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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Agenda Accesos. Para llegar a Estoril y Cascaes (a 20 km. de Lisboa) lo mejor es tomar el tren en la misma capital. También hay autobuses que nos acercan a todas estas localidades y al Cabo da Roca. En coche, la carretera bordea gran parte de la costa. Alojamientos. Abundan a lo largo de la costa, pero el más bello es sin duda Penha Longa, entre Cascaes y Sintra, en medio de la Sierra de Sintra, un antiguo monasterio que fue también palacio donde veraneaban los reyes portugueses www. penhalonga. com Para comer. En Guincho está Muxacho frente al mar, una famosa marisquería que fue el lugar elegido para el banquete de la petición de mano de Doña Sofía y Don Juan Carlos. La Rua de las Flores en Cascaes está llena de restaurantes. Los hay en cualquier lugar de la costa, especializados sobre todo en pescado y marisco. Acantilados en la Boca do Inferno ruge el mar y las olas amenazan con llevarnos con ellas al abismo Boca do Inferno POR CÉSAR JUSTEL El Finisterre portugués Donde el Atlántico despliega su furia. Acantilados, playas salvajes y el recuerdo del inmortal Pessoa, que por aquí paseaba su elegante nostalgia. Al lado de casa, muy cerca de Lisboa, una naturaleza espectacular. Más al sur, Estoril y Cascaes, para quienes busquen una oferta más tranquila Aquí... onde a terra se acaba e o mar começa sus calles en cuesta, muchas de ellas sin salida. La principal sube hasta un restaurante- mirador para turistas desde el que se contempla el mar y donde siempre hay algún pintor ante el soberbio paisaje. Abajo, al lado de una pequeña playa, se ha construido una enorme piscina protegida del mar por rocas y, en las afueras, se extienden antiguas quintas decoradas con típicos azulejos portugueses. Las azenhas (molinos de agua) que dieron nombre al pueblo, son hoy piscinas bañadas por las aguas del mar. Cerca, rodeado de viñedos, queda Colares, de donde dicen que es el mejor vino portugués. Estamos a sólo 46 kilómetros de Lisboa pero es mejor volver por la costa. Dejamos el Cabo da Roca, pasamos Malveira y la desviación a Sintra y sus palacios, y salimos al mar en Guincho. Aquí la playa es peligrosa por sus corrientes y por la fuerte resaca, pero es también el lugar elegido por los aficionados al windsurf. La playa más bella, y a la vez más desconocida, es la de Abano (no confundir con la que está al lado del restaurante) a la que se llega por un camino en no muy buen estado. Nos encontramos en el tramo más espectacular de esta costa: en la llamada Boca do Inferno. El lugar debe su nombre a los rugidos que arrancan las olas al estrellarse contra los acantilados. No hay que confiarse. Hay una protección de madera pero las aguas a veces consiguen llegar hasta arriba y mojar a los sorprendidos visitantes. Aquí te cuentan cómo hace años una de ellas se llevo a varios turistas. Junto al mirador una placa recuerda el curioso episodio de la relación entre el escritor y poeta Fernando Pessoa (ahora se conmemora el 120 aniversario de su nacimiento) y el mago y ocultista inglés Aleister Crowley, que simuló su suicidio precisamente en este lugar. El Estado portu- E stos versos de Camoens están grabados en el gran monolito de piedra que indica que estamos en la punta más occidental del continente europeo: el Cabo da Roca, del que se dice que es la nariz de Europa El faro se construyó en 1772 y una balaustrada de madera nos protege del vértigo de los acantilados y del furioso mar que golpea incansable, cuya espuma intenta subir hasta el asombrado turista. Una pequeña carretera que pasa por Azoia, lugar de buenos restaurantes, lleva hasta la N- 247 que rodea esta costa. Pero antes de comenzar el recorrido hacia el sur conviene acercarse hasta Azenhas do Mar, encantador pueblecito colgado sobre un gran acantilado, con gués intenta durante estos días conseguir la documentación de tan insólita amistad junto a otros materiales inéditos que los descendientes de Pessoa quieren sacar a pública subasta. Continuamos nuestro camino, y, tras pasar el Cabo Raso, llegamos a Cascais. Es un pueblo histórico donde todavía recuerdan que su gobernador fue ejecutado públicamente en la plaza por enfrentarse a las tropas del duque de Alba. Cascais fue un pueblo de pescadores hasta que el turismo llenó sus playas. Aún la frecuentan las barcas de pesca, aunque ahora el pescado se subasta en una inmensa lonja junto a la playa. Durante los años treinta el lugar fue descubierto por artistas que compraron o alquilaron las casas de campo de los alrededores. El casco antiguo conserva su encanto y sus antiguas murallas. De Cascais era Afonso Sanches, de quien se dice que descubrió América diez años antes de Colón y que se alojó en su casa de Porto Santo (Madeira) al volver de su viaje; antes de morir le habría dado al futuro almirante todos los datos. Aunque los onubenses insisten en que era de Huelva, y en que se llamaba Alfonso Sánchez; por algo le han levantado una estatua en la misma Huelva. Paseando por el malecón se llega hasta Estoril, localidad más conocida pero peor conservada, en la que destaca, en el centro y junto al mar, su famoso casino rodeado de jardines y su castillo. Hacia la montaña se ven casas medio escondidas entre la vegetación entre las que destacan las jacarandas de color azul violeta.