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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE José Tomás avanza hacia el centro del ruedo ante la expectación de un público que le esperaba como a una aparición mítica republicano que se ajusta la montera como la corona de los parias- -aunque una tarde suya pueda abrir un banco- un muchacho que vino de testigo a una confirmación para acabar dejando a todos de testigos de lo increíble. ta. Soltero que siembra de preguntas la curiosidad de la gente, y un muchacho al que hay que ver haciendo el paseíllo para verlo. Y ahí, en el paseíllo, ya no es un muchacho más, ya no es un torero más: es el mito que ha tenido la condescendencia de dejarse ver. Lo que pasa es que después hay que demostrarlo, si se quiere la comunión general de aficionados. Y Tomás ha sabido hacerse mito en su retiro. Lo habíamos visto, años atrás, cuando las lentejuelas de su vestido cerraban los ojos al ver venir los cuernos tan cerca. Lo habíamos visto citar de lejos, con la muleta firme como una tabla, a puntas que le sacan hebras al viento, y pasárselas por la entrepierna como si fuera el jaboncillo de un sastre. Pero todavía no había construido el mito. El hombre tomó la senda de los pocos sabios que en el mundo del toro han sido y se le puso cara de cartujo que va a cambiar las luces por el hábito. El retiro fue como un trance, un largo trance en el que habrá matado no sé cuántos toros, en el que habrá abierto no sé cuántas puertas grandes, pero, sobre todo, el retiro de este muchacho fue para modelar el mito. El tango de la calle susurra aproximaciones, que si dicen que va a volver, que si dicen que se va a casar, que si dicen que nunca más se volverá a vestir de torero... Y empieza el viento a trabajar las formas del mito. Nada más grande que el misterio, para empezar a creer. En su retiro, se hablaba de Tomás como de algunas apariciones en los descampados de las ciudades y los pueblos. Dicen que han visto, dicen que le han hablado, dicen que ha sentido, dicen que se le aparece... El hombre supo guardar ayuna de triunfos, de dineros y de fama por (Pasa a la página siguiente) El hombre crea un personaje El hombre ha labrado el mito. Como no te lo creas, no llegas le dijo un viejo matador a un chaval que empezaba a poner andares de novillero. El hombre se supo capaz de crear por encima de él un personaje. Sabe Tomás que aquí vende mucho el misterio, sabe que el buen paño, en el arca se vende. Sombra, misterio, amistad con los poetas y ni una entrevis- En Madrid había una síntesis de España. Habían venido de todas partes, como iban a los sitios de apariciones los creyentes. Tomás es la imagen de una nueva aparición