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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Todos estamos invitados l pasado abril se estrenaba en el Festival Málaga- Cine la inquietante película de Manuel Gutiérrez Aragón Todos estamos Invitados que inauguró la sección oficial, haciéndose con varios galardones como la Biznaga de Plata, el premio especial del jurado y el de mejor actor de reparto a Óscar Jaenada por meterse en la piel de un terrorista amnésico. La sinopsis de la película reza cómo el joven Josu ha resultado herido al saltarse un control de la guardia civil después de haber incendiado un camión y pierde la memoria cuando una bala le impacta en el lóbulo izquierdo. Es tratado en un hospital penitenciario, a la espera de lo que decida el juez. No sabe muy bien quién es, por lo que las monjas que lo atienden le enseñan a rezar y a ser un buen cristiano, pero otros internos- -de su misma organización- -le recuerdan que él es, en realidad, un valiente gudari -palabras puestas en boca del personaje de su novia en el filme- -y que pronto podrá reincorporarse a la lucha. Mientras, los sucesos siguen su curso en el País Vasco. Un profesor de Universidad, Xabier, es amenazado por sus opiniones muy críticas sobre la situación en Euskadi. Personaje encarnado por un soberbio José Coronado, un poco donjuán, que tiene amoríos con una de sus alumnas, Francesca, italiana, que naturalmente se sorprende todos los días ante lo que sucede en Euskadi. Francesca, bella y simpática, es además psicóloga en un establecimiento psiquiátrico. Xabier no renuncia a ir a las cenas de su sociedad gastronómica pese a las advertencias que recibe por parte de la policía. Comidas y cenas se repiten mientras Josu Jon, el activista desmemoriado, vuelve a escena, pero siem- E pre bajo la supervisión del centro psiquiátrico en el que trabaja Francesca. Entre ésta y Josu hay una corriente de simpatía. Francesca quiere ayudarle a recobrar la memoria pero hay un interesante juego dramático en el que el protagonista se enfrenta a su sinrazón existencial. Lo más terrible de esta película es que esboza tenuemente el drama social, cultural e histórico, la esquizofrenia de la cultura vasca y española, en uno de sus momentos más esplendorosos de libertades, desarrollo y autogobierno, en la que una panda de asesinos, llamémoslo sin empachos, hacen caja. Digamos también a las claras que esto es un negocio y no una reivindicación patriótica que podría ir por otros caminos democráticos. Tenemos sobre la mesa, con horror, el sangrante testimonio del último asesinado por estos mercenarios del peor calado, el guardia civil Juan Manuel Piñuel, malagueño de corazón y familia, víctima de la cobardía y el negocio del terror de estos patriotas de la extorsión y el miedo. El periodista Oskar Belategui aseguraba en ABC que esta ficción cinematográfica no es una película de denuncia sobre ETA. Reparte culpas a diestro y siniestro. A la Iglesia, representada por un cura que no quiere quitarse la venda de los ojos; a la Universidad, territorio hostil para el protagonista; a los abogados de los presos, meras cadenas de transmisión entre sus clientes y las ekintzas a la Ertzaintza, que imparte normas de supervivencia a nuestro hombre: La mejor autoprotección es estar calladito. Y no dar entrevistas Entre los involuntarios alumnos del pragmático cursillo de supervivencia, una concejala que trabaja de limpiadora. El director incluye imágenes reales del vídeo de dibujos animados con instrucciones que Interior proporciona a los amenazados. Rutinas en tiempos de guerra Argumentos que comparto, cuando lo más terrible de esta película es que la realidad la supera con dolorosas creces. El silencio también nos hace culpables por omisión. Tiempo es ya de tomar partido desde la cultura sin tibiezas, como ha hecho Gutiérrez Aragón con este excelente y nada fácil trabajo, porque a la cena de la libertad y de la democracia todos estamos invitados, con el compromiso de no ceder ni cejar en el empeño de hacer de Euskadi y de España, un lugar mejor, donde se erradique a falsos héroes del chantaje criminal. De otra manera, todos estaremos invitados al vergonzoso espectáculo de la muerte como excusa de unos mafiosos. La amnesia no es una excusa