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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Macondo, Madrid, Atenas o se preocupen que no les voy a hablar de una nueva película de Woody Allen pese al título de la crónica, que bien podría recordar el de la itinerante última película del excéntrico director neoyorquino. Quiero tratar de tres capitales- -una imaginaria, las otras no- -que competen especialmente al protagonista de estas líneas dedicadas al último libro editado en nuestro país del escritor y traductor rumano Víctor Ivanovici. Este profesor, licenciado en Lenguas Romances, Clásicas y Orientales por la Universidad de Bucarest, y postgraduado en la Universidad de Málaga bajo la dirección del catedrático Manuel Alvar, se doctoró por la Universidad de Cluj (en Rumanía) con una tesis sobre la obra de Gabriel García Márquez al que ha dedicado gran parte de su labor docente. Actualmente enseña Literatura Hispánica en la Universidad de Salónica y Traductología (Crítica y Metodología de la Traducción) en la Universidad de Atenas, razón por la cual he hablado de este triángulo de capitales. Todo este paseo curricular, abrumador- -y yo no le tengo especiales simpatías al mundo académico- viene a introducir la cuestión de cuánto le debe a la labor de estudiosos- -tanto más a los que provienen de otras lenguas- -el engrandecimiento de nuestro idioma y literatura. Más ahora, en el momento en el que el español y sus letras han alcanzado cotas de hablantes impensables hace años, en países tan proteccionistas del inglés como EE. UU. Recién concluida la Feria del Libro de Madrid, con la misma dosis de hartazgo que de regocijo, dedicada en esta ocasión precisamente a Latinoamérica, no quería dejar la ocasión de recomendar vivamente un ensa- N yo de Ivanovici sobre la obra de García Márquez, distinguido el pasado año con el VII Premio internacional Sial de Ensayo, con un jurado compuesto por Alicia Mariño, Luis Alberto de Cuenca, Carlos Alvar, José María Paz Gago, José Manuel Lucía Megías, Eduardo Calvo, Fernando Martínez Laínez, José Ramón Trujillo y Basilio Rodríguez Cañada, de entre un total de 103 obras presentadas, procedentes de Uruguay, Argentina, Chile, Cuba, Italia, Grecia, Estados Unidos, Túnez y España. Bajo el título Gabriel García Márquez y su reino de Macondo Ivanovici desgrana sus amplios conocimientos sobre la obra de Gabo en la que sorprende cómo el llamado realismo mágico tiene más de realismo que de mágico, demostrando que muchos de los referentes supuestamente maravillosos corresponden a realidades o tradiciones perfectamente contrastables de la infancia, juventud o vivencias del autor. En Gabriel García Márquez y su reino de Macondo el jurado valoró la labor interpretativa de la obra... aportando luz sobre muchos aspectos de su literatura que nacen a la sombra de retazos de su propia biografía Se destacó el profundo conocimiento que demuestra Víctor Ivanovici del universo imaginario del autor de Cien años de soledad y su capacidad para sintetizar en este ensayo los aspectos más íntimamente relacionados entre su vida, el mundo de la infancia, los antepasados y su propia obra. Un estudio de corte divulgativo, válido tanto para especialistas y estudiosos como curioso y útil para una gran mayoría de lectores. Aunque a veces Ivanovici no pueda abandonar el tono profesoral, por algo lo es, el libro desgrana toda una estructura novelística y de pensamiento creativo de García Márquez seria y apasionada, que redunda en lo referencial del autor a lo vivido y, por otra parte, también a las fuentes de donde no se puede desligar su amor por los clásicos grecolatinos, con especial predilección imitativa de Homero. A Ivanovici el amor por la literatura hispanoamericana le viene no sólo por conocimiento, sino también por amor a una hispanohablante, su culta mujer, Susana, a la que los escritores españoles debemos parte del interés del estudioso por nuestras letras. En cualquier caso, este libro es una obra de peso, que se convertirá en imprescindible referencia de estudio para los que gustan en literatura del grano y no de la paja- -en el ojo ajeno o en el propio- tan comunes en el mundo literario del hoy, y en especial por los fascinados por el mundo macondiano del colombiano