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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Bautismo Real El Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles presidieron el bautismo oficial, el pasado 10 de diciembre. Lascifras. El Queen Victoria tiene 294 m. de eslora, 32,3 de manga, 62,5 de alto y 90.000 toneladas. Capacidad: 2.014 pasajeros y 1.001 tripulantes. Costó 435 millones de euros. El verano, en el Mediterráneo. Crucero de 12 noches (Barcelona, Mónaco, Livorno, Nápoles, Malta, Creta, Atenas, Roma) con salidas el 25 de agosto y el 24 de octubre. Desde 990 a 1.490 euros. unmundodecruceros. com El Queen Victoria, en abril, a su paso por el Canal de Suez, en Egipto AFP Queen Victoria Aún luce nuevo y brillante. Se inauguró el 11 de diciembre, y durante meses ha probado sus motores en una vuelta al mundo. Ahora, el Queen Victoria, de la mítica compañía Cunard, prepara su verano en el Mediterráneo POR JUAN FRANCISCO ALONSO Lujo inglés en el Mediterráneo n la biblioteca de a bordo (siete mil volúmenes en siete idiomas) cuelga una especie de cuadro de honor de la literatura en inglés. Desde Jane Austen a Lewis Carroll o Edgar Allen Poe, el autor de Las aventuras de Arthur Gordon Pym A Poe, estadounidense, maestro del cuento de terror, le gustaba escribir sobre el mar, pero la vida obsesiva de Pym y los barcos fantasmas suena muy lejos en este rincón exquisito del Queen Victoria, el nuevo barco de la compañía Cunard. Estamos rodeados de moquetas, cueros, maderas y, si cerramos los ojos, del sabor de un whisky de malta y un cigarro- puro. Paisaje inglés en alta mar. La británica Cunard (aunque en los últimos años perteneciente al grupo estadounidense Carnival) fue fundada en 1838 y su pasado está atado a los océanos, a los grandes barcos sueños, como el Queen Mary, y a un espíritu radi- E calmente british Basta cruzar la pasarela de entrada del Queen Victoria, inaugurado en diciembre de 2007, para comprobarlo una vez más. En la Queen Room se sirve el té a las cinco en punto. En el pub, por la noche, llegará la hora del pop británico y las pintas. Y en la Churchill Room, con vistas al inmenso azul, se respira el humo de los fumadores. El Queen Victoria ocupa, de alguna manera, el hueco que deja en los catálogos el Queen Elisabeth 2, comprado a mediados de 2007 por Dubai a cambio de cien millones de dólares para convertirlo en hotel- museo. El nuevo trasatlántico no realizará un trayecto único, sino que- -por temporadas- -dará la vuelta al mundo, pondrá rumbo al Báltico y, como este verano, recorrerá el Mediterráneo, tentado por el poderío evidente del puerto de Barcelona en el mercado de cruceros. Barcelona ha sido, por supuesto, uno de los puertos en los que ABC La biblioteca y el reloj en la escalera principal: dos símbolos del diseño elegido para el barco ha hecho escala el nuevo tesoro de la Cunard en su primera vuelta al mundo. El público que vemos, el que lee el periódico con minuciosidad o come en el restaurante Britannia (878 asientos) dispone de tres meses y una buena suma de dinero para dedicarla al lujo contemplativo, un perfil muy diferente al de los pasajeros que ocuparán estos pasillos en verano, alterados por las risas de los niños y el chop chop de la piscina. Como se sabe, los restaurantes no son un asunto precisamente menor en un crucero. La comida va incluida en el precio, las veinticuatro horas del día, y una pasajera ocasional relata sentada a la mesa la historia de una conocida que engordó site kilos en unas vacaciones. Hay cartas y buffets para todos los gustos, desde el italiano al francés, además de comedores privados para las suites o para las empresas que los alquilan para cualquier presentación. El casino es otro centro neurálgico del Queen Victoria. De las ganancias del juego y quizá de las del spa depende una parte importante de los beneficios de la empresa. Las máquinas, como las tiendas (atención: se compra en dólares, lo que supone una evidente ventaja en el cambio) sólo abren cuando el barco se hace a la mar. La excitación de la ruleta, de las cartas o de las tragaperras recorre los pasillos solemnes de este rascacielos flotante, como una prueba más de los extremos que se tocan y se necesitan. En el día a día de un crucero los pasajeros salen a una excursión, acuden al teatro (830 asientos) navegan por internet, mueven el esqueleto en la discoteca Hemispheres o toman el sol en cubierta. A media mañana, un grupo de artistas ensaya la función de la noche en el Royal Court Theatre, que ocupa tres cubiertas. Nada, salvo el hecho de que una bofetada de realidad nos hace recordar que estamos en un barco, diferencia este escenario de cualquier otro en la ciudad. Al fin y al cabo, de eso se trata: una exquisita ciudad inglesa flota en el Mediterráneo.