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11 5 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Rayito El sargento torero de Kosovo La peor cornada es la del sueño roto. Por eso el sargento Calvente persigue con sacrificio reverencial la conquista de ser figura del toreo mientras manda y templa a sus hombres como suboficial del Ejército Español. Militar y torero, anhela brindarle al Rey una faena de puerta grande POR VIRGINIA RÓDENAS ayó como un rayo. Corría 1994 y reaparecía Manuel Benítez en un mano a mano con Jesulín, en Ubrique, y antes de que alguien pudiera impedirlo, Fernando Calvente- -desde ese día Rayito de 14 años, ya estaba delante del toro. Viendo El Cordobés que el animal me iba a coger, no por mi culpa, sino por los empujones de los banderilleros para quitarme, se plantó, apartó a la gente y gritó: Dejadle tranquilo Entonces, pegué mis pasecitos. Luego me dijo que si ya me había quedado tranquilo, le contesté sí, maestro Y añadió, pues hala, ahora te vienes para acá, que has estado muy bien Me quedé impactado. Me agarró, me sacó al tercio y me fui para el callejón. El mozo de espadas de Jesulín me dio una palmadita. Yo estaba blanco, no por el susto del toro, sino por la reacción de la gente, que empezó a tirarle latas a los guardias civiles. ¡Por mi culpa, que además vivía junto al cuartel! Así que cuando estaba a punto de salir el C siguiente toro, El Cordobés me metió por debajo de la banda de música y me gritó ¡escápate! Y me animó: yo no me he tirado una vez, sino miles, así que sigue para delante, chaval, que en la vida hay que luchar mucho Y desde ese día, en ello está el sargento Calvente, del Regimiento de Artillería Antiaérea 72 (RAA- 72) que recién llegado de su misión en Kosovo, adonde se fue en diciembre, no ha perdido un segundo para irse de tentaderos por el sur y anda moviendo Roma con Santiago para hacerse hueco en algún festival taurino para el verano. ¿Dónde hay más peligro- -tentamos al militar- delante de un toro o en un BMR (vehículo Blindado Medio de Ruedas) de patrulla? Y el suboficial me responde que ambas cosas tienen su riesgo. Pero cuando iba en el BMR- -apostilla- -lo que pensaba era en los chavales que van conmigo y tenía miedo, porque aquello no son carreteras, que son caminos de tierra. Los vehículos son buenos, pero se pueden mejorar, y además hace falta. Yo pensaba, Dios mío, que me pase a mí lo que sea, pero no a ellos porque ¿cómo se le explica a una madre que su hijo ha muerto? A la suya, Cristobalina Ruiz Ortega, le fueron corriendo con la noticia de que su chico se había tirado a la plaza. ¡Se habrá caído! decía la mujer, ignorante, como el padre, Fernando Calvente Calvente, de la obsesión del muchacho. Porque aquel niño había ido fraguando su afición por los toros a escondidas, cuando salía disparado del Fernando Calvente mece el capote y torea a la verónica En la historia del sargento Calvente se une la épica de los maletillas del siglo XXI y el sacrificio de un soldado que conquistó plaza como suboficial. Nunca vencieron su sueño colegio hacia la escuela oficiosa de Sebastián Marcial El Pato que ponía al servicio de los chavales un sitio e instrucción para el toreo de salón mientras él iba viendo. El Pato tenía una tintorería en Ubrique, El Rocío y allí guardábamos los trastos. A mis padres les decía que me iba a la biblioteca. Ya sería Juan Vázquez Vega, El Cantitos otro gran aficionado ubriqueño, el que realmente me llevó al campo, a los tentaderos, y así días y días... Hasta que compinchado con el hijo del dueño del bar taurino Carriles que había sido novillero, cuajó su arranque de espontáneo en el coso de Ubrique y se bautizó como Rayito un nacimiento que, como es de imaginar, culminó en el cuartelillo. Mis padres, las criaturas, no sabían nada. A mi padre le puse las cosas claras: quieras o no quieras voy a seguir con eso para delante. Y esa noche, como muchas otras después, me quedé castigado sin cenar. Rendido a la realidad, aceptó que toreara si no dejaba los estudios, pensando que en cualquier momento se me quitaría la calentura. Él, dedicado a la marroquinería, que es el oficio local, quería una vida mejor para sus hijos, y el camino para eso era estudiar. Pero a esas alturas, ya todo el mundo hablaba en la provincia del chaval que había saltado en Ubrique El Pato condujo sus primeros destinos. En el primer festival casi me mata un toro y mi padre, la mar de contento, pensaba que eso me quitaría la afición. Aquello fue una masacre, pero corté dos orejas. No había salido del ambulatorio y ya me estaban trayendo carteles para que toreara en otros pueblos.