Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE chas más. Porque a Manoli Orantos también la medio mataron con 29 años y dos hijos de 2 y 3 años, el fruto de cuatro años de matrimonio. Como la viuda de Piñuel- -dice a D 7- -yo también tuve un mal presentimiento. Cuando acabaron con él llevaba un mes y cuatro días en el País Vasco, a donde fue voluntario porque el plus de peligrosidad se pagaba con 17.000 pesetas y el sueldo era poco. El ya conocía aquello porque había estado destinado en San Sebastián, donde por defender la emisora en medio de un tiroteo en el monte Igueldo había logrado el ascenso. Mi madre me había prevenido: ¡cómo te casas con un guardia civil si son los primeros que mandan a la guerra! A los niños les dijeron que su papá se había ido al cielo en moto Y a ellos nunca se les ha ido de la cabeza que con él su vida hubiera sido diferente. Manoli sobrevivió a duras penas un año, mientras arreglaban el papeleo con una pensión de 30.000 pesetas, y los muebles, que tuvo que sacar de la casa cuartel justo al mes del crimen, en un almacén. Y ahí acabó el periplo de tres destinos en cuatro años; su soledad se hizo infinita. ¿Cuál es la vida de una viuda de guardia civil? Se te cae la casa encima. El día del entierro te ofrecen todo, pero al día siguiente se han olvidado. Le ocurrirá a la viuda y al hijo de Piñuel. Siempre pasa. Me quedé a vivir en Badajoz, con mi familia, y metí a mis niños en un colegio religioso para que tuvieran principios Y eso que uno de los condenados por el asesinato de Avelino Palma fue el cura chivato de Salvatierra. El otro, Makario. Entonces no había ni psicólogos y me automedicaba para no venirme abajo. Aún hoy tomo diazepanes Mi refugio fue la Asociación de Víctimas que creó Ana María Vidal Abarca en 1991 de la que me hicieron delegada para Extremadura. La labor humanitaria nos rescató un poco para la vida, porque parece que ayudando a los demás te ayudabas a ti misma. Y la lucha por conseguir justicia me daba fuerzas, como lo hace hoy cuando seguimos dando la batalla para que no haya negociación, para que no haya víctimas de primera ni de segunda, para que los politicos no nos usen como a marionetas y para que la guerra contra el terrorismo no se pierda en guerrillas entre partidos. No quiero ser arma arrojadiza. Y no descansaré hasta que se borren de todas las calles los nombres de los terroristas. El pasado domingo, un guardia civil, que había sufrido un atentado, dijo en el acto de homenaje a Piñuel en San Sebastián que la única razón para soportar (Pasa a la página siguiente) El terrible nombre de las calles Rosa María Alcaraz llora ante la foto de sus gemelas, asesinadas en el Cuartel de Zaragoza. Josu Ternera, como hoy, mandaba la ETA ABC