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15 6 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Una joven de 18 años espera a dar a luz en el hospital Mozambique Madre Malaria (Viene de la página anterior) cen casi inaccesibles para los mozambiqueños. A pesar de todo, los adultos asentados de manera permanente en zonas endémicas han ido creando mecanismos de defensa y no corren tanto peligro como los niños cuando son picados por el mosquito, ampliamente extendido en zonas rurales y más aún en época de lluvias y calor, que en Mozambique transcurre entre los meses de octubre y marzo. Para hacernos una idea, contraer la malaria por un mayor de edad puede compararse en la mayoría de los casos con lo que popularmente conocemos como un gripazo La financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y los acuerdos bilaterales en 1996 del Gobierno de Mozambique, por medio del Ministerio de Salud y la Universidad Eduardo Mondlane de Maputo, y el Gobierno de España, por medio de la Fundació Clínic per a la Recerca Biomèdica (FCRB) y la Universitat de Barcelona, hacen posible la existencia del CISM. La reciente creación de la Fundación Manhiça (FM) espera dejar bien asentados para el futuro los pilares del proyecto: formación del personal local, asistencia técnica y sanitaria e investigación. Cuando hace doce años el doctor Pedro Alonso aterrizó con su proyecto algunos de los habitantes se morían de malaria sin apenas conocer la enfermedad. Las condiciones del entorno no eran adecuadas, ni la posibilidad de los enfermos de acceder a centros hospitalarios, ni a medicamentos, ni a información. Fue necesario no sólo informarles sino también llevar a cabo intensas sesiones de concienciación para vencer sus reticencias y que colaborasen en las investigaciones. Al principio creían que recogíamos los mosquitos para reproducirlos Un bebé en la consulta del pediatra en el hospital de Manhiça en el centro. Hubo que traer a los responsables de los barrios al laboratorio y mostrarles hasta las neveras recuerda Jahit Sacarlal, responsable de la vacuna en el CISM. mo explica el geógrafo Delino Nhalungo, no sólo quién enferma, sino también quién nace, quién muere y quién emigra. A ojos de un occidental estos datos puede parecer poca cosa, pero el cambio ha supuesto un abismo para los hábitos locales, acostumbrados a no anunciar la existencia de un nuevo miembro de la familia hasta que alcanzaba con siete años la edad escolar. O habituados también a enterrar a los suyos sin dar aviso oficial. La situación ha cambiado desde aquel primer censo de 1996. La población de más riesgo, representada por los niños de menos de cinco años y las embarazadas, está bajo control permanente. Ahora, cada vez que un niño llega con fiebre al hospital de Manhiça se le extraen dos gotas de sangre y se envían para hacerles la prueba de la malaria al laboratorio del CISM, en la acera de enfrente. Se analizan hasta 250 muestras diarias. Tanto las que dan positivo- -entre una y cinco cruces, según la gravedad- -como las que no, se comunican en apenas media hora al hospital. Los instrumentos con los que Censo de población Es más, para poder llevar a cabo los estudios que han situado a Manhiça a la vanguardia mundial de los ensayos con la vacuna, hubo que realizar un censo todo lo escrupuloso que las investigaciones precisan y que, actualizado de manera constante, ha acabado convertido en un ejemplar modelo frente al caos poblacional que reina en la gran mayoría de los países africanos. Ahora cada uno de los 82.000 vecinos del distrito que viven en la zona de trabajo del CISM cuenta con un documento de identidad, una dirección y sus casas están numeradas y localizadas por GPS. Se sabe, co- Al principio creían que recogíamos los mosquitos para reproducirlos en el centro. Hubo que traer a los responsables de los barrios y mostrarles hasta las neveras