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4 5 08 EN PORTADA El monstruo En los abismos del mal (Viene de la página anterior) y durante ese tiempo dejó abandonados, aunque con víveres, a sus prisioneros. Paul H. confirma el dominio que ejercía sobre su mujer y sus hijos, aunque con él era muy jovial, salvo cuando lo sorprendió en cierta ocasión comprando un vestido y ropa interior de mujer. Fritzl le aseguró que era para una amante y que no se lo dijera a su mujer. Su cuñada denuncia que maltrató y humilló a su esposa Rosemarie durante 51 años. También fue un déspota con los hijos que tuvo con ésta, Mi hermana se casó con 17 años, no tenía formación ni profesión y él se aprovechó Sólo ahora dice comprender porqué pasaba a veces la noche en el sótano Al tiempo que recuerda que todas las mañanas, a las nueve, Josef bajaba al sótano, El profesor Friedrich ve a Fritzl como un superdotado en lo intelectual con una vena narcisista: como Lucifer, era el dios de abajo, ya que no podía serlo de arriba supuestamente para dibujar unos planos para unas máquinas que quería vender. Pero a veces también pasaba toda la noche allí Un mundo prohibido Sus hijos encarcelados jamás vieron las estrellas, un árbol... el horizonte. Lo más parecido a un animal que conocían era el elefante de plástico amarillo de la modesta bañera. Nunca montaron en bicicleta, ni se vacunaron. Lo poco que saben del mundo es por su madre y por la televisión. Ahora Rosemarie, la mujer cuyos vecinos insisten en que se ha matado siempre por sacar adelante a los diez niños tendría otros cuatro que cuidar: su hija y sus tres nuevos nietos. Según la policía, nunca supo nada de lo que hacía su marido. Para los psicólogos, es la pieza más frágil: la tiranía en casa la habría mantenido alejada, ocupada, reprimida de saber nada; ahora padece además la vergüenza de haber compartido lecho y vivido bajo las órdenes de semejante criminal. Sí pertenece en cambio a la cultura local el ser manitas y tenerlo todo tan apañado, como lo tuvo Fritzl, que se volcó en adecentar e incluso ampliar el oscuro sótano. Pero no hay belleza posible en un zulo, cuya investigación se va a prolongar semanas, según el jefe de la policía regional, porque los agentes se ven obligados a realizar pausas muy seguidas por la falta de aire. Y ahí estuvo sepultada en vida Elisabeth y sus hijos durante 24 años. La historia de este cautiverio ocurre tras el de Natascha Kampusch, secuestrada con 10 años y que logró escapar el año pasado cuando tenía 18. También en Linz, hace un año, se descubrió que una madre había mantenido encerradas a sus hijas durante siete años, en condiciones infrahumanas. Y está el caso de la joven minusválida mental Maria K, de 23 años, maltratada por sus padres adoptivos y forzada a dormir en un sarcófago en el jardín. Kampusch ha declarado a la BBC su certeza de que el tiempo cura todas las heridas Pero el problema de estos niños no es sólo que parezcan hijos de Kaspar Hauser sino que acaben como el honor perdido de Katharina Blum de Böll, pasto de las miga de fama envenenadas de la prensa. La propia Kampusch dice creer que tal vez la guerra y la educación podrían motivar comportamientos autoritarios y anormales hacia la mujer entre los austríacos. De los austríacos se dice que son maestros en el arte de llevar una doble vida, que les vendría de asumir una existencia oficial que no entendían y un guasón exilio interior en el que se ríen de todo. El psicoanalista austríaco Reinhard Haller, experto en mentes criminales, ve en Fritzl un ser con nervios de acero, poseído por el ejercicio del poder y el dominio sobre otros El experto de Vorarlberg cree que una estratagema criminal de este porte no permite pensar en debilidades mentales, sino en una mente lúcida. Podría tratarse de un hombre que tenga algún punto débil que intenta compensar con el sadismo, que ejerce un poder sobre otros cuya vida quiere poseer El profesor Max Friedrich lo supone un superdotado en lo intelectual y con una descomunal vena narcisista: como Lucifer, era el dios de abajo, ya que no podía serlo de arriba El párroco del hospital, Hermann Gruber, mira perplejo al vacío ante la retahíla de preguntas: carece literalmente de respuestas. Él recuerda siempre a sus parroquianos mirar más los unos por los otros averiguar qué necesita el más solo o solitario. Pero Fritzl no estaba sólo. De hecho tenía dos familias muy numerosas. Así que concluye Hermann: ¿Qué sabemos en realidad unos de otros? Maestros en llevar doble vida AFP A la izquierda, una de las habitaciones subterráneas en las que Fritzl (arriba) mantuvo cautiva a su hija Elisabeth durante 24 años