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27 4 08 1968. EL AÑO EN QUE NOS VOLVIMOS LOCOS Estudiantes de Santiago durante la ocupación de la Facultad de Letras en 1968 El 68 gallego POR PERFECTO CONDE Los días más fructíferos Santiago de Compostela no era Berkeley ni Nanterre, pero allí hubo también una revuelta que incluso se adelantó al Mayo francés y que tuvo una influencia fundamental sobre el futuro de Galicia lgunos de los que llevábamos pelo largo y estábamos acostumbrados a que nuestros jefes del Partido Comunista nos dijeran que había que rebajarlo un poco, para no desentonar con el resto de la sociedad- -nos decían- recibimos como agua de mayo los primeros sofismas que nos llegaron de Berkeley intentando sostener que la virginidad creaba cáncer, axioma que seguramente no llegará nunca a ser reconocido por la ciencia médica, pero que a los enragés de aquella época bien que nos vino para engañar un poco el futuro peligro del cáncer de próstata. La verdad es que Santiago de Compostela no era, ni mucho menos, el famoso templo universitario norteamericano ni estaba cerca de convertirse en ningún Nante- A rre sureño. Nuestro Daniel CohnBendit particular no fue otro que un pragmático comunista asturiano, Vicente Álvarez Areces, al que la organización de Santiago Carrillo había mandado a revolver el mustio panorama gallego que había empezado a agitarse un poco con la polémica construcción del pantano de Castrelo de Miño, que anegó tierras ourensanas que hoy podrían ser altamente productivas si hubiesen seguido dedicándose al cultivo del vino del Ribeiro. Tinín, que es como siempre le llamamos los amigos de entonces al hoy presidente del gobierno autonómico de Asturias, empezó a consolidar a la sazón una carrera política que acabó enfrentándolo con su partido y haciendo que se convirtiese en un valor seguro del socialismo español. Hace poco regresó al lugar del crimen para celebrar la magní- fica exposición que organizó Ricardo Gurriarán sobre el movimiento estudiantil gallego de 1968, y supo tener la suficiente incorrección política de manifestar que aquellos tiempos fueron los días más fructíferos de su vida. A trompadas con los revoltosos La verdad es que el bosque de piedra que siempre fue Compostela dejó ver los árboles de una rebelión estudiantil que incluso se adelantó al famoso mayo francés en varias semanas con la ocupación durante tres días, por parte de los estudiantes, de una Facultad de Letras que vio cómo se sacudían los cimientos de su inveterado conservadurismo. Tuvo mucho que ver en los acontecimientos el acerbado ultramontanismo de algunos catedráticos de la época, entre los que hubo alguno que