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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE La basura se acumula en París tras la huelga de la limpieza que se sumó a las manifestaciones del Mayo francés AP DE LA SORBONA comenzó antes la leyenda que el relato histórico ue en mayo de 1968 cuando un leve estremecimiento pareció dar la vuelta al mundo como consecuencia de unas fiebres desconocidas. Medio mundo prosperaba y llevaba ya un tiempo en la sociedad de la abundancia; el otro medio deseaba la libertad y solventar la escasez aspirando al capitalismo. En París y en Praga, las fiebres no eran las mismas pero se hubiera dicho que todo era una misma cosecha. París fue una fiesta para niños mimados, la escenificación de una revuelta sui generis contra la figura del padre De Gaulle. Según la fórmula, Francia se aburría. Comenzó antes la leyenda que el relato histórico: cualquier intelectual de izquierdas iba a trucar su autobiografía para dedicar un capítulo al re- EL PSICODRAMA En París y en Praga, las fiebres no eran las mismas pero se hubiera dicho que todo era una misma cosecha. En Francia F Valentí Puig cuerdo virtual de su mayo en París lanzando adoquines en las esquinas de la Rive Gauche y escuchando los monólogos del delirium tremens ideológico en el anfiteatro de la Sorbona. Hubo que cambiar la universidad, generalmente a peor, y toda una generación se apartó de la dialéctica de lo real y se fue a Katmandú o acabó emulando de forma no siempre inofensiva la barbarie de la revolución cultural maoísta. Sartre perdió la escasa razón que tenía. Del mayo de 1968 se nutren contracciones ideológicas que acaban militando en uno u otro terrorismo, en Italia y Alemania, por ejemplo. En realidad, todo había comenzado en Berkeley. Topó con la fosilización natural de los comunismos en Occidente. En general, la estabilidad institucional y económica del gaullismo apaciguó pronto las aguas. Desde entonces la memoria de aquel mayo de París fue un cómplice insustituible de la melancolía: añoranza de la revolución imposible, del Gran Soir Había sido un psicodrama, como dijo Aron. En junio De Gaulle ganó sobradamente las elecciones legislativas pocos días después de que el Estado francés pareciera tambalearse. Incrementó el voto y obtuvo el dominio de la Asamblea Nacional. El General De Gaulle había dicho: Reformas, sí; mearse en la cama, no En cuestión de semanas, los estudiantes franceses ya se iban de vacaciones. Mai 68 había sido precedido por el asesinato de Luther King y fue seguido por la desaforada represión en la Plaza mexicana de las Tres Culturas. Miles de soldados americanos estaban muriendo en Vietnam, en aquel año de la ofensiva del Tet. En Polonia, en Checoslovaquia y en Yugoslavia, la juventud se manifestó contra el totalitarismo comunista, para pedir las libertades de las que gozaban con amplitud los estudiantes franceses. Por eso los tanques del pacto de Varsovia aparecieron en Praga. El bloque comunista había agitado sus peores fantasmas fácticos. Curiosamente, el monopolio icónico de la revuelta fue adjudicado a París, donde la gran ruptura había sido tan solo de orden simbólico y más bien confuso mientras la primavera moría en las calles de Praga. Eran los años del pop art los años yé yé. El premio Nobel de literatura es para Kawabata. En los penúltimos años del franquismo, caen los dos primeros asesinados por ETA. El pensamiento político se hace grupuscular Al contrario de lo prometía un slogan utopista de la revuelta parisina, debajo de los adoquines no había una playa. En Roma, la izquierda extraparlamentaria asumió el dialecto bárbaro de la lucha armada. En la Alemania occidental, los jóvenes intelectuales ponían en duda el valor de la democracia y coqueteaban con la violencia, mientras al otro lado del muro de Berlín las miradas ansiosas anhelaban el disfrute de los bienes capitalistas. La confusión moral arrastraba la memoria del Holocausto. En cambio, más allá de los tanques rusos que impusieron el orden comunista en Praga iba a potenciarse una disidencia portentosa. Algún día llegaría 1989, annus mirabilis Se ha hecho mucha literatura con el mayo francés, pero casi nunca buena. Fue, para unos pocos privilegiados, una especie de educación sentimental pero sin el respaldo de una novela como la de Flaubert. vpuig abc. es