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11 5 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Frank Sinatra La voz carismática leyenda. Descubrió las posibilidades de la balada, el micrófono, la respiración y el encanto. E hizo llorar y suspirar a varias generaciones POR JOSÉ RAMÓN PARDO Cuando se cumplen diez años de su muerte, mantiene intacta su Un actor que trabajó a su manera 14- 5- 2008, Coincidiendo con la fecha de este aniversario TCM Clásico le rinde un sentido homenaje con un ciclo compuesto por cuatro largometrajes en los que se muestra la variedad de registros que Sinatra demostró en su faceta de actor: Como un torrente Duelo de pillos Levando anclas y Alta sociedad Además Diez años sin la voz un documental que recoge declaraciones exclusivas de sus hijos. n el siglo largo que ha transcurrido desde el inicio de la comercialización de música en forma de discos, ha habido algunos artistas que consideramos clave en el desarrollo de este formato cultural. No hablaremos del mundo clásico o el del jazz, flamenco y tantos otros tipos de música que han tenido y tienen importancia en la industria discográfica. Nos centramos en el mundo de la llamada música pop, contracción de popular o sea, la que no es culta ni folclórica. Y en ese territorio, Frank Sinatra, de cuya desaparición se cumplen diez años, es una de las figuras indiscutibles. Seguramente, uno de los tres ocupantes del podio de vencedores, en un hipotético certamen de figuras, compartiendo cajón con Beatles y Elvis Presley. Pueden ustedes colocarlos en el orden que quieran, aunque les advierto que de la forma de colocarlos se desprenderá su propia edad. Frank Sinatra fue el primero de los tres. Un joven talento de Hoboken, población de New Jersey muy cercana a Manhattan, donde Francis Albert Sinatra, hijo del jefe de bomberos de la localidad y de claro origen italiano, veló sus primeras armas como cantante, tanto en un grupo vocal como en su faceta de solista. El éxito de Sinatra no significó una revolución, como ocurrió con Elvis y el rock and roll- -comienzo del imperio de la música juvenil- -o con los Beatles- -que desplazaron el centro de gravedad de la música mundial de los Estados Unidos a Europa- -sino una inteligente adaptación al medio. Lo que hizo Frank Sinatra fue descubrir las posibilidades de la balada, el micrófono, la respiración y el encanto. Antes de su enorme éxito, el 99 de los cantantes eran sólo una pieza más de la orquesta. Lo mismo que el segundo saxofón, el contrabajo o el trombón. Absolutamente anónimos, porque tan sólo se citaba el E nombre del líder de la orquesta. Pronto el público empezó a darse cuenta de que unas orquestas llegaban más adentro del corazón que otras, y casi siempre el motivo era la forma de cantar del vocalista. Los vocalistas también se dieron cuenta y empezaron a salir del anonimato. Doris Day se marchó de la orquesta de Les Brown, al igual que decenas de compañeros que militaban en las big bands de entonces. Sinatra consiguió su primera oportunidad en la orquesta del trompetista Harry James. Con ella grabó su primer disco millonario, aunque conviene advertir que esa cifra de ventas solo se alcanzó unos años más tarde, cuando Sinatra ya era un cantante famoso y antepusieron su nombre al de Harry James para relanzar el disco. De la banda de James pasó a la de Tommy Dorsey, trombonista, que marcó el estilo de Sinatra. Dorsey tenía un fraseo muy especial con su trombón y un sabio empleo de la respiración que le permitía desarrollar solos largos de gran naturalidad, sin esfuerzo aparente. El joven Frankie se fijó en esta cualidad y la fue adaptando a su forma de cantar. Sinatra decidió volar por su cuenta. Eran los primeros cuarenta, cuando gran parte de los jóvenes novios y maridos norteamericanos luchaban en Europa y el Pacífico contra el eje Tokio- Berlín. Nunca desearon más las jóvenes novias y esposas norteamericanas escuchar baladas senti- mentales que les recordaran a sus parejas perdidas en lejanos lugares. Las canciones de Sinatra llenaron ese hueco. Se hicieron imprescindibles. Su debut como solista en Broadway, en un show encabezado por la banda del clarinetista Benny Goodman, entronizado por la crítica como rey del swing fue su revelación. Jovencitas de calcetines blancos rodearon el teatro, persiguieron su coche, gritaron histéricas durante su actuación y suspiraron el resto de la noche tras su marcha. Había nacido una estrella. Las canciones de Sinatra, con profusos acompañamientos de cuerda sentimental, llegaban a lo más hondo del corazón de sus jóvenes fans, las primeras en la historia de la música porque también en eso fue pionero. Hollywood le llamó y protagonizó películas optimistas, de esas que necesitaba EE. UU. para levantar los ánimos. Levando anclas Un domingo en Nueva York eran retratos de jóvenes marines disfrutando de sus permisos y lejos de los horrores reales de la Guerra. Nueva época Sus canciones se hicieron imprescindibles en la Segunda Guerra Mundial, cuando las jóvenes esposas y novias recordaban a sus hombres mientras escuchaban sus baladas Tras la guerra se convirtió en el gran maestro del swing local. Supo cantar como nadie las penas del corazón. Y publicó el primer disco autobiográfico de la historia Pero terminó la contienda, regresaron novios y maridos, se fueron cerrando las cicatrices y la sociedad se enfrentó a la realidad de las jornadas de trabajo, las cadenas de montaje, los apuros para llegar a fin de mes, el pago de las hipotecas, la educación de los niños... Ya no había sitio para comedias intrascendentes, evasivas de la realidad. Y todos aquellos para los que las canciones de Sinatra habían sido un bálsamo durante la guerra, le dieron la espalda buscando otras músicas, otras sensaciones, otra forma de enfrentarse a las nuevas realidades. De golpe, sin que nada hiciera presagiar un cambio tan radical, Sinatra se encontró casi a la vez sin contrato discográfico y sin que le llamara ninguna productora de cine. Ahí demostró su genio, su coraje, su fuerza de voluntad. Firmó por la compañía CBS que empezó a grabarle un tipo de discos que no estaban ni en el pasado ni en el futuro. Y que incluso no funcionaban en el presente. Un terreno nebuloso en el que unos guías ciegos intentaban encontrar un camino que no conocían. Harto de no llegar a ninguna parte, apostó por un sello nuevo, Capi-