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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE caRed dirigido a la mejora de la educación e igualdad de oportunidades sociales y culturales a través de las nuevas tecnologías. La educación es la base esencial para el desarrollo de cualquier comunidad ha subrayado el presidente de Telefónica, César Alierta, en el acto de apoyo al programa Proniño que ha mostrado cómo la empresa y el mundo del espectáculo también pueden estar comprometidos contra la injusticia. La solidaridad no sólo se basa en la intención. La solidaridad ya es una epidemia insistió Alejandro Sanz. Concienciar es importante. El artista y el intelectual sensibilizan a la sociedad, y la empresa despliega sus medios para llegar allá donde a menudo no alcanza el Estado ni otras organizaciones sociales. Ninguno estamos preparados para ver la pobreza extrema, el problema existe porque la gente realmente no lo conoce aseguró Sanz. El programa Proniño trabaja por una educación de calidad continua en colaboración con agentes sociales e instituciones. Gracias a este programa, la fundación ha podido montar una potente red de intervención y prevención en los colegios y comunidades sociales. Además, ha gestionado 168 acuerdos de colaboración con agentes públicos y privados. A lo que hay que sumar las 454 acciones en colaboración gestionadas por ONG y agentes sociales vinculados al proyecto. La colaboración entre lo público y lo privado es esencial para la solución de los problemas de pobreza afirmó Bob Geldof. Por su parte, Mohammed Yunus, el eficaz promotor de programas de microcréditos en el tercer mundo, destacó la figura de la mujer como sostenedora última del plan de supervivencia económica de la familia en los países subdesarrollados. En Bangladesh, las madres regalan a sus hijos a familias ricas, pero cuando esas mujeres consiguen ganar dinero se los traen a casa y los quieren escolarizar señaló. El objetivo último de los microcréditos y de programas como el de Telefónica es que aparezcan nuevas generaciones de chicos abogados o médicos en familias pobres y analfabetas. El impacto positivo de acciones de este tipo lo refleja el hecho de que entre los niños escolarizados por estos programas el nivel de asistencia y la superación académica alcanza casi el 95 por ciento. Y del compromiso de Telefónica da cuenta su aportación económica de noventa millones de euros con los que se desea actuar sobre 100.000 niños a finales de 2008. Educación continua bién cuidar el entorno social y familiar en el que se desenvuelve el pequeño. De ahí que el programa Proniño se dirija no sólo a los chicos sino también a los padres y a las escuelas y tenga muy en cuenta el ambiente social en el que actúa. Uno de sus principales instrumentos es la concesión de becas a las familias con la intención de transformar el entorno más inmediato en el que crece el niño. La familia es una unidad económica en países subdesarrollados. Y la familia es a menudo sostenida por chavales que trabajan catorce horas en un taller o buscándose la vida en la calle entre la mendicidad y mil pequeñas tareas. Sobre ellos recae la responsabilidad de la supervivencia de los suyos. Muchos ni siquiera se plantean que las cosas puedan ser de otra manera. De ahí, la urgente necesidad de sensibilizar a la sociedad en el reconocimiento y aplicación de los derechos del menor. Mantener con vida a un niño cuesta ciento cuarenta euros al año, doce euros al mes y cuarenta céntimos al día, la mitad de lo que cuesta un café según el presidente del Gobierno explica con elocuencia el actor y embajador de Unicef, Imanol Arias, presente durante estos días en Madrid para apoyar el programa Proniño junto al premio Nobel de la Paz, Mohammed Yunus, el también laureado con el Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, el lucha- dor contra la pobreza Bob Geldof y el cantante Alejandro Sanz. El programa cubre nutrición infantil, atención psicopedagógica y sanitaria, educación en valores sociales y humanos y ocupación del tiempo libre. Y se insiste en la formación básica de los padres y en su sensibilización sobre los derechos del niño. A los colegios se les ha proporcionado infraestructuras y material escolar. Asimismo, se ha implantado en los mismos el programa Edu- El programa se dirige también a los padres, las escuelas y el entorno social con la intención de concienciarles en la necesidad de reconocer y cumplir los derechos del niño Una realidad también española Iberoamérica no es el único sitio donde los niños, en lugar de estudiar, trabajan. En países desarrollados como España también existe este problema, aunque a escala menos dramática. Suelen ser hijos de familias desfavorecidas, discriminadas o de baja formación educativa. En nuestro país a menudo se pasa por alto el control de escolarización infantil, de forma que niños, y sobre todo adolescentes, se ven sometidos a largas e ilegales jornadas laborales. El campo, los mercadillos y la costa son lugares que facilitan el trabajo ilegal de menores, pues en esos sitios no suelen exigirse documentos de ningún tipo. El fracaso escolar provoca en muchos casos que chicos menores dieciséis años- -límite de la edad escolar obligatoria en España- -se afanen en buscar cualquier trabajo en vez de completar su formación. Es el caso de Ana que, con trece años, comenzó a limpiar escaleras porque no quiso seguir estudiando; nunca le hicieron contrato ni le preguntaron su edad. O el de Aurelio que, con doce años, abandonó el colegio y se puso a trabajar con su padre en una tapicería. Tal vez no parezca un caso muy dramático, pero esa es edad para estudiar. Se trata de una realidad que se repite en la geografía española, en el siglo XXI, y en un país que presume de ser desarrollado.