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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE De patito feo a personaje carismático en la campaña electoral de su madre. Con el paso del tiempo, Chelsea Clinton se supera a sí misma. (1) A los seis años, una pizpireta Chelsea acompaña a votar a su padre cuando aún era gobernador de Arkansas. (2) Una adolescente emocional, que apenas puede contener las lágrimas. (3) Aprendiz de bailarina. (4) De paseo por Marbella con su novio, Ian Klaus. (5) Entre sus progenitores: siempre se esforzó por imponer la paz en las crisis conyugales de la pareja. (6) En la fiesta de graduación de la Universidad de Stanford. (7) Una adulta Chelsea en un acto electoral en apoyo a la candidatura presidencial de su madre 4 6 Clinton han logrado que la niña- -que debe su nombre a la canción Chelsea Morning de Joni Mitchell- -se haya convertido en una significativa herramienta electoral. Con 28 años, novio formal, un poquito de cirugía estética, estudios universitarios en Stanford y Oxford, residencia en Nueva York y un trabajo en el multimillonario mundo especulativo de los hedge funds (fondos de inversión de alto riesgo) Chelsea ha pasado de ser una figurante sonriente pero silenciosa a tener a un destacado protagonismo, casi dinástico, en la campaña presidencial de Hillary Clinton. La joven, que se ha tomado una especie de año sabático, lleva meses protagonizando sus propios mítines y actos electorales en solitario, concentrada sobre todo en lugares (desde Hawai a Puerto Rico) o audiencias (voto joven o la comunidad gay) a los que su madre no puede llegar fácilmente. Aunque Chelsea no concede entrevistas a la Prensa, el gran mé- 7 rito de su papel en la reñida campaña de su madre es que se ha prestado no sólo a pronunciar el típico discurso empaquetado, sino también a contestar preguntas en los foros asamblearios en los que actúa como atracción central. En el turno de micrófono abierto, la joven ha demostrado una capacidad genética para argumentar, manejar estadísticas y articular mensajes políticos que ya quisieran otros profesionales de la vida pública. Soltura que ha dado lugar a toda clase de especulaciones sobre la continuación de la dinastía política de los Clinton más allá de Bill y Hillary. Por supuesto, el salto a primera fila de la política de Chelsea no ha sido exactamente fácil. En marzo, un estudiante universitario en Indiana se atrevió a cuestionar la credibilidad de su madre tras el escándalo de la becaria y su padre. Su reacción inicial fue rechazar la pregunta con un arrebato de indignación bastante más controlado que algunas de las escenitas protagonizadas por un enrojecido Bill Clinton durante esta campaña. Pero, desde entonces, Chelsea ha aprendido incluso a lidiar con ese tipo de cuestiones a través de respuestas del tipo si usted lo que quiere es votar sobre el pasado, adelante Además del centenar largo de mítines realizados hasta el momento, a veces contando con su propio avión, Chelsea también está realizando ejercicios de diplomacia telefónica. Al dedicarse, entre otras cosas, a llamar a contribuyentes de la campaña de su madre para agradecer su generosidad. Además de cortejar a los altos cargos del Partido Demócrata, los decisivos superdelegados para que no se pronuncien a favor de Barack Obama. Para el reciente día de la madre también grabó un anuncio electoral sobre la ilusión que le produce saber que las niñas de Estados Unidos pueden aspirar a convertirse algún día en la segunda mujer al frente de la Casa Blanca. Esta semana a Hillary Clinton se le llegaron a saltar las lágrimas en la cadena de televisión CNN al calificar la ayuda de su hija como una de las experiencias de mi vida, increíblemente gratificante Dice la senadora: Chelsea lo hace porque cree que seré un buen presidente, pero también porque le preocupa mucho el futuro del país. Ella ha crecido en la Casa Blanca y conoce la diferencia que puede llegar a marcar un presidente. Y si alguien tenía dudas sobre las diferencias entre presidentes después de siete años de Bush, creo que esas dudas han desaparecido. Por eso Chelsea me ayuda, porque es mi hija pero también porque, como ella dice, es una joven americana a la que le preocupa el futuro Con toda soltura Tiene 28 años, novio formal, algo de cirugía estética, estudios en Stanford y Oxford, residencia en Nueva York y un trabajo en el multimillonario mundo de los hedge funds