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D 7 25 5 08 Confiesa que, de niño, era como el mismísimo diablo. Hasta que los salesianos le metieron en vereda y el deseo de ser actor le situó donde siempre quiso estar, sobre el escenario, por más que los curas se empeñaran en hacer de él un buen sastre. Millán Salcedo (Brazatortas, Ciudad Real, 1955) embarcado en Martes y Trece o en solitario, ha escrito algunas de las páginas más brillantes del humorismo nacional. Desde hace semanas, se interpreta a sí mismo en Yo me subí a un piano verde en el teatro Infanta Isabel, de Madrid, bajo la dirección de Joan Gracia y Paco Mir. Y, como siempre, propone la terapia de la risa GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 36 D 7 LOS DOMINGOS DE Millán Salcedo ACTOR Y HUMORISTA Si pretendes resultar gracioso a todo el mundo, acabas paranoico ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Es usted su mejor personaje? -El que menos lo sabe seguramente soy yo. Por eso, en mi último espectáculo, me he puesto en manos de Joan Gracia y Paco Mir, nada menos que El Tricicle, pues me contemplan desde fuera. Así que me voy a poner una pegatina y no una medalla, pues las medallas ya me dan igual, porque está muy bien por mi parte reconocer que alguien debe dirigirme. Hay quien no lo entiende así, me parece perfecto: cada cual se lame como puede. Pero yo prefiero entregarme a gente con talento. ¿Por qué en su espectáculo propone una terapia ocupacional para llenar el tiempo libre? -Lo de la terapia ocupacional es algo que repito continuamente, pues debí ser loro en otra vida. Es que como en esta profesión nuestra hay tanto tiempo libre, no porque vivamos bien, que también, sino porque hay mucho paro, ese tiempo hay que llenarlo de alguna manera con ingenio. Y yo propongo los trabajos manuales. He descubierto el mundo del collage y lo recomiendo vivamente. -Así que no le van las nuevas tecnologías... ¿El ordenador, el photoshop y el qué se yo... Es que yo no controlo esa jerga y no tengo nada que ver con ese mundo. Yo hago apología de las manualidades. Mis mejores cosas me las sigo haciendo a mano. -Usted es una rareza... ¡Qué rareza! eso es un arte. -Digo rareza por defender lo artesanal. -Mire, hubo un programa de televisión que me hubiera encantado hacer, Un país en la mochila con el grandísimo Labordeta. Simplemente le hubiera puesto un poquito más de humor. Pero no me diga que no era maravilloso ver a todos esos artesanos del pueblo. Me parece muy bien que las ciencias adelanten que es una barbaridad, como decía la zarzuela. Pero no quiero que me atrapen, ni eso ni nada ni nadie. En Humor inteligente En el humor yo tengo mis academias y mis universidades, como Gila, Tip y Coll, Les Luthiers... Me gusta el ingenio; y más que la imitación, la parodia. En la antítesis de todo esto figuran aquellos que carecen del sentido del ridículo. Hay quien confunde ser un listo con ser inteligente. Así que, a río revuelto, ganancia de pescadores. Sí, se dice que en mi profesión hay muchos rascamoños, pero anda que en otras... ABC mi caso no es que esté en contra, es que protesto. ¿Por qué? porque me da la gana y también por el uso indiscriminado que se hace de las tecnologías. ¿El ocio es progreso o decadencia? -Depende de cada cual. Hay gente cuyo ocio es solazarse en el sofá, ver hasta la Bundesliga y po- nerse hasta arriba de panchitos. Pues bueno. Yo no puedo estar sin hacer nada. Necesito meterme en un berenjenal. Pero no me importa, porque soy de tierra de berenjenas, de al lado del Almagro. Muchas veces me pregunto a dónde cojones voy, pero... ¿Y cómo supera las dudas? -Pegándome un par de leches hipotéticas. Y diciéndome: No tienes ningún derecho a quejarte. Pon la tele y mira cómo está el mundo La verdad es que he tenido muchísima suerte. -A usted, que tanto hace reír, y dado que la risa es curativa, ¿no debería alguien levantarle un monumento... -No, hombre, no. Las estatuas son los soportes de las coronas de flores. Son estáticas. Yo quiero libertad y movimiento. ¿Se siente cómodo entre la gente seria? -La gente seria bastante tiene con serlo. Pero es vital tener amigos serios, es un contrapunto necesario. Un poquito de calma, de receso. No está bien estar todo el día zascandileando y haciendo bobadas. ¿Ser gracioso es peligroso? -Hay que tener mucho cuidado cuando te dedicas al humor, y sobre todo si has estado en Martes y Trece, porque todo el mundo quiere ver en ti algo gracioso. Y si pretendes dar gusto a todos, acabas convirtiéndote en un auténtico paranoico. Eso ya lo tengo un poquito superado. -Dice sentirse de nuevo un rebelde. ¿Es que alguna vez dejó de serlo? -Desde la infancia siempre me llamé rebelde sin causa y sin motivo justificado. Yo era rebelde por sistema. Por eso tengo cicatrices en las cicatrices. A mí me han encerrado muchas veces. He sido malo, muy malo, malísimo. Dicen que los muy malos tienen un remolino en la coronilla, yo tengo tres. Pero entré en un internado, porque mi madre no podía conmigo y, allí, los curas salesianos me metieron en vereda. También es que me interesaba lo que me contaban y, por fin, me calmé.