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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Excursión a Britneyland El conde de Niebla, Leoncio González de Gregorio Álvarez de Toledo, hijo mayor de la duquesa, en el entierro de su madre guardó ciertas formas, como la tarde en que, entrevistándola en su palacio (en la que sería la última entrevista de su vida) apareció el jardinero y, nada más verle, cortó nuestra conversación para gritarle que se quitara la gorra En ese encuentro con su sobrino, la protagonista se despacha a gusto contra todo y contra todos, desde el rey para abajo, sin olvidarse de sus tres hijos. Sin duda los capítulos más tremendos son los referidos a cómo fue la relación materno- filial. Es el pequeño de los tres, Gabriel, justamente el único que no tiene título, quien revive con mayor crudeza una infancia tremenda, con unos padres separados que jamás se ocuparon de ellos y una madre que les arrebató la herencia de su bisabuela, motivo por el que la llevaron ante los tribunales, ganando los pleitos con sentencias que reconocían esa apropiación indebida. Con memoria fotográfica y sin ahorrar ni maquillar la crudeza de sus sentimientos, Gabriel rememora algunos momentos junto a su madre, como la tarde en que la duquesa apareció en la casa de la abuela donde vivían él y sus hermanos y el niño no solo no la reconoció, sino que pensó que aquel chico ABC delgado y desgarbado con cazadora de cuero era el recadero de la tienda de ultramarinos y no su madre. Mal podían reconocerla los niños porque les había abandonado y apenas tenían recuerdos de ella. La duquesa fue una mujer sin instinto maternal, pero con la obligación social de casarse y tener hijos, hasta el día que nació el último y decidió que su mundo y sus inclinaciones sexuales eran otras. El resto: guerras en los tribunales por herencias perdidas, ventas fraudulentas, litigios eternos y puñaladas traperas. Un drama que Ramírez de Haro ha sabido reflejar en cada una de las páginas que firma. Como recuerda el autor, con la muerte de la duquesa no sólo no acaba la batalla. Es ahora cuando empieza otra contienda durísima por una herencia que tardará años en resolverse y que separará aun más a la viuda de los hijos. De entrada, y como despedida de este mundo, la duquesa dio orden de prohibir la entrada a sus dos hijos pequeños a su velatorio. Por supuesto hicieron caso omiso a su última voluntad y aparecieron en el palacio para dar su postrero adiós a una madre que nunca se ganó ese título por más Grande de España que fuera. unir unos sencillos requisitos: tener televisión por cable (un paquete básico con Disney Channel es suficiente) y criar hijos (preferiblemente hijas) entre los 6 y 14 años. Miley Cyrus (su nombre verdadero) es la más grande estrella infantil desde Shirley Temple y desde que en marzo de 2006 se estrenara Hanna Montana la serie que protagoniza junto a su padre, el también cantante y actor Billy Ray Cyrus. El responsable de tantas cosas. No sólo de conducir a su hija por el camino del artisteo, también de perpetrar Achy breaky heart A ver, todos a cantar (con sombrero vaquero y manos a la hebilla del cinturón) Don t tell my heart, my achy breaky heart, I just don t think he d understand. And if you tell my heart, my achy break heart, he might blow up and kill this man Aunque parezca increíble, la versión en español todavía es peor. A estas alturas todo el mundo sabe que a Miley Cyrus le han hecho un reportaje para el Vanity Fair de junio y una de las fotos de Annie Liebovitz (no hay boda ni entierro sin la tía Juana) ha montado una especie de revuelo iraní. Oh, Dios, que sinvergonzonerías. La quinceañera, Disney obliga, ha pedido disculpas a sus fans. Aunque los ofendidos han sido los padres de los fans por una foto que consideran cercana a la pornografía infantil. Alguno ha llegado a decir que parecía recién fo... eso. Lo que está es fea. Como escapada del casting de Entrevista con el vampiro Con el pelo revuelto y húmedo, desnuda pero con una sábana de satén tapándole el pecho (la sábana, seamos serios, es lo más lúbrico) Dice Germaine Greer que el objetivo de Leibovitz lo mismo podría haber si- P ara saber quién es Hanna Montana sólo hay que re- do una prostituta infantil de Casablanca en 1900. Lo bueno del caso es que hasta los intelectuales opinan (sí, vale, Germaine Greer es una intelectual que ha estado en Gran Hermano VIP pero nadie le ha quitado la licencia de intelectual) También dice la Greer que ahora Disney acusa a VF de haber manipulado a una niña de 15 años para vender revistas, como si sus motivos no fueran idénticos Recuerda, asimismo, que Kate Moss vive de una imagen anormalmente aniñada y que entrenamos a las crías para seducir (por la ropa de miniputas y el pelo largo cayéndoles por la cara) Sólo hay que echar un vistazo a la última Bravo y a la doble página dedicada a la casi fija Hanna Montana. La imagen más grande, silueteada, corresponde a Miley posando con una mano en la cintura y otra detrás de la cabeza. Con una minifalda de un palmo y unas calzas por los muslos. Miniputa es poco. Pero más allá de lo que la sociedad permita o promueva, lo más perturbador del Hannahgate es a) que la protagonista, durante la entrevista de VF, ya ha visto esa foto y piensa que es artística y b) que su familia estaba presente durante la sesión en Calabasas, California (huy, sólo falta la canción de Albert Hammond) Sobre ese posado en concreto asegura que no puedes decir que no a Annie: Es tan mona. Pone esa cara de cachorrillo y tú, pues vale ¿Estamos locos? ¿Una cría de 15 años frente a una mujer de casi 60? O sea, que la chica se expresa como si tomara sus propias y soberanas decisiones a la hora posar lasciva y lolitamente. Y luego va y se arrepiente de que la hayan puesto mirando a Britneylandia. A la Leibovitz en su gran mundo le pasa como a Jesús Quintero en la pequeña España. La gente se les suele abrir de piernas. Traducción: se prestan a entrevistas con él cuando no lo hacen con otros u obedecen sin rechistar a la fotógrafa. Ejemplos de estrellas desnudas a lo hágase en mí según tu cámara: Sting en el desierto, Demi Moore con toda su panza, Lance Armstrong en su sillín o Scarlett Johansson y Keira Knightley (una morena y una rubia, una carnosa y una enclenque) Y, finalmente, Miley Cyrus, de quien lo primero que leemos en el artículo de VF es que Sexo en Nueva York es su serie favorita. Acabáramos por el principio. Tanto pedir perdón (porque estamos en un mundo y en un negocio hipócritas) pero al final tiene razón Fran Lebowitz: la adolescencia es el período de la vida en que dedicas mayor tiempo y atención al sexo. Pero los mayores no quieren verlo (y no hace falta ser Humbert Humbert)