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D 7 27 4 08 GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE por La Habana, donde recomendó a Castro que legalizara la marihuana y no encarcelara a la oposición, sino que se limitara a suministrarles sustancias psicotrópicas. Los cubanos le facturaron a Praga. Nunca perdió ocasión de exhalar su Ooommm en las más diversas circunstancias. Ante los gases lacrimógenos en las protestas contra la guerra o en los disturbios de Chicago, él no desfallecía en su manifiesto: Jerry Rubin El cerdo feo En las primarias de Chicago de 1968, el Partido Yippi (Youth International Party, Partido Internacional de la Juventud) presentó como aspirante a la presidencia de EE. UU. al Señor Pigasus un inmenso cerdo conducido con una correa. Pero la controversia estalló de inmediato entre Jerry, que presentó un cerdo decididamente feo, y Abbie Hoffman, que abogó a favor de un cerdo más guapo. Jerry acusó a Abbie de fomentar el culto a la personalidad. Y Abbie tildó a Jerry de maniaco agresivo. Al final fue Jerry y su cerdo feo quienes ganaron la apuesta. El Señor Pigasus obviamente, no prosperó en sus aspiraciones presidenciales, pero los chicos lo pasaron en grande. Rubin terminó convirtiéndose en un gran señor de negocios, que continuó disputando con Abbie hasta el fin de sus días. Jerry opinaba que las drogas, el sexo y la falta de respeto hacia la propiedad privada habían convertido a la contracultura en un fenómeno pavoroso. Y Abbie, cada vez que le oía, se convencía de que su amigo era un cerdo burgués... feísimo. Chicago, 1968: Unos manifestantes llevan en andas a Pigasus un cerdo a quien presentan como candidato a presidente de EE. UU. AP Los provocadores Las protestas del 68 tenían mucho de surrealismo. De aquel surrealismo que cultivaba el arte de la provocación para epatar al burgués aunque a menudo sólo lograse divertirle TEXTO: A. SOTILLO Cohn- Bendit Cómo ligar en el 68 En Francia, cómo no, las protestas del 68 comenzaron por una cuestión de sexo, cuando los estudiantes de la Universidad de Nanterre exigieron una residencia mixta, de chicos y chicas. El ministro para la Juventud visitó el lugar, hizo un informe sobre las instalaciones deportivas y no dijo ni una palabra sobre la residencia mixta. Cohn Bendit le reprochó el olvido. El representante del Gobierno le respondió: Con esa cara no me extraña que tengas problemas con las chicas Y el joven estudiante replicó: Esas son unas palabras muy propias del ministro de las Juventudes Hitlerianas Fue el principio de la meteórica fama de Dany. Después, en las barricadas, se ganó unas cuantas contusiones, pero ya no paró de ligar... desde entonces hasta nuestros días. Abbie Hoffman El ilusionista Abbie congregó a unas 50.000 colegas en Washington, a quienes les conminó a proyectar su energía psíquica sobre el Pentágono hasta hacerlo levitar y ponerlo en rotación. El plan seguía con una meditación colectiva sobre la guerra de Vietnam destinado a purificar el edificio. Se supone que la guerra acabaría si las vibraciones conseguían que el Pentágono se tornara de color naranja. No hubo mucha suerte ese día. Después, en Woodstock, Abbie intentó interrumpir un concierto de los Who para protestar por el encarcela- miento de un miembro de los Panteras Negras, pero Pete Townshed, el guitarrista, que tenía malas pulgas, la emprendió a guitarrazos contra el pobre Abbie. Allen Ginsberg Este personaje barbudo y melenudo, judío converso al hindo- budismo, causó estupor en la Checoslovaquia comunista cuando ante un público de jóvenes entusiastas y probos funcionarios del partido entró en trance y salmodió: Le echaron a patadas del país. Antes de aterrizar en Praga, Allen pasó