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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE El Escorial TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO Un laberinto esotérico Lastrado por la leyenda negra, Felipe II fue un hombre de su tiempo, un auténtico príncipe renacentista, y su obra más imperecedera, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un nuevo templo de Salomón lleno de misterios. Un libro desvela las claves escondidas en este formidable monumento ostiene Luis Racionero, superficial viajero (por confesión propia, y como tantos otros) en este laberinto pétreo, que ni la personalidad enigmática, reticente y esquiva del rey constructor, ni la serena solidez clara de su obra, darían a pensar que El Escorial contuviese símbolos esotéricos o academias herméticas de sabios rozando inesperadas heterodoxias. En este panteón envuelto por un convento, el rigor petris es abrumador Sin embargo, El Escorial es mucho más que una mole dibujada con escuadra y cartabón bajo la sombra del monte Abantos, en la sierra de Guadarrama. Su aparente frialdad es una impostura. Todo es equívoco a primera vista. Las puertas que parecen entra- S das principales estaban destinadas a la servidumbre. El atrio que se abre majestuoso al Patio de Reyes se convierte, de pronto, en insólita y angosta entrada, oscura como una cueva, que da acceso a la gran basílica que nunca estuvo abierta al público. El Palacio del Rey, casi escondido en un extremo del edificio, en realidad se encuentra colocado en el centro de las comunicaciones, como la cabina de un piloto que dirige una nave de gran poder. Porque el monumento fue concebido como un nuevo templo de Salomón para la sabiduría y el gobierno universal. Tras la imagen del rey austero hay un fondo de esoterismo místico- -continúa Racionero- Es lo último que nos esperábamos de Felipe II La leyeda negra deconstruida Todo es equívoco a primera vista. Las puertas que parecen entradas principales eran para los siervos. El Palacio del Rey, casi escondido, está en el centro de las comunicaciones Para comprender El Escorial hay que meterse en la cabeza y el corazón del Rey asegura Javier Morales Vallejo, autor de El símbolo hecho piedra (editorial Áltera) Según el hispanista George A. Kubler la leyenda negra inventada en Holanda, Francia e Inglaterra como arma política se extendió y llegó a nosotros porque los propios españoles nos la hemos creído. Morales está de acuerdo. La imagen que ha hecho fortuna de Felipe II es la de un Monarca oscuro y ultracatólico, pero fue un auténtico príncipe del Renacimiento, con una cultura enciclopédica y afán coleccionista, creador de universidades y de hospitales, gran bibliófilo, estudioso de la filosofía neoplatónica del siglo XVI y de la mística de Raimundo Lulio- -como Juan de Herrera, que concibió el grandioso concepto arquitectónico de El Escorial- Tuvo profundas creecias de acuerdo con la generación de místicos españoles de su siglo, a los que conoció y comprendió. Favoreció a San Ignacio de Loyola, hizo liberar de su cárcel a San Juan de la Cruz y protegió a Santa Teresa de Jesús, quien le avisaba de algunas cosas. En aquel tiempo, la religión del Rey era la de los súbditos. Eso ocurrió en la Inglaterra anglicana, en la Holanda protestante y en la España católica. A los herejes se los perseguía en todas partes. A lo largo de la historia ha habido otras oportunidades para levantar leyendas negras. Por ejemplo, Napoleón fue el gran agresor, el primer mandatario derrotado por una coalición y juzgado por un tribunal internacional; pero dígale a los franceses que alguien quiere mancillar su prestigio Para su investigación, Javier Morales, doctor en Historia del Arte y en Filosofía, que ha dirigido diversos departamentos de Patrimonio Nacional y actualmente enseña iconografía y arte en la Facultad de Teología de San Dámaso, en Madrid, ha buceado en los escritos de Lulio- -filósofo, poeta, místico, teólogo y misionero mallorquín del siglo XIII- -que Felipe II leía con avidez y subrayaba, y de Jean L Hermite- -ayuda de cámara del Monarca- -y otros personajes del círculo escurialense como Fray José de Sigüenza, historiador de la orden Jerónima, bibliotecario y primer cronista del monasterio. A principios de la década de 1990 di una conferencia sobre este asunto en los cursos de verano de El Escorial recuerda Morales. Incluía una visita comentada. El plan era para un día, pero al final me quedé un mes. Funcionó el boca a boca: la gente quería saber más de lo que se cuenta en el recorrido turístico. De todos los elementos que no se perciben a simple vista me fascina, especialmente, cómo el Rey privatiza el espacio religioso. A pesar de su sobriedad, es el dominador del mundo. De ahí parte la idea del libro El Escorial fue la obra de madurez de Felipe II. Comenzó a construirse cuando contaba 36 años y se finalizó veintiún años más tarde, cuando cumplía 57 de su edad. Desembolsó cinco millones de du- Un espacio religioso privado Grabado de Rodrigo de Holanda realizado en 1576 que recoge un momento de las obras de construcción de El Escorial (Pasa a la página siguiente)