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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Niños birmanos rebuscan entre la basura en los vertederos de Rangún para ganar un céntimo de euro por cada preciada botella de plástico que encuentren muchos birmanos al borde de la hambruna. Para evitar que ese nuevo desastre agrave la situación de los supervivientes del Nargis expuestos a la propagación de epidemias, los campesinos ya están secando los granos de arroz de la próxima cosecha en las tortuosas carreteras del delta, plagadas de socavones y en las que se tarda cinco horas en recorrer 100 kilómetros. Tenemos que ahorrar porque se avecinan meses negros dice Nyan Myint, un taxista que lleva horas esperando una cola kilométrica ante una gasolinera. Con su cartilla de racionamiento, cada conductor sólo puede llenar su tanque un par de veces al mes al precio de 2.500 kyiats por litro (2,5 dólares) Los que necesiten más combustible deben acudir al mercado negro: las pequeñas barracas que operan en la calle y donde jóvenes y niños utilizan sus pulmones para absorber con finas mangueras la gasolina del depósito de un coche- surtidor y llenar así los bidones que luego se comercializan a 5.500 kyiats el litro (5,5 dólares) Tras el ciclón, cuando las gasolineras estuvieron cerradas tres días, había que pagar entre 10.000 y 15.000 kyiats por litro (entre 10 y 15 dólares) se lamenta Nyan Myint, quien también se queja de la subida del arroz y la verdura. El precio de los carburantes es uno de los mayores quebraderos de cabeza de los birmanos, ya que la retirada de la subvención estatal a los combustibles- -y su consiguiente incremento de precio- -fue el primer motivo que echó a los monjes budistas a la calle durante la Revolución Azafrán de septiembre del año pasado. Pero este problema no es el único, ya que Rangún, la principal ciudad del país al contar con 6,5 millones de habitantes, es una caótica amalgama de desvencijados coches y autobuses japoneses con entre 20 y 40 años de antigüedad y destartalados edificios coloniales que amenazan con derrumbarse. Ahora no tenemos agua ni luz por el ciclón, pero en circunstancias normales disponemos de ambos suministros seis horas al día explica una empleada de una agencia de viajes. En medio de este ambiente decadente se mueven mujeres con la cara maquillada de amarillo por la tradicional pintura thanakha y hombres que visten largas faldas anudadas en la cintura longyi Ellas venden frutas en los puestos que inundan las sucias calles y ellos asaltan a los extranjeros ofreciendo sus servicios como taxista o prometiendo que conocen la mejor casa de masajes de la ciudad o la tienda más ventajosa para cambiar dólares en kyiats. Estas suelen hallarse en el mercado Bogyoke Aung San, al que muchos locales suelen referirse con el nombre inglés de Scott Market a pesar de haber sido rebautizado en honor del padre de la independencia del país y de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz Suu Kyi. En dicho recinto, plagado de joyerías donde se venden anillos de jade y piedras preciosas como rubíes y zafiros por entre 300 y más de 1.000 euros, se compra cada dólar a unos 1.100 kyiats por el escaso valor de la moneda nacional. Aunque EE. UU. es el enemigo declarado del régimen militar, los birmanos se mueren por sus divisas y hasta el Gobierno cobra en billetes verdes las entradas a los bellísimos templos del país. Así ocurre en la espectacular pagoda de Shwedagon, el principal monumento de Rangún y, junto a la pagoda de Sule, uno de los epicentros de la Revolución Azafrán Volveremos a tomar las ca (Pasa a la página siguiente) El Gobierno ha prohibido la circulación de motos en Rangún por el temor a posibles atentados. Los únicos motoristas que se ven por aquí son chivatos o policías de paisano