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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE o Níger se viven situaciones parecidas. La gran catarsis llegó quizás el 24 de marzo del año pasado, cuando tuvo lugar en Nuakchot el primer debate público y oficial sobre la cuestión. Participaron profesores, sindicalistas, responsables de la sociedad civil, imanes y hasta el ministro de Justicia. Fue algo más que un granito de arena en medio del desierto pues antecedió a la elaboración de la nueva ley, aprobada por unanimidad en el Parlamento el 8 de agosto y que por vez primera criminaliza la esclavitud y prevé penas de hasta diez años de cárcel. La puesta en práctica del texto legal no está siendo sencilla y la Prensa sólo recoge casos muy esporádicos de personas que la infringen. El jefe del Estado no ha hecho demasiado advierte Messaud. La sensibilización es muy discreta, no hay campañas, no hay una estructura de seguimiento e inserción de las víctimas a nivel de vivienda, trabajo y educación. Hay que dejar claro que esclavitud y religión no tienen nada que ver Esto último es harto complicado en una República Islámica como Mauritania, donde pasar del dictado del papel a los hechos supone para muchos poner en duda los preceptos musulmanes. La ley actual choca contra la mentalidad, que marca el 99 por ciento del fenómeno reconoce Maulud, el presidente de la UFP Hay que destruir la base ideológica de la esclavitud, que aquí es cultural. Con la ley actual es posible, pero no hay voluntad real de las autoridades. Se limitan a actuar a demanda de las víctimas se lamenta el presidente de SOS Esclavos. La ONG ni siquiera es autorizada a seguir adelante como parte civil en los procesos judiciales una vez que el denunciante, aun reconociendo los hechos, declara ante el juez que perdona a su señor, como ocurre con frecuencia. Fundamentos culturales Niñas en un pueblo de mayoría haratin (moros negros) etnia que se cree que desciende de esclavos nal, legisló para castigar lo que Bubacar Messaud denomina la esclavitud moderna, que existe en todo el mundo y afecta a los sin papeles, el trabajo infantil o la prostitución pero no legisló para acabar con la esclavitud tradicional mauritana, que se rige por la ascendencia y marca como esclavo al que nace de madre esclava Los haratín, un tercio de los mauritanos, son pobres entre los pobres estimaba hace una década el sociólogo Amel Daddah. La situación apenas ha cambiado desde entonces, aunque algunos miembros de esta etnia han logrado escalar puestos y hacer ver la luz al final del túnel. El presidente de la Asamblea Nacional es Messaud Uld Bulkheir, antiguo esclavo y uno de los tradicionales líderes de la lucha por la emancipación que encabeza la Alianza Popular Progresista (APP) uno de los partidos que integran el Gobierno. En ese nuevo Ejecutivo ha entrado por primera vez la Unión de las Fuerzas Progresistas (UFP) aceptando la llamada hecha por el nuevo primer ministro, Yahya Uld Ahmed El Waghef, a las fuerzas de la oposición. Piense que Estados Unidos tardó un siglo en poner fin a la segregación desde que abolió la esclavitud comenta Mohamed Uld Maulud, presidente de la UFP, que no olvida que en ese país y en Europa existe eso que él también llama la esclavitud moderna Recuerda además que ningún partido ni organización defiende ya la esclavitud en Mauritania y que en países vecinos como Senegal, Mali, Guinea Pobres entre los pobres Una persistente lacra que ya ha sido tres veces abolida La esclavitud ha sido abolida tres veces a lo largo de la historia de Mauritania. La primera fue a principios de siglo bajo la administración colonial. La segunda con la independencia del país en 1960, cuando se aprobó una Constitución que propugnaba la igualdad entre todos los mauritanos. Y la tercera por medio de un comunicado del Comité Militar en 1980 que se hizo efectivo con rango legal el 9 de noviembre de 1981. En las tres ocasiones la abolición quedó diluida en medio del inmenso arenal de un millón de kilómetros cuadrados que engloban las fronteras de este país magrebí. Siempre pesaron más la tradición y el organigrama tribal y de castas que en realidad rigen desde hace siglos la vida de los mauritanos. Por eso no ha de sorprender a muchos, como denunció hace pocos años la ONG SOS Esclavos que la niña de 13 años que escapó del campamento donde cuidaba camellos junto a su madre fuera detenida y devuelta a sus amos por las autoridades. El de esta niña que se atrevió a huir, sin embargo, es un caso muy aislado, porque la inmensa mayoría de los miles de mauritanos que cuidan obligados del ganado, que trabajan la tierra, que sirven como guardianes o que realizan las más diversas tareas del hogar seguirán no sólo levantándose los primeros y acostándose los últimos, sino que ni siquiera sabrán que hay una ley que, al menos sobre el papel, exige su libertad.