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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE El sargento Calvente, en Kosovo, junto a otros compañeros de la fuerza internacional y un pope escoltado do toreó al novillo de Miguel Mateo Miguelín que no sabe cómo le trajo el entonces subteniente Domínguez Liébana desde Algeciras hasta Ceuta, donde fue destinado por la broma de un sargento- yo te relleno los papeles y te pido un sitio donde puedas torear le dijo el muy canalla- ya como soldado profesional. Y es que Calvente, por su madre, se había reenganchado al Ejército tras la mili, después de darle vueltas a ver qué podía hacer para no darle más sufrimiento, siempre por ahí de capeas que pensaba que me iba a perder Pues bien, allí en Ceuta, a escasos metros de la frontera marroquí, los compañeros del torero levantaron una plaza que quedó preciosa y el mismo día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, el novillo, que había sido cuidado con esmero durante los dos meses anteriores- pensaba que el animal iba a salir a la plaza a darme besos fue toreado con lucimiento, muerto por la firme espada de Rayito y devorado hecho chuletas y pinchitos Presidió la corrida el comandante general, que ocupó el palco construido para la ocasión. Ocurrió el 14 de diciembre de 1999. Creando afición entre kosovares Las dos caras de un luchador: Rayito vestido en traje de luces, y el sargento Calvente, ante su BMR Para comprarme el traje de luces tuve que hacer una rifa en el pueblo y sortear una moto. Solo el capote son 40.000 pesetas. Además tuve que trabajar mucho por los bares para comprar un equipo mínimo. Entonces me encontré con que el dinero era otro gran obstáculo. De los que empezamos con El Pato ninguno llegó a dedicarse a esto plenamente. Ya sabe, uno entre un millón, y de un millón ninguno. No basta ser buen torero, hay que estar tocado por la magia, estar en el momento oportuno en el sitio adecuado, y tener padrinos. He toreado con chavales que ahora son matadores de toros, como con El Fandi. Porque yo también me volqué en esto. Pero cuando la cosa empezaba a rodar, un infarto mató a El Pato y vino la ruina La historia mínima del sargento Calvente, que como sostiene Carlos Fuentes es uno de esos mimbres con los que se construye la historia con mayúsculas, es la epopeya del sacrificio de un maletilla del siglo XXI, como tantos otros, la épica conquista de una ambición. Y tantas veces, el drama, a secas y sin paliativos: Rayito confiesa que sintió pena de él cuando se vio con la cabeza abierta, el hombro sacado y pinchado el pulmón sobre la mesa de madera de una vieja casa tras la cornada de un peñajara en un pueblo perdido de Salamanca. El traje, que tanto le había costado, hecho jirones; el sueño, intacto. Porque Rayito también conoce el sabor de la gloria. Como cuan- Luego, de Ceuta a Zaragoza, al Regimiento de Artillería Raca 20, donde me puse las pilas, estudié lo que no está en los escritos, y me hice sargento. Si hoy soy suboficial es por la constancia y la voluntad. El que viene al Ejército y tiene capacidad de sacrificio puede ser lo que quiera Quién habría imaginado que Rayito acabaría en Kosovo cuando hacía de las suyas por los campos de Cádiz a la luz de la luna. He aprendido que en mi profesión de sargento, igual que en el toro, hay que saber mandar y templar. Cada chaval es diferente, como cada toro, y hay que saberlo entender y torear. La experiencia en Kosovo ha sido magnífica. Fui el 13 de diciembre como fusilero, lo que me ha permitido tener un contacto estrecho con la población, de niños a ancianos que tanto te dan por tan poco. Allí me entrenaba corriendo porque no pude llevarme ni un capote. Me quitaba el mono con algún trapo y a escondidas. En el bar de Base España, en Istock, tenían todos mis carteles pegados. Y a todos, compañeros, kosovares o serbios les he vuelto majaretas hablándoles de toros. Entre todos, he creado afición, que es lo importante Y mientras llega la hora de la verdad en Madrid o Sevilla Calvente se esfuerza en ser un pedazo de sargento y Rayito se prepara para su gran oportunidad. El valor del soldado no le falta. Sabe que tiene su sitio, que tiene fuerza y, además, qué demonios, ni puede ni quiere quitarse el toro de la cabeza. Para él torear ya es lo mismo que respirar. Y sin aire se muere.