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25 5 08 VIAJES Entre el futuro y el pasado: la Movida Alejada de los clichés que la presentan como gélida, incomprendida o hermética la Ciudad Blanca bulle de vitalidad en un tiempo en el que compagina su encrucijada histórica con el furor deportivo TEXTO Y FOTOS: ESTEBAN VILLAREJO Belgrado penas ha amanecido y dos tozudos niños de ocho años se afanan en pasar la bola siguiendo el dictado del severo entrenador. Una y otra vez. Las pistas de tenis de la ciudadela de Kalemegdan recobran su actividad. Es sábado y el recinto amurallado- -paradigma de la encrucijada histórica de los Balcanes- -se convierte en el refugio ideal de los belgradenses. A escasos metros las canchas de baloncesto de la cantera del Estrella Roja y Partizán dan vida a la competición. Se escuchan los pitidos del árbitro, la goma de las zapatillas y los gritos de ánimo. Los serbios somos fanáticos del deporte Kalemegdan no es sólo parque, es símbolo. Situado sobre la con- A fluencia de los ríos Danubio y Sava, el recinto amurallado mantuvo su relevancia geoestratégica en el transcurso de la convulsa historia de la región. Fue fortificada por los celtas, ampliada por los romanos- -que dieron a la ciudad el nombre de Singidunum (fortaleza del halcón) y atacada, destruida y reconstruida después de las 115 batallas de las que se tiene constancia y que protagonizaron hunos. godos, eslavos... Lo que hoy queda corresponde a los imperios austro- húngaro y turco que comenzaron su disputa en el siglo XVIII. Su principal acceso es la Puerta de Estambul, toda una ironía en el corazón de Serbia, tierra que tanto se esforzó en frenar las incursiones turcas en Europa, la misma Europa que bajo las siglas de UE causan tanta contradicción en los políticos y los habitantes del país. Dejando atrás sus fosos, mazmorras, torres, su pozo de 62 metros de profundidad, jardines, baluartes, monumentos conmemorativos de la I Guerra Mundial o el zoo, Kalemegdan guarda dos puntos indispensables para entender la encrucijada: el museo militar- -un repaso histórico desde los tiempos gloriosos del Rey Stefan Dusan (1346- 1355) hasta los bombardeos de la OTAN de 1999- -y la iglesia ortodoxa de Sveta Petka, la única que los turcos dejaron piedra sobre piedra durante un reinado que comenzó a forjarse tras la victoria en el Campo de los Mirlos (1389, Kosovo) La Ciudad Blanca -significado de Beograd su nombre en serbio- -aún no es destino de las compañías aéreas de bajo coste, ni forma parte del manido católogo de destinos veraniegos. Mejor: el viajero se sentirá en una Europa ajena, desconocida, que recibe al turista con cierta curiosidad. Lejos de clichés tales como hermética violenta gélida o incomprendida la capital de Serbia bulle de vitalidad (también de tráfico) Marko Andrejic, un joven periodista que impulsa una web informativa de carácter europeo, ve así a sus más de millón y medio de habitantes: Parece que la gente tiene siempre prisa, vamos corriendo a todas partes. Pero no te engañes, siempre estamos listos para una taza de café, un cigarrillo y la lectura del periódico en una terraza Entonces, es hora de recorrer la arteria principal del centro histórico, la peatonal Knez Mihailova. Librerías, kioscos y cafeterías dan paso a las tiendas de última tendencia, una moda marcada a ritmo de Zara y Cortefiel. Entre sus edificios de corte austrohúngaro, emerge otro en el que ondea una gran bandera española, se trata del Instituto Cervantes. Un español no tendrá especial problema para entablar conversación- -normalmente en inglés- -con los belgradenses si saca a relucir dos temas: deporte y política (el hecho de que España no haya reconocido la independencia de Kosovo juega a favor; en contra, que el secretario general de la OTAN en 1999 era precisamente Javier Solana) La calle Knez Mihailova desemboca en la Plaza de la República, centro social y reivindicativo del país, donde se encuentran el Teatro Nacional y el Museo Nacional. Cerca del centro histórico ha- El rostro del tenista Novak Djokovic se ha apoderado de las calles de Belgrado en un sinfín de anuncios El último empuje de europeidad en esta ciudad que afronta tiempos convulsos ha sido la celebración durante toda la semana del Festival de Eurovisión