universal, que somos casi todos. LORENZO BERNALDO DE QUIRÓS Economía Esperando a Godot l gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, lanzó a comienzos de la semana una batería de sugerencias para combatir la crisis. Su pronunciamiento constituye una reprimenda a la pasividad de su antiguo jefe, el vicepresidente Solbes, a quien comienza a conocerse en los ámbitos económicos con el apelativo asignado a José Antonio en la guerra civil, El Ausente El gabinete socialista no hace nada para enfrentar una situación pre recesiva ni para que la economía salga de ella lo antes posible. Su filosofía es una resurrección de aquella doctrina decimonónica conocida como nihilismo terapéutico que llamaba a la inacción porque era inútil resistir a las fuerzas del destino y, aunque se las resistiese, no servía para nada. El PSOE ha hecho suyo ese viejo lema según el cual la mejor política económica es la que no existe. Con su talante alegre y confiado, Zapatero sigue empeñado en negar la realidad y rebate la tesis ordoñista sobre la insostenibilidad del sistema de pensiones si no se introducen cambios profundos. La expansión del período 1996- 2007 permitió camuflar, no eliminar, el problema. La tasa de envejecimiento de la población es la más alta de la OCDE y los flujos migratorios recibidos por España no resuelven la cuestión de fondo. Por un lado, los inmigrantes también se jubilarán y, por otro, sus aportaciones a la Seguridad Social son menores que el coste de las pensiones devengadas porque también lo son sus salarios. Cada vez menos trabajadores activos deberán financiar a más jubilados. Esto lleva bien a la quiebra del sistema bien a recortar las prestaciones por retiro bien a subir los impuestos a quienes traba- E jan. Cualquiera de esos escenarios plantea un horizonte de grandes déficit presupuestarios y un menor potencial de crecimiento económico porque los pensionistas no ahorran y los activos tendrán serias dificultades para hacerlo, como ha demostrado el gran Martin Feldstein. En el tema migratorio, el Ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha anunciado un medida surrealista y anti económica: incentivar la salida del país de los inmigrantes en paro, esto es de los que tienen permiso de trabajo. ¡Hombre, Sr. ministro, parecería más inteligente y justo concentrarse en atacar la inmigración ilegal! Es increíble que se pretenda sacar del país a quienes han mostrado mayor disposición a integrarse en su vida económica y social, salvo que se trate de una chapucera maniobra para maquillar las cifras de paro mediante el artificio de sacar de España a un colectivo de desempleados, los trabajadores extranjeros... la imaginación el poder. Para más inri, el éxito de la acción de Corbacho tendría un efecto inesperado y contraproducente: los inmigrantes no se gastarán su dinero en España lo que contribuye a acentuar la contracción del consumo privado que ya va de capa caída. Un caso paradigmático de la Ley de las Consecuencias no Queridas. La crisis está mostrando algo inédito que refleja su gravedad. Con el consumo y la inversión privada cayendo a plomo, los desequilibrios macroeconómicos no sólo no disminuyen sino que aumentan. La inflación y el déficit exterior prosiguen su carrera alcista pese al hundimiento de la demanda interna, lo que plantea una pregunta estremecedora: ¿Cuánto tendrá que reducirse aquélla para que las presiones inflacionarias cedan y el agujero de la balanza de pagos por cuenta corriente se recorte? Olivier Blanchard considera que la imperiosa necesidad de corregir esos dos desajustes hace inevitable una recesión en 2009 y un dilatado proceso de bajo crecimiento, salvo que se ponga en marcha un paquete liberalizador muy agresivo. A diferencia de lo sostenido por el Sr. Sebastián, la dureza del ajuste no garantiza ni mucho menos una rápida y vigorosa reactivación. No hay bases para que ese fenómeno se produzca en una economía rígida dentro de una unión monetaria. Por desgracia, la terapia sugerida por Blanchard se estrella contra la tesis zapateril de no hacer reforma alguna sin consenso social. En román paladino, el Gobierno arroja sobre los demás la responsabilidad de adoptar las acciones precisas para salir del hoyo, un ejercicio de escapismo digno de Houdini.