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8 6 08 EN PORTADA José Tomas El mito y el hombre 2. Trincherazo Aroma del mejor toreo La embestida imantada, cosida en la muleta que guía un camino obligado, rematando por abajo, con mando, plasticidad y buen gusto en el arranque de faena. Su primer toro sigue el látigo de seda que José Tomás le ofrece para rebozarse de arte. La pierna izquierda marca el centro de un círculo que rezuma torería, y La Monumental ruge. La aprobación de todos, el remate que nace del corazón del torero y alcanza las últimas filas de la andanada. El chispazo que recorre los tendidos y queda grabado a fuego en la memoria. 3. Al natural Largura, hondura, temple... La franela roja barre luego la arena, profunda, con mando. Con temple, ese misterio que frena la velocidad del toro y parece detener el tiempo. El hocico hace un surco en el albero. Nobleza, bravura atemperada por un torero en plenitud. Los pies asentados en la arena, la cintura rota, el brazo dominando la arrancada y llevando al animal hasta donde la física no da más de sí. Es el toreo al natural en estado puro. 4. Trincherilla Una caricia Sensibilidad, sutileza, mimo. Alguien dijo que torear es acariciar. Aquí José Tomás adormece la brutalidad de su enemigo. Y surge la trincherilla, el remate a una serie excelsa, el broche con el que sólo los elegidos saben hilvanar. El toro doblegado al temple, entregado, casi sumiso. Y el torero cada vez más grande, cada vez con mayor sentimiento. Torea para sí mismo, abandonado, con pinceladas que embrujan.