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22 6 08 VIAJES Kerala El país del dios elefante Unos sirven en los templos hinduistas. Otros son salvajes. Los hay que trabajan en el transporte de mercancías o turistas, pero el paquidermo de mayor rango es Sri Padmanabhan, un Ganesa redivivo POR FERNANDO PASTRANO FOTOS: PILAR ARCOS E s la viva imagen del relajo, la pachorra, el ahí me las den todas. Cinco mil kilos de paquidermo abandonados en las verdes y someras aguas de un estanque. Hasta cuatro cuidadores a la vez frotan su piel con cáscaras de coco para que no quede ni una sola impureza. A un gri- Turistas indios suben a lomos de un elefante enjaezado junto al lago Madupetty to específico Sri Padmanabhan (Honorable del Ombligo de Loto) que ese es su nombre, estira la pata... para que se la rasquen. Uno le cepilla la oreja. Los ojos entornados; la trompa hecha un churro flácido; un colmillo reluce al sol tropical. Ni una carie. Si pudiera hablar diría: ¡Qué gustito! Pero el elefante no habla, de pequeños nos enseñaron en las viejas escuelas que barrita, y este no está para tales menesteres, a lo sumo ronca indolente. Es uno de los 65 elefantes del templo de Guruvayur, en Kerala, suroeste de la India. ¡Qué digo uno! El Honorable es el patriarca del convento. Llegó allí desde su selva natal de Nilambur en 1954 y en poco tiempo pasó a ser el líder, sobre todo después de que en 2004, en una sola procesión, consiguiera limosnas por valor de más de 33.000 euros. Cuando esté completamente acicalado volverá a ser enjaezado y portará el thidambu el trono dorado del dios Krishna. No se puede aspirar a más. El templo de Guruvayur dedicado a la divinidad Guruvayurappan, una advocación de Visnú, es el lugar favorito de los hinduistas para casarse- -se han llegado a celebrar hasta cien bodas en un sólo día- -y para una visita dominguera a su aanakkotta literalmente albergue de elefantes Se trata de un recinto de unas cuatro hectáreas, antiguo palacio comprado por el templo en 1975, en el que hoy viven a cuerpo de rajá 65 elefantes que son utilizados en ceremonias religiosas. La apariencia es de un zoo muy cuidado por el que hay que pagar una entrada simbólica de 5 rupias. El paseo por los jardines del antiguo palacio es muy agradable. Elefantes por todas partes, sólo elefantes, algunos aparente- mente sueltos, otros recluidos en su casas, comiendo, algunos en el baño, pero todos sujetos con cadenas- -sus enfados son espectaculares y a veces mortíferos- -y siempre atendidos por su mahout cuidador- conductor. Algunos turistas locales buscan en el suelo pelos caídos de la cola de algún paquidermo, aunque está prohibido cogerlos. Dicen que traen suerte. Pero no es fácil. No me extrañaría que en malayalam (palíndromo que designa a la lengua de Kerala) se hubiera acuñado la frase Es más difícil que encontrar un pelo de elefante en un aanakkotta Puedo atestiguarlo. En Kerala hay elefantes de toda condición. Unos, como los señoritos de Guruvayur tienen rango elevado y costumbres refinadas, otros, los menos, son salvajes. Pelos de la cola