueron tan fáciles como uno puede creer. El debate con Es- Me impacientaban las decisiones que se tomaban entonces y ahora. Me impacientaba con el gobierno de Aznar. Me impacientaba con el gobierno de Zapatero Cuando alguien del gobierno me dice que está en contra de la energía nuclear, le digo: Pues no se la compres a los franceses Yo me replantearía la moratoria nuclear tados Unidos costó bastantes años ordenarlo. Me costó con Reagan y con el viejo Bush. Pero al final se generó una relación de confianza que permitió cambiar el tratado, sacarlos de Torrejón, recuperar la soberanía sobre las bases... mil cosas. Y dejar claro que no podía haber lo que ahora hay: vuelos de la CIA que no controla nadie. Se lo digo sólo en passant -Incluso con el Vaticano... tuvo buenas relaciones. -Sí. Magníficas relaciones. Con el Vaticano fueron muy buenas porque no discutíamos de temas teológicos. -Y respecto a la política territorial, usted comentó en una entrevista que estaba siendo irresponsable. -Nunca he dicho irresponsable. A veces olvido lo que digo. Pero me acuerdo perfectamente de lo que no digo. Hace mes y medio he defendido en un artículo que, cuando empecemos a remontar esta crisis, habrá que negociar las nuevas transferencias a las comunidades autónomas. Y el otro día, me riñó Pujol: Estoy muy enfadado contigo, porque ¿cómo vamos a aplazar ahora la negociación? -Usted dijo que la alta abstención en la reforma de los estatutos demostraba el poco interés de los ciudadanos en ese tema. -Yo dije, en un seminario sobre la descentralización política en Chile, que el fenómeno de la globalización es una tendencia que pone en crisis la idea del Estado Nación. Y la crisis tiene dos caminos: hacia abajo, dando más poder al ámbito local; y hacia arriba con más poder a lo supranacional. Pero también dije entonces, descentralizar no es lo mismo que centrifugar. No depende de la cantidad de competencias que se transfieran; sino de la cualidad. Le pondré un ejemplo: si se transfieren las competencias de la lucha contra el fuego, las comunidades serán responsables de esa lucha. Pero el puñetero fuego no se para en el límite de la comunidad; le da igual. No se para ni en el límite de la frontera hispanoportuguesa. Luego lo único inteligente es que haya un mecanismo de competencias coordinadas, para que cuando se produzca una situación de riesgo, funcione automáticamente y sin conflictos. Le diría lo mismo de la fiscalidad. Cuando vi la negociación que hizo un tipo inteligente como Rodrigo Rato, y vi que le daban a las Autonomías la competencia sobre los impuestos básicos, pensé: si pedimos la armonización fiscal de Europa en los impuestos básicos, ¿cómo vamos a admitir la distorsión en nuestro mercado interno, cediendo la autonomía normativa? ¿El problema es únicamente de transferencia de competencias... o ya se trata de algo más? -Vamos a ver: lo que ha pasado en la última legislatura, lo de España se rompe es absolutamente impropio de la democracia casi madura que vamos teniendo. Es un discurso irresponsable que ha producido una fractura social entre los ciudadanos. -Pero ¿algunos tienen la intención de que termine rompiéndose? -Eso forma parte del juego democrático. Y mientras que no lo hagan violentamente, que hagan lo que quieran. España puede resistir perfectamente ese tipo de fenómenos. Lo que no podemos es alimentarlos por razones estrictamente partidistas. ¿Usted está a favor o en contra de que España se transforme en un Estado Confederal? -No. Me parece absurdo e inútil. No hay ninguna hipótesis posible de Confederación a la suiza. -Manuel Marín dijo: Somos una de las raras democracias que aceptan dentro de su Parlamento a gentes que no creen en esa institución... ¿Utilizan entonces indebidamente nuestra ley electoral? -Utilizan lo que está en su mano utilizar. Y la responsabilidad de los partidos es que tuvieran áreas de consenso suficiente para no consentirlo. No voy a ir más lejos. Pero eso sería bastante. Aunque sí habría que hacer algunas modificaciones en la ley electoral. Lo he discutido a veces con mis compañeros; con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, por ejemplo. Tenemos el país que tenemos. Y gobernar el espacio público es algo más que una gestión burocrática. Es un arte que debe combinar la pluralidad de las ideas, que no coincide; debe combinar la diversidad de sentimientos de pertenencia, que son evidentes; y debe combinar la contradicción de intereses. Y de todo eso hay que hacer un proyecto que importe a todos. -Me gustaría hablar de algo que me sorprende: ¿Por qué en España tienen tan mala imagen los políticos? -Y en el resto del mundo. ¿Quién tiene la culpa? ¡Hombre! imagínese: segura (Pasa a la página siguiente)