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8 6 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Zapatero Un Gobierno de viejos de que encabeza un equipo de juventud? POR ROBERTO RODRÍGUEZ ANDRÉS DTOR. DE COMUNICACIÓN DEL GRUPO AMMA Y ESPECIALISTA EN COMUNICACIÓN POLÍTICA Y CAMPAÑAS ELECTORALES Con una media de edad de 52,38 años, el actual es el Ejecutivo más matusalén de toda la democracia. ¿Es malo? ¿Por qué Zapatero prefiere dar la impresión H ace unas semanas, cuando José Luis Rodríguez Zapatero anunció la composición de su nuevo Gobierno, subrayó los tres elementos que convertían a ese Ejecutivo en un ejemplo de cómo están cambiando las cosas en la política española. Por primera vez en la historia de la democracia, una mujer ocuparía el Ministerio de Defensa. Por primera vez también en la historia, las mujeres serían mayoría en las reuniones del Consejo de Ministros. Y, además, a estos dos factores añadió un tercero: el nuevo Gobierno iba a incluir entre sus miembros a la ministra más joven. Estos tres hitos son reveladores de cómo el presidente ha querido hacer un guiño muy especial a mujeres y jóvenes, dos de los sectores que más le han apoyado en las últimas elecciones. Y si nos MEDIA DE EDAD DE LOS MINISTROS Solo hombres Gobiernos Adolfo Suárez Felipe González I Felipe González II Felipe González III Felipe González IV José M Aznar I José M Aznar II 42,4 42,4 43,9 43,8 46,7 46,2 48,0 47,6 46,3 45,9 47,0 48,1 30 35 Ambos sexos 40 45 50 55 60 48,4 48,0 quedamos con la simbología de las decisiones adoptadas por Zapatero, debemos entender que para el presidente estas dos cualidades han sido valores añadidos a la hora de dibujar el perfil de sus ministros. Pero a la vista de esta forma de vender al nuevo Gobierno, alguien podría plantearse si en política es más importante ser joven que ser mayor. En su discurso, el presidente podía haber mencionado también que iba a contar con uno de los ministros más veteranos de la democracia y, por tanto, con mayor experiencia, como es el vicepresidente económico Pedro Solbes, que ha decidido seguir en la primera línea de la política tras sobrepasar la edad de la jubilación. Y también podía haber recordado que si se analiza la edad media de todos los gobiernos de la democracia, como han hecho un grupo de graduados del Instituto Juan March, el actual es el más veterano, con una media de edad de 52,38 años, por mucho que tenga a la ministra más joven entre sus filas. Resulta curioso, por tanto, que el discurso oficial prefiriera destacar la juventud sobre la madurez, cuando ambas cualidades podían haberse conjugado a la perfección dando así un argumento más para destacar la idoneidad del nuevo Ejecutivo. En el ámbito de la comunicación política se viene debatiendo desde hace años acerca de la importancia que tienen los atributos formales de los políticos (como la edad o el aspecto físico) en la valoración que de ellos hacen los ciudadanos. En realidad, este debate no es nuevo. Ya en la Grecia clásica, los maestros de la retórica incidían en la importancia de la buena apariencia de los ora- dores para conquistar la voluntad de los seres humanos. Y los modernos estrategas electorales siguen dedicando mucha atención a estos aspectos, porque son conscientes de que hoy día los electores no toman sus decisiones de voto sólo a partir de convicciones ideológicas o identificaciones partidistas, sino que cada vez tienen más en cuenta aspectos emocionales relacionados con la figura, la personalidad o el carisma de los candidatos, sobre todo a raíz de la introducción de la televisión, que ha convertido a las imágenes en el vehículo principal del mensaje político. Por eso conceden tanta importancia a aparecer de la mejor forma posible ante los electores, cuidando aspectos como el vestuario, la imagen o la buena forma física, aun cuando sean muy pocos los que se atreven a reconocerlo públicamente. Y es indudable que, en esta batalla, los años pueden jugar en contra de los candidatos. La edad, y lo que ésta conlleva en cuanto a posible pérdida de atractivo o de capacidad física y, sobre todo, a la existencia de achaques o problemas de salud, han sido argumentos utilizados en campaña en numerosas ocasiones para intentar desprestigiar a un rival, haciendo ver a los electores los riesgos de tener un presidente con mal estado de salud o sin la condición física necesaria para aguantar el estrés y el ritmo trepidante que impone el día a día de la acción de gobierno. De esta forma, los candidatos