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4 5 08 VIAJES Zagreb Centroeuropea y mediterránea Ciudad barroca y gótica, monumental y distendida, con una inconfundible huella del viejo Imperio Austrohúngaro, la capital de Croacia combina empaque histórico con un relajado vitalismo TEXTO Y FOTOS: MANENA MUNAR ntre el Adriático y el macizo central europeo se alzaban dos pueblos medievales con sus respectivas murallas: Kaptol, habitado en su mayoría por clérigos y artesanos, y el colindante Gradec, poblado por pequeños comerciantes. Como suele ocurrir entre vecinos, unos y otros se profesaban una sana animadversión. Pero las rencillas también unen, de forma que, ya en el siglo XIX, Kaptol y Gradec se unieron en un maridaje del que nació Zagreb, actual capital de Croacia, una de las más elegantes ciudades europeas, centroeuropea y mediterránea a la vez. Su arquitectura barroca y gótica y sus palacios austrohúngaros dan testimonio de su innegable personalidad centroeuropea. Al mismo tiempo, las animaciones E callejeras en la Plaza del Ban Jelacic, los cafés de la colorista plaza de las Flores y los animados paseos por la concurrida calle Tkalcic le dan un aire mediterráneo. Zagreb es hospitalaria y simpática, muy apegada a su bagaje histórico y orgullosa de la fértil naturaleza que la rodea. También es una ciudad para pasear, para recorrerla con tranquilidad. A cada paso surge una sorpresa que merece ser observada: bien alguna de las imponentes obras del escultor croata Ivan Mestrovic, como el Pozo de la Vida a los pies del Teatro Nacional, o bien alguna de las viejas casas de la Ciudad Alta que rezuman historia por sus piedras. Es agradable observar el trasiego de la ciudad con sus tranvías azules, el ir y venir desenfadado de los zagrebíes, los animados cafés, los puestos de flores en la Plaza del poeta Peter Preradovic o el exuberante mercado de Dolac- el estómago de la ciudad Allí, bajo las sombrillas rojas y al amparo de la estatua del héroe popular Petrica Kerempuh- -simpático y rebelde defensor de la la plebe, que de la leyenda pasó a la literatura y el teatro- las horas pasan volando entre setas de temporada, pimientos rojos reventones, frutas, quesos de cabra y pescados fresquísimos. En los puestos de Dolac igual despachan los viejos campesinos que llevan marcado en su rostro la experiencia del tiempo y del duro trabajo que los chavales que parlotean por el móvil mientras pesan unos tomates. Con las cesta rebosante de hortalizas, se impone un alto en el camino; un buen café acompañado de uno de los exquisitos pasteles de Ivica i Marica en la calle Tkalcic que antaño ni siquiera era una calle, ya que el arroyo Medvescak ocupaba su lugar y dividía Kaptol de Gradec. Fue en tiempos un enclave estratégico de artesanos y comerciantes e importante centro de producción del textil zagrebí. En 1898 se cu- El elegante teatro de la Ópera, inaugurado por el Emperador Francisco José Ciudad para pasear, para recorrerla con tranquilidad y sin que la mirada se despiste. A cada paso surge una sorpresa: una casa con historia, una escultura de Mestrovic...