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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Aroma y color se apoderan en este país de los sentidos hasta hacer olvidar su miseria PAÍS DOGÓN MALI Borko Douentza Hombori ER planicie de Bandiagara Mopti Kani Gogouna Madougou Bandiagara planicie de Seno- Gondo Yoro Bankas Koro gustan llamarla los reclamos turísticos, se halla enclavada en la confluencia del Níger y el Bani, su principal afluente. En realidad, se trata de tres islas unidas por diques artificiales, lo que le confiere, en época de lluvias, cierto aspecto de ciudad inundada, pero en nada más se parece a Venecia. Tampoco le hace falta, porque la vitalidad de su puerto fluvial y de sus mercados hacen de ella una ciudad cosmopolita y dinámica. Aroma y color se apoderan en este país de los sentidos hasta hacer olvidar la miseria. El trayecto de Mopti al pueblo de Bandiagara, puerta de entrada al País Dogon, se hace en poco más de una hora. La carretera transcurre por una agradable meseta, hasta que, poco antes de Bandiagara, el terreno se encabrita y la piedra se apodera del paisaje, desplazando cualquier atisbo de vegetación. Tras una hora de traqueteo, al salir de una curva cerrada, encontramos al brujo sentado en su rectángulo, al borde del camino. Djenné N BURKINA FASO 0 Km 100 ÁFRICA Ahí, sobre la arena de la meseta un anciano había dibujado un rectángulo de unos cuatro metros de largo por uno de ancho. Parecía un dibujo infantil, dividido geométricamente en una doble hilera de rectángulos menores que ocupaban todo el espacio interior. El hombre, sentado en medio del rectángulo con la camisa deshilachada y tan ajeno al mundo como al implacable sol de la mañana, adunaba montoncitos de arena en las distintas casillas, como lo haría cualquier chiquillo Estábamos ante un hechicero dogón en plena faena. A pesar de su aspecto indigente, aquel anciano formaba parte de la nobleza de uno de los pueblos más antiguos de África sin televisión. De pronto, cuando parecía más ensimismado, levantó unos ojos como lumbres y reconvino con autoridad a un turista trasgresor que había penetrado inadvertidamente en su espacio sagrado Fue sólo un momento; acto seguido, volvió a centrarse en su tarea como si tal cosa. Estábamos ante un hechicero dogón en plena faena. A pesar de su aspecto indigente, aquel anciano formaba parte de la nobleza de uno de los pueblos más viejos de África. Orgullosos e indómitos, los dogón nunca se dejaron islamizar, y huyeron de las hordas almorávides hasta encontrar refugio en la falla de Bandiagara. Allí construyeron sus poblados en un terreno inaccesible que les ha mantenido alejados del mundo durante siglos, permitiéndoles preservar sus tradiciones y su modo de vida ancestral. El hechicero no estaba absorto en ningún juego infantil, sino en dilucidar un grave problema de salud o de convivencia de la tribu. Sus predicciones son más respetadas entre los suyos que los de cualquier médico de universidad. Según supe después, escribe en las casillas de la izquierda los aspectos positivos del asunto, representados con palitos y montoncitos de arena, mientras en las de la derecha consigna los negativos, expresados también alegóricamente del mismo modo. Más tarde, esparce al albur unos granos de cacahuete y un poco de pasta de mijo y se va. A la mañana siguiente tendrá que descifrar las huellas del chacal o del zorro que haya comido el mijo y los cacahuetes durante la noche. Según las casillas que haya pisado el animal, distintas claves esotéricas que sólo él sabe interpretar, le llevarán a un diagnóstico certero. Más adelante, el zigzagueante camino de tierra encuentra milagrosamente una resquebrajadura que permite descender hasta el pie de la falla. Es evidente que acabamos de entrar en un mundo nuevo y desconocido. En la abrupta escarpadura que une la pared al llano, una sucesión de aldeas ordenadas y tan perfectamente fundidas con el terreno que obligan a forzar la vista para distinguirlas, se aprietan junto a la inmensa falla arenisca, horadada (Pasa a la página siguiente) RÍO NÍG