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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Este frailecillo parece caminar sobre las aguas en su intento de despegue Arqueología y naturaleza se funden en la torre de piedra que se levanta junto al mar y desafía el paso del tiempo. Los brochs dejaron de usarse hacia el 200 d. C. siendo sustituidos por un nuevo tipo de vivienda, la casa- rueda construcción de planta circular rodeada por un muro de piedra con estancias separadas que se orientaban hacia el centro, donde se encendía una gran hoguera. En el yacimiento de Old Scatness hay magníficos ejemplos. En el siglo VI llegaron los primeros monjes desde Irlanda y el oeste de Escocia para difundir el cristianismo. La tranquilidad duró hasta el año 800 de nuestra era, cuando los vikingos decidieron establecerse aquí, dejando una impronta que ha llegado hasta el siglo XXI, desde el dialecto old norse hasta la música basada en el sonido de los violines. El Shetland Museum, en Lerwick (Leir- Vik, bahía fangosa) ofrece todas las claves sobre el pasado y el presente del archipiélago. Las Shetland poseen atracciones que no suelen aparecer en los folletos turísticos, lugares que se hallan tras un recodo del camino que, en principio, no pensábamos doblar, quizás una bahía escondida donde juegan las nutrias, un lago de agua dulce en mitad de un prado salpicado de flores, una playa donde una vieja barca se quedó dormida para siempre. Yell, Unst y Fetlar, las islas del norte, son ideales para estos descubrimientos, para caminar, pedalear o pasear a caballo. Rincones especiales. Como la lengua arenosa que une Mainland con St Ninian s Isle. No se ven rascacielos de treinta pisos, ni vendedores ambulantes, ni chiringuitos; en los acantilados anidan los fulmares. Los valientes pueden darse un chapuzón en la playa sur, caminar unos pasos y hacer lo propio en la norte. Un lugareño dice que la marea alta no termina de cubrir nunca el pequeño istmo, que siempre se puede cruzar al verde islote de St Ninian, donde pastan las ovejas. Un págalo acude al reclamo de una galleta. El guía arriesga sus dedos la parte alta del acantilado y esperar a que los frailecillos salgan de su nido- -agujeros en la tierra- a escasos metros, para observarlos a placer. En muchos casos no hacen falta los prismáticos. Desde esa formidable atalaya se ve el paso de marsopas, delfines, orcas y rorcuales aliblancos. En ocasiones, incluso, de ballenas jorobadas. Las islas, que están más cerca de Noruega que del Reino Unido, forman parte de su territorio desde 1469, cuando Christian I- -a la sazón rey de los países nórdicos- -las entregó como dote en el matrimonio de su hija con Jaime III de Escocia. En el mismo paquete estaban incluidas las Orcadas. Vaya negocios que se hacían en aquellas lejanas centurias. Pero rebobinemos unos milenios más; los 6.800 lugares de interés arqueológico en las Shetland nos permiten seguir las huellas de su historia. Los primeros pobladores alcanzaron estas latitudes hace 6.000 años, navegando desde las Orcadas en frágiles barcos de madera, asentándose en Mainland, la isla principal, en casas 6.000 años de historia Foca tomando el sol en la isla de Bressay. No tiene pinta de estar estresada ovales con sólidos muros. La Edad de Bronce dejó los misteriosos menhires de Unst, y la de Hierro las fortalezas y los brochs (torres) que fueron construidos a lo largo de la costa y que hoy constituyen uno de los símbolos de las Shetland. Más de 120 se alzaban en el pasado como elementos de vigía y protección. El broch de Mousa, con sus trece metros de altura, es el único en su género que está completo. Tom Jamieson tiene pinta de lobo de mar. El patrón del Solan IV abrió un servicio de ferrys en 1971 para cruzar a la isla de Mousa desde Leebitton, Sandwick. Pero Tom no se limita a transportar pasajeros; también trabaja como guía en excursiones nocturnas para observar paíños, unas pequeñas aves que pasan el día alimentándose en el mar y que regresan a sus nidos a la caída de la tarde (las cavidades del broch sirven de refugio a centenares de ellas) El paseo por Mousa- -existe una ruta circular- -es una auténtica gozada. Los cormoranes anidan en los cantiles y los charranes y eiders en las playas.