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11 5 08 OPINIÓN PILAR CERNUDA Política El lado amargo de la política ritaron con entusiasmo su nombre hasta la misma noche del 9 de marzo, pero cuando vinieron mal dadas sacaron los puñales sin pudor. Mariano Rajoy se ha equivocado de medio a medio desde esa noche, no ha gestionado bien su continuidad aunque es cierto que ha seguido en la presidencia porque se lo han pedido, incluso suplicado, la mayoría de los suyos; pero ha mantenido una actitud tan distante con sus subordinados que algunos de ellos se han sentido verdaderamente mal ante su silencio. Nunca fue de grandes frases de apoyo ni palmadas en la espalda, pero entre las demostraciones exageradas de cariño y la actitud gélida hay un término medio que si Rajoy lo hubiera practicado no estaría en la situación actual. Ni su partido. Juan Costa no merece el silencio después de haberse dejado la piel en los meses previos al 9- M y ser presentado como el hombre del futuro, como tampoco lo merece Pizarro, al que Rajoy anunció como el gran fichaje del PP tanto para lo bueno como para lo malo. A Ana Mato le han ofrecido poco más que pasar lista a la puerta de las comisiones del Congreso para controlar a los diputados, y a Luisa Fernanda Rudi una portavocía de comisión de un asunto que le era absolutamente ajeno, cargos G que las dos han rechazado. Sin embargo, algunos de los que no cuentan con más bagaje que haber hecho papeles a Rajoy durante los últimos cuatro años, pisan fuerte en el grupo parlamentario y miran por encima del hombro a los que tienen más conchas políticas que un galápago y les dan vuelta y media en conocimientos de cómo desenvolverse en las aguas turbulentas del debate a cara de perro o cómo negociar con el adversario. Acebes no aspiraba a la secretaría general sino a otro trato, no solo de Rajoy sino sobre todo de algunos de los que estaban a sus órdenes que, pensando que tenían posibilidad de cumplir sus ambiciones de poder, se han dirigido a él de forma condescendiente. La incomodidad es manifiesta en los veteranos y en los jóvenes cachorros, mientras sonríen los del kindergarten. En los domicilios de algunos destacados diputados se celebren cenas y conciliábulos a los que asisten Ballesteros, Arístegui y Hernando, entre otros, y halagan los oídos a Juan Costa. Rajoy, como Houston, tiene un problema. O muchos problemas. Como no agarre el toro por los cuernos y piense de verdad en el partido, le están esperando en 2011. O en 2010. Una cosa es la renovación y otra muy distinta la demolición. Aznar se deshizo de la guardia pretoriana de Fraga, pero trató con afecto y consideración a esa guardia pretoriana a la hora del relevo, y además presentó como alternativa un equipo al que nadie podía considerar penenes ni arribistas, Rato, Trillo, Cascos, Villalobos, Zaplana a años luz de los que ahora le bailan el agua a Rajoy. Nadie tiene derecho a exigir a Rajoy que haga público el nombre de su secretario general, a él corresponde elegir su equipo y marcar el calendario, pero se comprende que haya inquietud ante la rumorología que apunta a que Rajoy se inclina por algún colaborador que no da la talla ni de lejos, sino todo lo contrario. Como decía alguien que conoce bien el partido La impresión que se transmite desde el entorno de Mariano es que va a prescindir de los mejores para poner a los mediocres y a los conspiradores Rajoy atraviesa las horas amargas del perdedor, está conociendo las hieles del desafecto, las maniobras y las críticas. Pero su actitud no está siendo la más adecuada: renovar no significa deshacerse de los más válidos por razón de edad, ni colocar a imberbes políticamente que se ensoberbecen ante los veteranos. Renovar ni significa enrocarse en silencios que pueden rozar la mala educación. Rajoy, como Houston, tiene un problema. Como no agarre el toro por los cuernos, le están esperando en 2011... o en 2010 JAIME GARCIA