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18 5 08 EN PORTADA Birmania Una dictadura kafkiana (Viene de la página anterior) lles en cuanto tengamos la oportunidad susurra un monje junto a un cartel donde se exponen, como escarmiento, las fotos de varios rateros detenidos por la Policía. Cuando vuelvan todos los demás de sus pueblos, nos manifestaremos de nuevo asegura otro religioso en el monasterio de Chaukhtatgyi, famoso por su gigantesco Buda reclinado y donde sólo quedan 200 de sus 600 pongyi Acabo de regresar después de esconderme unos meses en mi casa relata el monje, que participó en las protestas de la Revolución Azafrán y fue torturado durante las tres semanas que permaneció arrestado. Monjes- espía Este Gobierno es muy malo, pero no puedo hablar porque algunos monjes son espías murmura mirando de un lado a otro para comprobar que nadie le escucha, lo que se ha convertido en un hábito frecuente de los birmanos. Aunque la población odia a la Junta militar, ésta mantiene el poder gracias al miedo y la represión que ha impuesto con su régimen paranoico y a sus 400.000 soldados, jóvenes humildes y sin estudios que se aseguran así la alimentación, alojamiento y atención sanitaria de su familia. Los despropósitos llegan a tal extremo que el Gobierno ha prohibido las motos en Rangún para evitar atentados con pistoleros, por lo que los únicos motoristas que circulan por la ciudad son chivatos o policías de paisano. Además, las comunicaciones están controladas y numerosas páginas web permanecen censuradas, aunque los birmanos suelen sortearlas mediante conexiones a servidores extranjeros. Peor lo tienen los pocos usuarios de teléfonos móviles, que deben conseguir un permiso especial, casi siempre bajo cuerda, y pagar más de 1.000 euros sólo por el chip de la tarjeta SIM. Para aislarse de la sufrida y resentida población, la Junta militar se ha gastado miles de millones de euros en construir una nueva capital en medio de la jungla, a 400 kilómetros de Rangún. Naypyidaw, que significa Ciudad de Reyes es una ciudadbúnker levantada por ingenieros norcoreanos y supone la última excentricidad de un régimen que expolia sin disimulo los ricos recursos naturales mientras el pueblo se muere de hambre. Encabezando todas las clasificaciones mundiales de corrupción, los generales controlan los principales negocios del país y venden sus abundantes reservas vírgenes de gas, petróleo, madera de teca, minerales y piedras preciosas a países como China, In- dia, Tailandia, Singapur o Corea del Sur. El régimen comunista de Pekín, hambriento de materias primas para alimentar su crecimiento económico, es el mayor aliado de la Junta militar y sus transacciones comerciales superaron el año pasado los 2.000 millones de euros, casi todas importaciones chinas. Petrochina ya ha conseguido un proyecto para construir un gasoducto y le disputa la hegemonía a la tailandesa PTT. Pero también hay otras empresas como la francesa Total que, a pesar de las sanciones y embargos, sigue operando en este país entre fuertes críticas por la utilización de mano de obra forzada y hasta de niños esclavos en las grandes infraestructuras. En la parte birmana, el régimen ha repartido la tarta entre sus generales y en hombres de confianza como los responsables de Htoo Trading Company. Dicha compañía controla la construcción, la hostelería, la venta de madera y piedras preciosas, posee la aerolínea privada Air Bagan y explota en Rangún un centro comercial para la élite que comercializa artículos de lujo traídos de Singapur, como bolsos, prendas y zapatos de Dior, Fendi o Chanel y champán Moet Chandon o whisky Chivas. Con su epicentro en el Triángulo Dorado la frontera del río Mekong con Tailandia y Laos, Birmania es el segundo productor de opio tras Afganistán. El régimen se ha compinchado con siniestros narcotraficantes, como el difunto Khun Sa, o Lo Hsinghan, un birmano de origen chino condenado primero a muerte y luego amnistiado que dirige la compañía Asia World. Dicha empresa ha recibido los contratos de construcción de la nueva capital, probablemente a cambio de los fondos con que ha financiado la compra de armas de la Junta militar durante estos últimos años. No resulta extraño que los birmanos estén deseando escapar del paraíso donde viven, azotado además por el sida y por la lucha armada que varios de sus numerosos grupos étnicos- -los karen entre ellos- -sostienen por su independencia. Huyendo de la represión, la pobreza o el genocidio que lleva a cabo el Ejército en algunas zonas insurgentes, en la vecina Tailandia se han instalado un millón de emigrantes y refugiados. Mientras éstos abandonan su infernal país hacinados en contenedores donde a veces perecen asfixiados decenas de ellos, como ocurrió en abril, los turistas vuelan hacia Rangún buscando el paraíso birmano de pagodas y arrozales. La codicia de los generales El régimen se ha compinchado con siniestros narcotraficantes, como Long Hsing- han, un birmano de origen chino condenado primero a muerte y luego amnistiado Un grupo de birmanos reza en la pagoda de Shwedagon, en Rangún, la principal ciudad del país