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28- 29 D 7 LOS DOMINGOS DE Comer, beber, vivir... Le Rostand. 6, plaza Edmond Rostand. Tel. 01 43 54 61 58. Frente al Luxemburgo, café brasería. Una esquina indispensable en la historia del barrio, agradable y acogedor. Junto a una pasteleria de referencia, Dalloyau. Les éditeurs. 4, carrefour Odéon. Tel. 01 43 26 67 76. En el corazón de una diminuta plaza que está a dos pasos de todos los cines, todos los restaurantes, refugio básico para tomar un café, una comida ligera. Café de la Mairie. 8, plaza St Sulpice. Tel. 01 43 26 67 82. Diminuto café en un sitio mágico, con una historia de leyenda. Puede uno cruzarse con Catherine Deneuve. Brasserie Lipp. 151, bulevar St Germain. Tel. 01 45 48 53 91. Joyce vino a celebrar la publicación del Ulises. Se come bien, cuando se puede: si se consigue mesa. La Palette. 43, rue Seine. Teléfono 01 43 26 68 15. El más encantador de los cafés del barrio, en una calle histórica. Hôtel La Louisiane. 60 rue Seine. Tel. 01 44 32 17 17. La leyenda en materia de hoteles literarios. Le Mabillon. 164, bulevar St Germain. Tel. 09 54 42 09 78. Hubo una tertulia de artistas españoles desterrados. Se liga un horror, en todo tipo de lenguas, con todo tipo de sexos. AMELIE DUPONT Los cafés del barrio fueron el hogar natural de la intelligentsia oficial la. En ese rincón parisino vivió siete años capitales de su vida San Ignacio de Loyola, tan presente en la historia de la Universidad de París. En esa geografía transcurre buena parte de una novela de don Pío Baroja contando la agonía de otra Comuna parisina, la de 1871. Nadie ha subrayado que muchos personajes de Baroja caminan por las mismas calles que antes recorrieron algunos personajes de Balzac y serían, con el tiempo, varios de los escenarios de Mayo 68. Desde Saint- Michel- Vaugirard y Saint- Michel- Saint- Germain, las llamaradas se propagaron en varias direcciones para cruzarse con otras leyendas españolas. Saint- Michel tuvo su casa Jorge Guillén, indisociable de la escritura de uno de los monumentos de la poesía española contemporánea, el poema Cántico Hacia el oeste, a dos pasos del epicentro del incendio, pera ya muy lejos, remanso de paz y tranquilidad, desde hace siglo, la plaza de Saint- Sulpice fue durante Mayo uno de los lugares elegíacos de la revuelta, espacio ideal para el reposo del guerrero con su inmensa iglesia barroca (donde se encuentran célebre frescos de Delacroix) su antiguo seminario, su alcaldía de barrio, su único pero mítico café. Esa plaza que fue un oasis de paz, cercado por la algarabía nocturna, ha sido históricamente una importante encrucijada cultural española. Allí vivió Josep Pla, allí escribió César González Ruano su libro sobre Baudelaire, DAVID LEFRANC Jorge Guillén, en la frontera Hacia el norte, el Sena fue la frontera geográfica de Mayo. Y en esa frontera, la del quai muelle de allí se casó la escritora Celia Jiruña Carón, teniendo como testigo a un corresponsal de ABC, Miguel Pérez Ferrero. A dos pasos, en la encrucijada de la rue de Bucci y el Bulevar Saint- Germain, se produjeron cargas policiales inmortalizadas por célebres fotógrafos de ayer. En muchas de esas fotos se ve, al fondo, la enseña del café donde se reunía una famosa tertulia de artistas españoles, como el pintor Xavier Valls y el poeta Rafael Lasso de la Vega. Un poco más lejos se encuentra la iglesia de SaintGermain- des- Pres (San Germán de los Prados, como se obstinaba en escribir Azorín) Ya era una frontera geográfica de la agitación estudiantil. Don Ramón Menéndez Pidal sitúa en esa iglesia el origen último de las relaciones hispano- francesas. Los últimos fuegos fatuos de las noches de barricadas y algarabía se encontraban un poco más lejos del mismo bulevar. El azar quiere que, en verdad, esa frontera oeste de la geografía parisina de Mayo coincida con otro punto celeste de la cultura española en París: la esquina donde estaba el hotel donde se hospedaron don Antonio Machado y Leonor, durante el viaje en que la joven esposa sufrió la crisis que tan dramáticas consecuencias tendría. Entre las últimas barricadas, el hotel de don Antonio y la iglesia de Saint- Germain se encuentran dos célebres cafés, convertidos en antros para turistas, donde don Pío Baroja comenzó a escuchar de viva voz muchas de las historias verídicas y leyendas no menos reales que terminarían convirtiéndose en una de las grandes sagas novelescas escritas en lengua castellana, en las que todavía se escucha el eco del fragor de muchas otras épicas batallas españolas y francesas. Pero esa es ya otra historia.