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4 5 08 EN PORTADA El monstruo En los abismos del mal Manifestación de duelo en la localidad de Amstetten, conmocionada por unos crímenes inconcebibles POR RAMIRO VILLAPADIERNA ENVIADO ESPECIAL A AMSTETTEN ALEMANIA Amstetten AUSTRIA Viena ITALIA 100 km odos conocen la historia desde la primera edad: una casa que se antoja misteriosa, donde vive el hombre del saco, que encierra a niños y a veces se los come. Kaspar Hauser, Hänsel y Gretel, los niños perdidos del bosque, el vástago emparedado, la madrastra mala, la bruja del bosque de Turingia, la baba yaga de los eslavos, folclore que llega del arcano para avisar de algo, cuentos de la tradición para guarecer a la sociedad de sus propias perversiones. El atroz episodio de Amstetten lanza ahora interrogantes como latigazos airados, pero ¿quién que leyera cuentos no estaba advertido? En el mes de mayo de hace 180 años apareció un misterioso niño en las calles de Nüremberg, reino de Baviera; apenas podía hablar con coherencia pero supo garabatear su nombre: Kaspar Hauser. Había estado toda su vida ence- T rrado y durante años encarnaría un misterio científico, aunque probablemente fuese hijo del gran duque Karl de Baden y de la prima de Napoleón, Stéphanie de Beauharnais. Muchos autores, de Voltaire a Paul Auster, se han ocupado del vértigo de estar en la vida sin ser de nadie ni de nada. Pero es que hay cosas que pasan entre el cielo y el suelo ante las que la razón claudica y parecen antesala del infierno. Las preguntas se agolpan: ¿Cómo pudo suceder? ¿Cómo nadie lo advirtió? ¿Qué vecinos, qué nación puede parir, consentir, ignorar, producir algo así? Hay tanto reality show prefabricado para parecer natural que, llegado el momento, se tarda en dilucidar el espectáculo de la realidad. ¿No hay gente que se encierra voluntariamente entre cuatro paredes y en condiciones de promiscuidad para ser famosa? De modo que lo extraño de entrada sería que Fritzl no hubiera instalado cámaras para espiar, grabar e incluso producir luego un reality para el que habría habido generoso comprador. Cuando al alcalde de Amstetten, Hans- Heinz Lenze, se le pregunta cómo ha podido pasar esto en su pequeña ciudad, replica: ¿Y porqué ocurrió el 11- S en Nueva York? La imagen austríaca- -que este pequeño y antes gran país cuida con susceptibilidad- -se siente atacada. El presidente federal Heinz Fischer ya ha terciado: No hay nada profundamente austríaco en este caso y el canciller, el también socialista Alfred Gusenbauer, quiere una campaña internacional para restaurar la imagen de Austria. Lo cierto es que hay un entusiasmo malsano en inferir que, bajo la tranquila belleza rural, se oculta lo más perverso: especulación tan barata que ha de suponer que tirar papeles a la calle, en cambio, vacuna contra estas desviaciones. O que lo específicamente austríaco es el padre Fritzl y no su hija Elisabeth, que ha dado a luz a siete hijos en solitario confinamiento. Suponer que, Puntos negros de una línea que nadie trazó El caso Fritzl, secuestrador, violador y carcelero de su hija Elisabeth durante 24 años, arranca para la policía el 29 de agosto de 1984, cuando su padre presenta una denuncia sobre su desaparición. Después, le obligaría a firmar una carta en la que Elisabeth declara haber huido con una secta y pide que nadie la busque. Fritzl abusó de su hija por vez primera a los once años. A los 18 años la encerró en un sótano. Hoy alega que lo hizo para protejerla de las drogas Nueve años después, Fritzl declara ante la Policía que ha encontrado junto a su puerta a una niña de 9 meses, Lisa, con una carta de Elisabeth en la que pide a sus padres que se hagan cargo de ella. Ahora se sabe que Elisabeth fue forzada por su padre a escribir todas las cartas que él llevaba con gesto de sorpresa y consternación a comisaría. Del mismo modo Fritzl dijo haber encontrado ante su puerta a Monika, de 10 meses, y a Alexander, de 15 meses. De tal forma adoptó a tres de los siete hijos nietos que engendró con su hija encarcelada, Elisabeth, quien daba a luz sola en el sótano, con solo agua caliente Uno de los siete pequeños murió y su cuerpo fue arrojado a la caldera por Fritzl. El pasado abril, la joven Kerstin, de 19 años, inconsciente y gravemente enferma, es internada en el hospital. Las autoridades inician las primeras investigaciones, con análisis de sangre y orina de Kerstin, así como con pruebas de saliva de los niños y de los abuelos. Se teme que su enfermedad sea consecuencia del incesto. Tras varios llamamientos por televisión a la madre de Kerstin ante la gravedad del caso, Elisabeth logró que su padre la sacara del calabozo. Tras un soplo a la policía, posiblemente del personal médico, son llevados a comisaría para ser interrogados. En comisaría Elisabeth causó impresión por su estado físico y extrema perturbación psíquica Tras recibir la garantía de que no tendría más contacto con su padre y que sus hijos serían bien atendidos, hizo una amplia declaración: su padre la había violado reiteradas veces desde que cumplió 11 años. Durante los 24 años de cautiverio, Fritzl bajaba al sótano cada tres días y abusaba de ella sistemáticamente. Según Elisabeth, su madre nunca habría sabido nada; sólo Josef les proveía de comida y ropa.