para justificar el asesinato ni un consuelo para los que sienten su golpe. LORENZO BERNALDO DE QUIRÓS Economía Empieza la subasta autonómica a economía española fue la que menos creció de la UE en el primer trimestre de 2008. Así lo certificaban el Instituto Nacional de Estadística y Eurostat está semana. Se ha producido un singular cambio de liderazgos. España está en cabeza del desempleo y en la cola de crecimiento. Dramática paradoja de una situación que durante más de una década fue la opuesta. Para que se consuelen, Strauss Kähn, Director Gerente del FMI, anuncia unos próximos trimestres malos pero también el final de lo peor de la crisis Esta optimista afirmación está por ver. Aún no han aflorado todas las pérdidas del sistema bancario norteamericano y nadie sabe todavía hasta dónde están envenenadas las finanzas internacionales. La contracción del crédito persiste. El mercado inmobiliario estadounidense sigue en caída libre. Las familias y las empresas se ajustan con quiebras, contracciones de la inversión y del consumo. Los ejemplos podrían multiplicarse... No se engañen los repuntes de la bolsa sólo reflejan una enorme volatilidad impulsada por la incertidumbre y, también, por el deseo de que cualquier buena noticia coyuntural se convierta en estructural. Entre tanto, todos los pujadores se disponen a participar en la subasta de la financiación autonómica. Montilla y Camps no aceptarán un trato discriminatorio para Cataluña y Valencia y el Sr. Fernández Vara tampoco admitirá una ofensa similar para Extremadura. Ni los ricos ni los pobres ni, por supuesto, los mediopensionistas parecen dispuestos a apretarse el cinturón. Todas las autonomías exigen más dinero al Estado, también ellas, para capear la crisis. Ahora bien, el Estado es L una ficción. No tiene ni genera recursos. Se los arrebata a los ciudadanos- contribuyentes a través de los impuestos. Cuando los dirigentes autonómicos exigen más plata a las arcas estatales, la materialización de esa demanda sólo es posible si los habitantes de otras comunidades la sufragan. Como ha señalado el Instituto de Estudios Económicos en el número de su revista presentado esta semana, no hay balanzas fiscales de las autonomías, sino de las personas. Cataluña, Galicia o Andalucía no pagan impuestos ni se benefician del gasto público. Lo hacen los individuos y las empresas que viven en esos territorios. Por eso, el debate sobre las balanzas fiscales es una falacia cuyo cálculo es inevitablemente una combinación de arbitrismo y de arbitrariedad. Durante el largo ciclo expansivo protagonizado por la economía española, el incremento del gasto público autonómico ha sido superior al del PIB. Cuando la actividad se contrae y los ingresos de esos gobiernos caen, los virreyes territoriales exigen más dinero para mantener un ritmo gastador insostenible en época de vacas flacas. Da igual su color ideológico. Todos piden más. ¿Por qué no gastan menos como se ven obligados a hacerlo las familias? ¿Por qué no cierran todas esas empresas públicas ruinosas cuya existencia carece de justificación económica alguna? ¿Por qué no privatizan muchos de los servicios públicos que gestionan o se les han transferido como la sanidad, la educación, el transporte etc. Si tanto les preocupa la pérdida de poder adquisitivo de las rentas medias y bajas por qué no reducen los impuestos. Pueden hacerlo; tienen capacidad normativa, por ejemplo sobre el IRPF. El modelo autonómico hispano fomenta la irresponsabilidad financiera de los niveles de gobierno regionales. Establecidos unos mínimos iguales para todos los españoles, las autonomías deberían financiar sus proyectos de gasto con sus propios impuestos. En las federaciones de verdad, léase Estados Unidos. los estados no pueden recurrir al endeudamiento y han de cerrar sus presupuestos en equilibrio. De lo contrario, su propensión a endeudarse es clara. Ese camino tiene menos costes políticos que subir los impuestos. Cuando Solbes decidió reformar la Ley de Estabilidad Presupuestaria y permitir a las comunidades autónomas incurrir en déficit si el PIB crecía al o por debajo del 2 por 100, cometió un error. Liberó a las fieras, léanlo en su sentido metafórico, de sus cadenas y ya verán como contribuyen a merendarse el superávit.