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27 4 08 1968. EL AÑO EN QUE NOS VOLVIMOS LOCOS ABC estuvo allí (Viene de la página anterior) ma en un lugar de encuentro entre obreros, estudiantes y artistas en una permanencia revolucionaria creadora, en un sito de meeting interrumpido. El poder estudiante El poder estudiante como aquí ya se le define, ocupa las Facultades y ahora el Odeón. Fuerzas de Policía custodian desde esta mañana los alrededores de la Ópera. ¿Adónde se dirige todo esto? ¿Qué orientación toma esta tremenda corriente loca y lúcida a la vez? como hoy la llamaba un diario de París. El Gobierno, hasta el momento, ha enmudecido. Un silencio sepulcral que quizá esta noche se desvele algo con las declaraciones que va a hacer el ministro de Educación Nacional, pero que acaso sólo se concreten a establecer una fecha de exámenes. Boicot, sin embargo, de exámenes, decretado en muchas Facultades de Francia, suspensión no sólo de exámenes universitarios, sino también de pruebas en los Liceos. Una fuerza contra otra. Pompidou ha cancelado un próximo viaje que debía hacer a Lille. De Gaulle está en contacto con el Elíseo a través de tres te- lex cifrados y de dos teléfonos directos. Agitación campesina en toda Francia: los agricultores amenazan con hacer estallar ese clima, ya malo de por sí desde principios de año; se preguntan qué porvenir tienen con su trabajo, en el que muy poco se moderniza y con el que se encuentran ante una sociedad que no les ofrece demasiadas perspectivas de éxito. Tal es el instante. Este mayo de 1968 va a quedar, está quedando, como un mes decisivo para esta República. El mes en que explota una inquietud que desborda cualquier cálculo, el mes en que a los franceses les interesa menos su posición exterior en el coro europeo de las naciones que ese otro coro que está cambiando y que está haciendo vibrar las raíces y los fundamentos de una política, y quizá de una sociedad. Para la próxima semana han sido convocados los estados generales sobre el tema de los exámenes, a partir del domingo se sucederán las reuniones entre profesores y alumnos para decidir qué se hace sobre las pruebas que iban a tener lugar este año. Francia tiene en su pasado una tradición sobre los estados generales y también sobre los meses de mayo en su historia: un mayo de 1789, Versalles vio unos estados generales que han quedado en los libros para siempre; ha pasado mucho tiempo desde entonces y sobre todo ha cambiado el tiempo. Pienso que aquí, en París, hay muchos hombres políticos y no políticos que están contando los días que faltan para que vuelva y hable el jefe del Estado. El presidente de la República francesa tiene una vida jalonada de decisiones. Como la de Napoleón escribía hace unos días un comentarista. París espera con impaciencia esas decisiones del general a la vuelta de un viaje a Rumania, donde se ha encontrado con Ceausescu, el que llaman De Gaulle del Este Aunque hoy en París alguien recuerde que De Gaulle no es Napoleón, como tampoco Nicolás Ceausescu llega a ser el general De Gaulle. Aquel Mayo de 1789 Los manifestantes se apoderaban de las bombas lacrimógenas de los guardias para arrojarlas contra éstos; y la Policía devolvía las piedras arrojadas por los estudiantes Consejos para hacer frente a los gases lacrimógenos Rumicine: un comprimido al empezar la manifestación; un comprimido cuando se lanzan los gases Limón: empapar un pañuelo, disponer de un trozo para ir chupando Bicarbonato: alrededor de los ojos diluido en un pañuelo Gafas de moto o de alta montaña (cerradas por los lados o gafas de buceo) Otros sistemas de protección Guantes y cascos (son aconsejables las gorras forradas, porque los que van con casco son los primeros en ser perseguidos) Periódicos que envuelvan el cuerpo; Tapas de cubos de basura que pueden ser utilizados como escudos; Botas o zapatillas deportivas, para correr con comodidad De un folleto del Mayo francés Más información: París Mayo 1968. Crónica de un corresponsal por José Julio Perlado. Ediciones Internacionales Universitarias Un manifestante yace en el suelo durante los enfrentamientos con fuerzas de la Policía en París AP