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8 6 08 VIAJES Trinidad Isla española que habla en inglés Fue gobernada por España entre 1498 y 1797, y la huella hispana subsiste en su singular combinación de culturas, que aúna el sabor caribeño con el hindú, la leyenda de piratería con la tradición carnavalesca TEXTO: MANUEL LUCENA GIRALDO. HISTORIADOR. FOTOS: M DOLORES GONZÁLEZ- RIPOLL E xiste un país en el mundo que habla en inglés, pero cuyo nombre oficial se pronuncia en español y cuya capital se llama Puerto España. Tamaña anomalía acontece en la región en la que este tipo de deliciosas paradojas se producen de manera natural, en el Caribe. Pe- ro todo tiene una explicación, que el viajero conoce porque se lo han contado los libros, de modo que su tarea consiste más en reconocer sus recuerdos y los de aquellos que ha leído que en descubrir nuevos argumentos. Estos deberán venir por la vía de lo anecdótico, circunstancial y hasta desgarrador, si el itinerario se tuerce, lo que puede ocurrir en el polo lejano, la sabana africana o en la esquina de casa. Sea como fuere, hay una brújula que se llama historia, y la del Caribe se escribe con grandes mayúsculas porque debajo del verde brillante y perenne, los pájaros azules que cruzan el espacio y la multitud de seres humanos de procedencias tan diversas como los colores de sus cuerpos, late una explicación que, en el imaginario global, mezcla sin empacho las películas de piratas, los huracanes, la esclavitud, los carnavales y, de vez en cuando, las revoluciones fallidas a la sombra de una palmera. Nada más lejos ¿de la realidad? La antigua Barlovento Tumba de un colono español de 1682 Está claro que, puestos a viajar de verdad por el Caribe, la isla de Trinidad, apellidada por los españoles que la gobernaron de 1498 a 1797 como del Dorado o de Barlovento- -la parte de donde viene el viento, señala el Diccionario de la Real Academia- -constituye un destino tan novedoso como sugerente, pues ha sido calificada por muchos como una mezcla mágica A ella se puede llegar desde España haciendo escala en Londres, Nueva York, Miami o Caracas: ya se sabe que nada garantiza que el viaje dure lo que dice el billete aéreo, pero francamente una paradita en Miami para saborear- -por ejemplo- -un auténtico sandwich cubano (pan alargado y relleno de jamón, pernil de cerdo, queso suizo, mostaza y pepinillo en rodajas, todo prensado y hecho al grill) la hace tan llevadera que los trámites aduaneros parecen sencillos. Tres horas y media después, el aterrizaje casi en medio del mar produce un sobresalto, que se quita con un buen golpe de calor (32 al mediodía) y una humedad pegajosa (95 Pero lo que quita el cansancio acumulado de los viajeros de manera automática es el primer contacto con la justamente famosa gastronomía del país. Así, empachados nada más bajar del avión en la capital debido a la ingestión de una suculenta sopa de maíz tierno (un toque americano) sazonada a la pimienta (un toque hindú) y al cilantro (un toque africano) no queda más remedio que aspirar al conocimiento del ruido subterráneo, pues lo evidente y seriado, las playas de arena blanca y agua de coco, ya salen en todas las postales. Pero no hay que desanimarse ni por un segundo. Esto es Trinidad, una isla donde el gentilicio, trinidadians arrastra en inglés de mala manera el nombre español, y cuya vecina isla de Tobago, meca de buceadores y parejas en luna de miel, enmascara el español tabaco Es ésta una isla alegre y abierta, con el Carnaval como rito de paso célebre y celebrador de una rumba galáctica, a golpe de soca, calipso y steelband