Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE ABC la hora extra y menos de 2 la hora nocturna? Nosotros con ese dinero no podemos siquiera tener hijos. Hemos vivido en cuarteles con ratas, humedades, con paredes que se desmoronaban... ¿Y qué trabajo encuentro yo si en cinco años ha tenido cuatro destinos diferentes? Me he empleado de dietista, de dependienta... No tengo estabilidad en mi casa, ni en mi trabajo... Esta bióloga, que abandonó por amor la jefatura de un departamento en la Academia de Guardias Civiles de Baeza. declara que en esas condiciones no se puede llevar una vida digna. Sólo una vida resignada. Sabía lo que me esperaba cuando me casé con un guardia civil. Sabía incluso que tendría que dar la cara por él, sujeto a un régimen militar que los paraliza. Por eso cada día lo único que espero es que cuando mi marido vuelva a casa después de ocho horas de servicio vuelva bien. Que nadie le haya hecho nada malo. Y mientras, seguir luchando para que llegue el día en que un Gobierno deje de aprovecharse de ellos El próximo jueves se cumplen 17 años de la matanza en el cuartel de Vic. De aquel día quedan en nuestra memoria ataúdes blancos y la imagen capturada por el fotógrafo Pere Tordera con el agente ensangrentado corriendo con una niña herida en los brazos; detrás, un matrimonio que empuja el cochecito de un bebé que se ríe, y al fondo, las ruinas humeantes de la casa cuartel tras la explosión, que mató a nueve personas, cuatro de ellas niños. Amparo, la madre y es- Vic, la sepultura posa que empujaba el carrito de Javier, de un año, mientras la abrazaba un marido casi fantasmal, superviviente de entre los escombros, dice que no hubo más cadáveres porque los terroristas se equivocaron de día. Si los etarras llegan a poner el coche bomba un día antes o después, mi hijo y yo estaríamos muertos Pero aquel 29 de mayo la localidad barcelonesa de Vic celebraba la victoria de Melchor Mauri en la Vuelta Ciclista a España y las mujeres de los guardias que siempre estaban con sus niños en el patio del cuartel decidieron unirse a la fiesta. Diez minutos después, las niñas que habían cuidado de Javier mientras yo subía a la oficina de mi marido para decirle que me iba, estaban muertas. Cerré la puerta de mi casa a las siete menos diez; a las siete y cinco vi desde la acera de enfrente cómo el cuartel volaba para luego desmoronarse. De repente todo se llenó de ambulancias. Corrí a la entrada y vi salir a mi marido. Luego, a Javi lo dejé con unos familiares de Barcelona y me fui con las compañeras a buscar a sus hijos por los hospitales: algunos estaban bien, otros muertos. Esa noche, cuando nos reunimos las pocas familias que no estábamos heridas, unas 4 ó 5, todas andaluzas y que nos habíamos quedado sin nada, Luis Roldán, que entonces era director general de la Guardia Civil- -y después condenado y preso por ladrón- me puso una mano en el hombro y la otra en el de mi marido, nos miró y dijo que pidiéramos el destino que quisiéramos, que no había ningún problema para volver a nuestra tierra, pero que dinero no había. Como lo cuento. Así que al día siguiente volvimos a rebuscar entre los escombros. Mientras hubo periodistas, las autoridades estuvieron con nosotros; luego ya no quedó nadie. Y de esta manera ha sido hasta ahora. Cuando mi marido se reincorporó a mediados de julio a su destino en Córdoba, el jefe de la Comandancia nos dijo que si necesitábamos algo material que se lo dijeramos a él pero que nada de acudir a la prensa. Entonces, nos mandó uncarpintero que nos hizo unas sillas. Y ahí se acabó todo. Después, en 14 años jamás nadie le preguntó qué tal estás... Y hace dos veranos empecé a no verlo normal, hacía turnos de 24 horas, y lo mismo podían llamarle a las cuatro que a las diez. El miedo se apodero de él. Bajaba la escalera con la pistola en la mano. Pensó que lo podría superar, pero no fue así Y 15 años después de la bomba, el padre de Javier, que volvió a la vida desde la monumental sepultura de Vic, se rompió. Porque como dice Rosa María Alcaraz, las heridas del alma no se curan nunca. Las lame el amor de las esposas coraje. Las otras mujeres de la Benemérita POR V. R. as esposas de los guardias civiles eran las únicas mujeres que habitaban en los cuarteles hasta que hace veinte años las guardias civiles irrumpieron en el Benemérito Instituto. Entonces ya no era el hombre el que traía a la mujer que se dedicaba al cuidado de la casa y de los hijos, sino que los maridos de las compañeras, frente a la mayoría de las esposas de los compañeros, tenían sus trabajos y no hacían vida en los pabellones. Y la relación de los mandos con los cónyuges cambió porque no era igual tratar a la mujer de un subordinado que al marido albañil o camionero de la subordinada. Así de claro y así de tremendo, pero real Pilar Villacorta, cabo primero, que manda a 20 guardias civiles en el Servicio de la Naturaleza de Cantabria, ve así el panorama tras dos décadas de adaptación, cuando ya no estamos para lamentos, sino para exigir con rotundidad nuestros derechos. Yo, que ni he sentido ni consentido jamás la menor discriminación por razón de sexo, ni por parte de mis compañeros ni de mis mandos- -afirma a D 7- le digo que ya no nos callan Luego, mirando a las otras mujeres, a las parejas de los guardias, ella, que también es madre, exclama ole y ole por ellas. Por todo lo que aguantaron y aguantan, por esas esperas durante las 14 ó 15 horas de servicio del marido, por soportar sus bajones psicológicos, sus temores, por tirar L de esas familias con tanto esfuerzo y sacrificio. Son todas unas señoras, mujeres de una pieza Diplomada por Salamanca en Biblioteconomía y Documentación, para Villacorta ser guardia civil fue una opción profesional. O el monte o los libros. Y como lo segundo se estaba complicando, opté por el Seprona que ya conocía. Llevo 15 años en el Cuerpo y amo mi trabajo. Por eso voy a participar- -anuncia a D 7- -en la primera comisión de la mujer que se va a crear, dentro de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) para conocer mejor la realidad de las mujeres en el Cuerpo y desde ahí luchar por nuestros derechos, muchos de ellos concedidos y que, sin embargo, no disfrutamos. Nosotras, que también somos funcionarias, estamos a años luz de cualquier otra servidora de la Administración. Además, es una forma de animar al asociacionismo femenino, porque eso te da la fuerza. Queremos desde aquí ahondar en nuestros intereses y derechos laborales, en mejorar y dignificar las condiciones de trabajo porque a fecha de hoy hay muchos cuarteles en los que ni siquiera hay baños y vestuarios para nosotras, que la igualdad de género sea efectiva y que el plan concilia exista también para las guardias civiles, aunque sabemos de nuestras particularidades. Porque sí, han pasado 20 años, pero seguimos siendo una minoría en un mundo laboral de hombres Hace 20 años que ingresaron en la Academia de la Guardia Civil las primeras mujeres JAIME GARCÍA