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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE ISRAEL O LA REINVENCIÓN Nacido de la excepcionalidad, el Estado de Israel se encuentra, sesenta años después, ante la tesitura de enfrentarse consigo mismo y poder dar el paso imprescindible hacia la modernidad a fecha que coincide con el 14 de mayo de nuestro calendario gregoriano se celebra el 60 aniversario de la creación del estado de Israel. Así, en 1948 nació este país que en su declaración se denominaba asimismo como un estado democrático judío. Bien se puede decir, desde mi punto de visita, que la historia de Israel es la historia de la excepcionalidad, entendiendo esta expresión en su sentido etimológico, la de no habitual, la de una rara avis. La excepcionalidad israelí por lo tanto es múltiple. La primera es que la ideología en la que basó la creación de Israel, el sionismo o nacionalismo judío, lejos de ser un movimiento conservador estuvo liderado por las tendencias socialistas. El sionismo socialista fue quien lideró la comunidad judía en Palestina y posteriormente el estado de Israel hasta al menos 1977, cuando el Partido Laborista perdió las elecciones frente al Likud de Beguin. La segunda excepción es que siendo una ideología laica basa su adscripción identitaria no en cuestiones étnicas, ni lingüísticas, sino en un precepto religioso, el ser judío, o mejor dicho, en lo que yo denomino judeidad Es decir, pertenecer a la comunidad judía de nacimiento o mediante la conversión, pero a la vez en ningún caso esto significa seguir la práctica religiosa. Esta base religiosa hace que el lugar escogido para la ubicación de este estado fuera Palestina. He aquí la tercera excepcionalidad. Estamos ante un movimiento nacionalista nacido en Europa a finales del XIX y que reivindica su territorio fuera del viejo continente, y que para llevar a cabo su empresa opta una inmigración masiva en sucesivas olas denominadas aliya (ascensión en hebreo) Esta realidad que provocó el enfrentamiento con la comunidad árabe de la zona, la abrumadoramente mayoritaria, nos lleva a la cuarta excepción y vector sin el cual no se entiende la historia de este país: la cuestión de la seguridad. Por lo tanto en 1948 asistimos al nacimiento de un estado, Israel, que se denomina democrático y judío, que es laico pero don- L Víctor Manuel Amado Castro, profesor- investi gador del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda (UPV) 60 años, ha conformado un país en el que lejos de existir una sociedad cohesionada existen diferentes comunidades. Como bien apunta el sociólogo israelí Baruch Kimmerling, en el Israel actual se dan varias comunidades: la pionera y laica askenazí, la nacional religiosa, la oriental tradicionalista o mizrahi, la ortodoxa religiosa, la árabe, la etíope y los nuevos inmigrantes rusos. ¿Qué une hoy día a todas estas comunidades si exceptuamos la árabe? Pues cada vez menos, ni tan siquiera el hebreo, ya que la nueva inmigración rusa mantiene su lengua, sus periódicos y sus televisiones. El único componente que une a estas comunidades es la seguridad, que es tanto como decir su propia pervivencia, lo que no es poco en un contexto regional, el de Oriente Medio, que en muchas ocasiones le es hostil. Otro elemento que ha cohesionado a esta sociedad es su memoria colectiva de pueblo perseguido, y que tuvo su culmen en el Holocausto. Pero esta memoria, como en todas las sociedades modernas, se va perdiendo o se va transformando, más aún con el caudal migratorio que caracteriza a Israel. Un ejemplo es la detención hace unos meses de unos jóvenes de origen ruso que habían llegado a Israel mediante la ley de retorno, y a los que se les había encontrado propaganda nazi. Fue tal sorpresa que ni incluso la legislación israelí tenía figuras delictivas para judíos que propagaran la ideología nazi. Así, el gran reto de Israel es dejar de ser excepcional, es decir, enfrentarse a su propia cohesión y conformación interna, ya que el denominado modelo de los padres fundadores está más que liquidado. Pero Israel no afronta este dilema porque tiene un problema mayor, el de la seguridad. Israel es un estado que tras sesenta años no ha fijado todavía sus fronteras, y que tan sólo tiene acuerdos de paz con Egipto y Jordania. Esto, que muchas veces es un impedimento para su desarrollo, actúa sin embargo en otras ocasiones como anestesia de sus contradicciones internas o de lo que yo denomino dinámicas intrajudías. En definitiva, Israel a los sesenta años de su existencia, es un país que ha de reinventarse asimismo y que tiene que acceder a la modernidad. Para eso, además de las cuestiones relacionadas con su legítimo derecho a la seguridad, el país hebreo ha de enfrentarse consigo mismo, cuestión que, como a otras muchas sociedades, le produce vértigo. Ruso, judío y nazi La judeidad 14 de mayo de 1948. Jovenes judíos celebran por las calles de Tel- Aviv la proclamación del Estado de Israel de la pertenencia al mismo se basa en una adscripción religiosa, en un contexto hostil, y sobre todo con muy poca población. Esta tesitura hace que desde sus co- AFP mienzos Israel sea un estado de inmigración judía. Este fenómeno estatal basado en la aliya y fundamental para la existencia de Israel, cuando han pasado ya