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11 5 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Todos quieren ser liberales En El saqueo de la imaginación Irene Lozano analiza cómo el poder y la política degradan el lenguaje para colarnos un mensaje sin importarles la dignidad de la palabra dada y ni, por supuesto, la verdad. En el pasaje que reproducimos, la autora reflexiona sobre el liberalismo y lo liberal, esa palabra que significa todo y nada tan de moda... tan de constante actualidad iberal es una de las palabras tocadas por la redefinición de conservador a la que se opone. Se trata de un concepto vidrioso y polisémico como pocos. Trabaja tanto que sin duda Lewis Carroll le abonaría una paga extraordinaria. En primer lugar, alude tanto al sistema que es expresión privilegiada de las ideas de la modernidad como a una corriente ideológica nacida dentro de ese sistema. En esta última esfera, su significado no sólo varía de unas épocas a otras, sino también geográficamente. Liberales eran los de las Cortes de Cádiz; de liberal tachaban a Nicolas Sarkozy sus adversarios, durante la campaña de las elecciones presidenciales de 2007, para evocar los fantasmas de la desregulación empresarial; de liberales son tildados en Estados Unidos los defensores del New Deal de Roosevelt, gente que en Europa consideraríamos socialdemócrata; y liberal es considerado también, en Gran Bretaña, quien simplemente defiende las libertades individuales y la iniciativa privada. Muchos liberales se encuentran hoy sumidos en profundas contradicciones en su deslizamiento a posiciones conservadoras, pues forma parte esencial de su ideología la separación radical de la Iglesia y el Estado, así como la reivindicación de la autonomía del individuo; en suma, un rechazo de las doctrinas eclesiásticas ortodoxas en lo tocante al divorcio, el aborto, la contracepción o la homosexualidad. Otra contradicción mayor asoma en su horizonte. El liberal es, por decirlo en palabras de Larra, el símbolo del movimiento perpetuo se inspira en la utopía del progreso indefinido, y en la confianza en las conquistas de la ciencia y la técnica para erradicar la enfermedad y el mal. Su proyecto político, plasmado en declaraciones como la de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se fundamenta en el imperio de la ley, por lo que difícilmente puede comulgar con una desregulación que impida el control de los pode- L Título: El saqueo de la imaginación Autor: Irene Lozano Editorial: Debate Páginas: 240 Precio: 19,9 euros Fecha de publicación: 16 de mayo de 2008 res económicos y propicie un desequilibrio entre los distintos poderes que supone un retroceso respecto a lo propugnado hace dos siglos. El liberal se ve hoy empujado al pesimismo, pues en la medida que acepte las premisas del pensamiento neoconservador se vuelve antiliberal. Pese a la confusión reinante en torno al concepto de lo liberal o quizá por ello, se ha convertido en una palabra fetiche: pocos políticos desperdician la ocasión de identificarse con ella, como si les fascinara el hecho de que puede significar cualquier cosa. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero era aún líder de la oposición, lanzó su célebre proclama por un socialismo liberal y libertario años después, su vicepresidente económico, Pedro Solbes, se definiría políticamente con otro galimatías cuando dijo ser un socialdemócrata liberal También Aznar, ubicado ideológicamente mucho más cerca del neoconservadurismo que del liberalismo, ha proclamado ser un liberal clásico El riesgo de las épocas de significados inestables es precisamente que nos ponen a mano una poderosa tentación: la de redefinir los conceptos a partir de criterios privados o personales, no comunes, como requieren los conceptos estables. Decir Un liberal soy yo es hacer un juego de lenguaje para modificar las reglas mientras se está jugando, lo cual no deja de ser tramposo. Nos remite, asimismo, al estadio primitivo del aprendizaje del habla descrito por Agustín de Hipona en sus Irene Lozano Escritora, periodista Confesiones: Cuando ellos LOS MAYORES nombraban alguna cosa y consecuentemente con esa apelación se movían hacia algo, lo veía y comprendía que con los sonidos que pronunciaban llamaban ellos a aquella cosa cuando pretendían señalarla Pero este tipo de aprendizaje, como señala Wittgenstein, sólo sirve para el vocabulario que alude a una realidad tangible en el mundo externo. El lenguaje político no es de este tipo, no se puede explicar a los ciudadanos mediante la deixis, como si fueran niños Conservador y de izquierdas Privatización de conceptos Zapatero lanzó su proclama a favor de un socialismo liberal Solbes se definió como un socialdemócrata liberal Y Aznar proclamó ser un liberal clásico El riesgo de las épocas de significados inestables es que nos ponen a mano la tentación de redefinir los conceptos a partir de criterios privados o personales Se puede ser conservador y de izquierdas, como lo eran los jerarcas soviéticos del ala dura que, en los años ochenta, se oponían a las reformas planteadas por Gorbachov. También se puede propugnar una revolución de derechas, como en los casos de la Falange Española, el Partido Fascista italiano o el Partido Nazi alemán. En la descripción tipológica del fascismo hecha por Stanley G. Payne, queda claro que sus objetivos políticos responden a un esquema revolucionario, tanto en la estructura del Estado que propugnan- -un nacionalismo autoritario no inspirado en principios o modelos tradicionales- -como en su búsqueda de una estructura económica nueva- integrada, regulada y pluriclasista así como de un cambio radical en la política internacional. También resulta posible, y acorde con el eclecticismo posmoderno, sostener una ideología a la carta: con unos gramos de ideas tradicionales y otros de progresismo, si bien este cóctel convierte el debate político en un caos como el que se ha visto en España durante la legislatura de Zapatero (2004- 2008) El Partido Socialista, de vocación y raíces universalistas e internacionalistas, aliado con los nacionalismos esencialistas de Cataluña o el País Vasco, y enfrentado a la oposición del Partido Popular, que invocaba los ideales igualitarios y la Ilustración al tiempo que se manifestaba de la mano de los obispos contra el matrimonio homosexual o