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22 6 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Barcelona Las voces de la periferia Camino del Fondo Ascendemos por las escaleras mecánicas donde la memoria se funde en la plaza del Rellotge. Bandadas de viejos, sentados en los bancos, sacan pecho esperando el paso de las horas: nómadas trashumantes que marcharán definitivamente de la plaza para subir a la barca de Caronte. Vuelven a su origen, ahora que la lentitud de Confucio ocupa los lugares vacantes. La voz de Camarón- -como el Caronte de la Isla- -surge desde un balcón con diez mil tiestos. Pero la realidad es un notas con chándal del Pryca y rasurado al uno que aparca el coche tuneado y, con la música hipnótica a toda caña, reclama, a gritos: ¿Jessi bajas? Y Jessi, como diosa suburbial, lacerando el viento con furiosa voz, responde: ¡Bajaré cuando me salga del coño! Esta es una manera de demostrar el amor: así pues la dulce Dorothy, la idolatrada Beatriz y la excelsa Margarita de Goethe- -ultrajadas, pisoteadas y vapuleadas- abren paso a la encantadora Jessi: la nueva flor que reina en la ciudad. La obra debe ir hacia la vida. Y viceversa Una calle del Fondo, en Santa Coloma de Gramenet (Viene de la página anterior) ojos sin que muchos acierten a leer lo que está pasando, atenazados por el miedo. Basta pasarse un día temprano por la plaza del Duque de Medinacelli, a un tiro de piedra del fin de las Ramblas y el rumor del puerto, para darse cuenta de que la Barcelona burguesa y decimonónica, con su seny y su anarquismo, es obra muerta. En parte por lo que escribe Enrique Vila- Matas en el prólogo a La plaza del azufaifo de Isabel Núñez: Este libro debería dejar mudos de sorpresa a todos aquellos que tan intensamente hablan maravillas de Barcelona. Este libro habla de la otra ciudad, la que no llegan a ver nunca sus múltiples y entusiastas visitantes. Este libro quedará como uno de los testimonios más lúcidos de la destrucción general de Barcelona a principios del siglo XXI No es que todo ha- ya desaparecido, pero la urdimbre se ha hecho más intrincada, sus voces atesoran timbres inéditos y sus rasgos se escriben en un babel lingüístico contra el que se estrellan los decretos que quieren levantar escolleras frente al océano de la realidad. De esta fábrica de periferias habla la peripecia de Valls y Calvo, improvisados trovadores de las afueras. Vencida la perplejidad de una carrera al barrio de Sant Cosme, el taxista pasa ante los tinglados portuarios, donde se levantaba la pensión Stella Maris, que acogió al fogonero Joan Salvat- Papasseit, autor de libros como Poemas en ondas hertzianas que en cierta medida inspi- No es que todo haya desaparecido, pero la urdimbre urbana se ha hecho más intrincada, sus voces atesoran timbres inéditos y sus rasgos se escriben en un babel lingüístico raron esta Última oda que de hecho termina en el cementerio de Monjuïc, buscando el nicho del poeta, perdido y olvidado entre otros muchos muertos de esa montaña perforada que, como ellos dicen, tiene algo de dentadura postiza con la que Barcelona muerde el mar Bajo la libertad absoluta de compartir una experiencia creativa se pusieron en marcha. Periferia de la periferia, en este caso del Prat de Llobregat del Prat a Shanghai tiene Sant Cosme un aire carcelario, casas baratas que evocan una atmósfera de cuartel, de grisalla franquista o dictaduras comunistas del Este europeo. Hasta las palmeras que han plantado en el centro de los patios simétricos han sido enjauladas, mientras que los enrejados de los primeros pisos hablan del miedo de los pobres a perder lo poco que han atesorado: series inacabables de edificios y patios al medio. Una palmera escayolada y rejas por todas partes El cemento no era bueno cuando se levantaron las casas obreras, y ahora las grietas son como remiendos, pintura de camuflaje para el bombardeo aéreo de la globalización. Aunque más nuevo, el ensanche de este ensanche resulta todavía más duro, y no lo alivia la ropa tendida, ni los chatarreros