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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE en la vid y pequeñas huertas donde llegaba el agua impulsada por las tradicionales huertas árabes. Había 25.000 hectáreas de regadío cuyos productos se utilizaban para el autoconsumo. El descubrimiento del acuífero y su percepción como mar inagotable provocó que, a principios de los 80, el número de hectáreas creciera hasta las 100.000. En 1989, el desembalse sobrepasó los 600 hectómetros cúbicos, el doble que la recarga media anual del acuífero. La discusión entre agricultores y ecologistas se enconó: a las voces de o los patos o mis hijos les respondieron otras que denunciaban la apertura de miles de pozos ilegales. La década de 1990 se inauguró con una sequía brutal que dejó Daimiel al borde del colapso. El dinero fácil que daban los cultivos de remolacha, maíz o alfalfa dio paso a una preocupante factura, y no sólo para el medio ambiente: el agotamiento del acuífero estranguló a las pobla- La sequía se suma a los 70.000 pozos Desde la primavera de 2005 el cielo ha sido mezquino con las Tablas de Daimiel, pero no hay forma de pedirle cuentas a la meteorología. Los principales grupos ecologistas de este país disparan hacia otro lado: la sobreexplotación del acuífero a través 70.000 pozos- -muchos de ellos ilegales- En su opinión, el PEAG mantiene tal nivel de extracciones legales e ilegales y tal superficie de regadíos que será imposible la recuperación de los humedales protegidos. También exigen al Gobierno que retire al parque nacional del Convenio Ramsar de Humedales, ya que lleva años en la lista roja sin que se llegue a una solución para su recuperación hídrica. ciones que viven de él. La situación se ha repetido ahora: en los últimos años hidrológicos han caído en la zona entre 200 y 300 litros por metro cuadrado. En una temporada decente se reciben 450 litros. Quizás la última oportunidad Las Tablas de Daimiel se encuentran en la peor encrucijada de su historia. El viernes pueden dejar de ser Reserva de la Biosfera. Conectadas al gota a gota atisban, sin embargo, una luz al final del túnel: el Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) pretende invertir el destino del acuífero 23. El documento, recién aprobado, tiene como principal objetivo detener el deterioro de los cursos fluviales y humedales de la zona y recuperar sus características naturales y su funcionalidad ecológica, tomando como referencia las que tenían antes de los grandes proyectos de transformación y desecación de la década de 1970. Y con- seguir, en última instancia, que se recupere la funcionalidad de los Ojos del Guadiana, de manera que afloren unas aportaciones regulares de al menos 30 hectómetros cúbicos al año a las Tablas de Daimiel. El plazo, 2015- 2027, es visto con desconfianza por los ecologistas, pero técnicos como Santos Cirujano creen que una hemorragia que dura décadas no puede ser restañada de la noche a la mañana. La solución no es largarse y echar la llave. Los parques nacionales, hoy, sólo pueden sobrevivir si son manejados por el hombre asegura. No podemos arrojar la toalla añade Carlos Ruiz, director del parque. ¿Se soluciona algo derogando la reserva, descatalogando el parque? Creo que no. Por primera vez hay un plan para reordenar el territorio. Aunque reconozco que a corto plazo es necesario meter agua en las Tablas Una transfusión más. La salida de la UVI se antoja lejana.