Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
25 5 08 EN PORTADA Las mujeres de los guardias civiles han sido también la voz que la disciplina militar niega a sus maridos. Han demostrado que nada las para Guardia Civil Esposas coraje (Viene de la página anterior) tanto dolor es la defensa de la libertad, y a mí me emocionó. Estaba orgulloso de haber podido dar la sangre por España. No sé... tal vez algún día la sociedad... Nos basta el recuerdo, que nadie olvide que los nuestros murieron para que otros puedan estar vivos A ellas las nutre el coraje y la obstinación y eso las convierte en protagonistas insólitas. Como Mari Carmen, una madrileña que lleva 24 años viviendo en Irún y desde hace 8 lo hace junto a su marido y sus dos hijos en la Casa Cuartel del municipio guipuzcoano, en donde habitan junto a otras 99 familias. ¿Pero todavía estáis ahí? dice que se sorprenden compañeros que hace diez años o más pasaron por ese destino. Estoy bien aquí, mis hijos han nacido aquí, hablan euskera y quieren quedarse a estudiar. Nuestros amigos también están en esta tierra. Esto es precioso y sería una maravilla si no fuera por esos canallas. Incluso estamos pensando en vender un piso que tenemos en Madrid y comprarnos algo aquí... Pero de momento preferimos vivir en la Casa Cuartel porque es más seguro. Fuera tienes que disimular a qué se dedica tu marido. Durante años, mientras vivimos fuera, los vecinos se creían que era camarero. Además, te enfrentas a cuestiones domésticas cómo dónde tender para que nadie vea el uniforme. El síndrome del norte lo padecí al principio, y luego me fui adaptando. Mi familia me decía que si estaba loca y mi suegra, esposa y madre de guardias civiles- -sus cuatro hijos han pasa- do por el País Vasco- me había prevenido de penurias, que ellos ni tuvieron seguro médico. Por eso se fueron a Cáceres capital, para que los chicos estudiaran, pero acabaron haciéndolo en la academia de guardias de Valdemoro Lo que Mari Carmen ha echado más en falta en estos años es que sus hijos no se hayan criado junto a los abuelos. Un día el niño, que ahora tiene 13 años, preguntó al ver escoltas que protegían a uno de nuestros amigos si su papá no necesitaría también llevar guardaespaldas. ¡Ya ve qué cosas tienen! Hace unos días estaba yo con unas amigas en una cafetería, vi cómo entraba esa persona, se sentaba sólo en una mesa, la vigilancia fuera, y vinieron dos a intimidarlo- que aquí ya sabemos lo que es cada uno por las pintas hace el inciso- se colocaron junto a él para amedrentarle con el sabemos por dónde te mueves ándate con ojo hasta que entraron los escoltas y ahí se acabó todo. Pero así no se puede vivir. Siempre acechándote, con el temor a cuestas. Claro que yo no me achanto, como mi hija- -de 18 años y brava como ella- -que frente a una huelga en el instituto porque han detenido a uno de ellos, ella no falta. ¡Pero si la mayoría no va sólo por perder clases! Y por encima de todo, Mari Carmen, de 42 años, no ha logrado entender que de aquí para abajo un guardia civil gane menos que un policía municipal- -por unos 500 euros de más sale la broma de un destino en el Norte, así que estamos ante un sueldo de unos 1.800- hasta el punto de que hay guardias a los que no conceden créditos por lo ramplón del salario. Por eso se vive también en los cuarteles: porque no hay para otra cosa. Ya ve, Piñuel vino en busca de un destino mejor. Como él, muchos. Es comprensible que la gente de la Asociación Unificada de Guardias Civiles saliera a la calle a protestar de uniforme, porque fue a la desesperada ¿Hay esperanza? Mari Carmen siempre ha creído que estamos marcados por el destino, que si algo te tiene que pasar, ocurrirá igual, estés dentro o fuera del País Vasco Por ejemplo, a Toñi, de 32 años, le dieron una paliza cuando iba con su esposo, guardia en un cuartel de un pueblo de la Comunidad de Madrid, los mismos delincuentes que el agente había detenido días antes. A él le destrozaron la cara y le robaron el reloj, que luego los matones exhibieron por el pueblo como un trofeo de caza. Me sujetaban mientras me pegaban y veía cómo a él le machacaban a golpes dice esta tarde Toñi, ocho meses después del ataque. Nadie sabe la angustia que supone que todos los delincuentes que detienen nuestros maridos sepan dónde vivimos. Tienen el control total de todos nuestros movimientos. Pero ¿cómo vives fuera con un sueldo de 1.300 euros? ¿Cómo pueden pagarle a un guardia poco más de 3 euros Son el objetivo A Toñi, los criminales que días antes había detenido su esposo, le dieron una paliza. Es angustioso- -dice- saben que vivimos en el cuartel y nos tienen controlados