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25 5 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Hamastán: asalto a la frontera Gaza es una franja de tierra habitada por millón y medio de prisioneros al sol. Agustín Remesal describe en este libro la intrincada realidad en la que se fraguan las pasiones, la violencia y el sentimiento de resistencia en que vive el pueblo palestino. Reproducimos a continuación un pasaje sobre la conmoción acaecida cuando Hamás derribó el muro que servía de frontera en Rafah omo una gigantesca serpiente de metal estirada hacia el horizonte del mar Mediterráneo, elevando a trechos su cuerpo en arcadas como un diseño de arquitecto vanguardista, el muro de hierro que fue derribado en la frontera sur de Gaza comienza a ser sepultado bajo las arenas que arrastra el viento desde el desierto de Sinaí. El escenario presenta una tierra de nadie ahora ocupada por cuatro cobertizos de las milicias palestinas de Hamás, instaladas a lo largo de los seis kilómetros de la angosta franja de seguridad (apenas 100 metros de anchura) que dista el muro derruido de una endeble pared levantada con urgencia por el Ejército egipcio. Bajo la lona blanca de la jaima hecha jirones, el destacamento islamista a las órdenes del sargento Issa emplea su tiempo en la limpieza de las piezas de sus nuevos kaláshnikov y en el consumo ilimitado de té. Tardaron seis meses en cortar la chapa con sopletes autógenos; fueron más de dos kilómetros de corte fino y silencioso- -informa el jefe de puesto- Trabajaban sólo por las noches; eran decenas de pequeñas llamitas que iban cortando poco a poco el hierro de dos centímetros de espesor... La Operación Jericó aplicada al muro férreo de Rafah, la muralla blindada que el Ejército israelí levantó entre Gaza y Egipto para cortar el tráfico de armas, fue una más de las misiones secretas llevadas a cabo por Hamás, tras su rebelión en junio de 2007, y ejecutada con la eficacia y precisión que se les supone siempre a sus enemigos radicales, el Tsahal (Ejército israelí) Hubo rumores, insinuaciones, avisos... pero nadie sino sus promotores conocían al parecer la envergadura del proyecto y sus consecuencias sorprendentes. Ni los satélites de observación ni los servicios de información israelíes advirtieron del huracán nocturno que habría de arrasar aquel muro que cierra por el sur la cárcel de los palestinos de Gaza. Y si tenían de ello noticia los agentes de la Shin Bet, el Gobierno israelí prefirió no dar- C Título: Gaza, Una cárcel sin techo Autor: Agustín Remesal Editorial: Catarata Colección: Mayor Páginas: 248 Precio: 17 Euros se por enterado. El taxi de Said en el que navegamos a trompicones sobre las dunas (un Mercedes destartalado de un modelo adecuado para ingresar por derecho en un museo del automóvil) recorre el camino de arena a lo largo de esa muralla derrumbada. Han desaparecido ya algunas de sus láminas de hierro y crecen margaritas frondosas bajo las que no llegaron a aplastar el suelo; sobre las planchas de hormigón armado, cuyo perfil se pierde en la playa cercana, juega a policías y contrabandistas la chiquillería del barrio de Tal al Sultan. Los soldados del Ejército egipcio no permiten el tránsito del vehículo por la tierra de nadie pero mientras cortan el paso a nuestro Mercedes de desguace una pandilla de jóvenes palestinos logra escalar el último muro de seguridad y desaparece tras él a la carrera, en territorio egipcio. Es ése uno más de los indicios de la caída definitiva del muro de Rafah, que se inició a golpe de secreto y de soplete y culminó con una voladura perfectamente controlada. He aquí la crónica de aquella peripecia que ha mudado el paisaje de esta frontera y aliviado la penuria y la desesperación de los habitantes de esa prisión palestina bajo las estrellas. El telón de hierro de más de cuatro metros de alto cayó poco después de la medianoche el día 23 de enero de 2008. Un rosario de cargas explosivas colocadas por comandos de encapuchados a lo largo de las planchas previamente hendidas, empujaron el murallón que se derrumbó con gran estruendo. Hasta la salida del sol, Agustín Remesal, periodista. Fue corresponsal en Oriente Próximo de TVE El derribo del muro de Rafah fue una más de las misiones secretas de Hamás, ejecutada con la eficacia y precisión que se les supone a sus enemigos del Ejército israelí La llegada de mercancías por el paso abierto dejó en el paro a los excavadores de túneles. Un negocio floreciente que incluye el paso de armas, medicinas y combustible según cuentan testigos dignos de crédito, varios vehículos pesados cruzaron la frontera desde Egipto con cargamento desconocido. A la salida del sol, los milicianos de Hamás dejaron el terreno libre y una marabunta de gente, enloquecida a la vista del agujero de libertad que acababa de abrirse, se precipitó a la carrera hacia el otro lado de la línea rota, a través del llamado corredor Filadelfia. La noticia corre como la pólvora: el muro ha caído. Camiones, autobuses, furgonetas, coches, carros tirados por burros y hasta bicicletas dieron asalto a las poblaciones egipcias cercanas de Rafah. En su impulso incontenible, la oleada de compradores llegó hasta el puerto de Al Arish, a medio centenar de kilómetros. Los soldados egipcios se retiraron de sus puestos para evitar derramamiento de sangre, según sus jefes, y los palestinos indignados evitaron a pedradas que las excavadoras les cortaran el paso. Durante una semana, entraron por esa puerta de promisión desprovista de aduana millares de toneladas de mercancías. Más de 250 millones de dólares se gastaron los comerciantes de Gaza en los almacenes del otro lado de la frontera, que quedaron completamente vacíos. Medio millar de camiones transportaron esas mercancías a Gaza. Además, medio millón de palestinos (la tercera parte del censo de los que viven en la Franja) aprovechó la situación y el caos fronterizo perfectamente controlado por Hamás para visitar a sus familiares y, de paso, comprar gasolina, muebles, cigarrillos, comida enlatada o perfumes. El frenesí comercial no fue el único delirio de los palestinos: decenas de bodas pudieron llevarse a cabo gracias a esa puerta que cierra la ruta de Salahadim, abierta con explosivos. Los compromisos matrimoniales que muchos jóvenes mantenían desde tres años antes, cuando el paso de Rafah se cerró a cal y canto, pudieron al fin cumplirse. Además, decenas de miles de jóvenes salieron por vez primera en su vida del