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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Los Rolling Stones, en una imagen de su juventud más psiquedélica ABC ABC Los Doors y en cabeza Jim Morrison, dispuestos a abrir de par en par las peligrosas puertas de la percepción ficas, aparte de esos intentos de reproducir estados alterados propiciados por la música, sus humos y sus ácidos- -sobre el LSD había multitud de hipótesis que apuntaban, desde su papel en la futura evolución del ser humano, hasta historias de terror, junto a informes y experimentos que funcionaban para unos, y para otros no- Y así, quizá el cartel conseguido de 1968 fue el que denunciaba la matanza, por el ejército estadounidense y ese mismo año, de campesinos en una aldea de Vietnam. Consistía en una fotografía de la masacre sobre la que unas grandes letras de imprenta preguntaban: ¿Y a niños? Con la respuesta debajo: Y a niños. Un complemento áspero a las imágenes de la primera guerra que perdió Estados Unidos, transmitidas diariamente por televisión presentes en todas las casas que ponían en práctica la teo- AP ría de McLuhan de que los medios de comunicación se convertirían en la aldea global del mundo. Y siempre dentro de las artes plásticas, es imposible no mencionar tendencias que eclosionaron Hunter Thompson deliraba que entonces existía la fantástica sensación universal de que hiciéramos lo que hiciéramos, estaba bien, de que íbamos ganando... por entonces: el minimal, el conceptual, el land art. Frente a la culminación de lo visual que fue el abstracto, rechazaban la imagen estética, se querían exclusivamente intelectuales, proponiendo la reflexión sobre la vida misma a partir de formas pretendidamente más puras. Sin pretender ser exhaustivo- -y pasando revista de modo poco elegante- hay que mencionar películas de forajidos como Bonnie and Clyde de Arthur Penn, o la sobrevalorada Easy Rider de Denis Hooper, con éste disfrazado de Llanero Solitario al que acompaña en su trágica travesía coast to coast para transportar coca, el Capitán América. Y especialmente, 2001: Una odisea del espacio de Kubrick, punta de iceberg de la ciencia ficción, con sus viajes por el espacio interno en novelas como Extranjero en tierra extraña de Heinlein, El fin de la infancia de Arthur Clarke, o todas las narraciones del maestro J. G. Ballard. O Matadero 5 de Vonnegut, mezcla de ciencia ficción y humor negro que confirmaba las sospechas de que vivíamos en un mundo sin sentido, donde el asesinato era la norma, y los soldados podían proclamar, sin torcer el gesto, que mataban civiles para salvarlos. En fin, y volviendo al mundo cotidiano, no olvido la píldora anticonceptiva- -en España vendida con dificultad- -que evitaba tantos embarazos no deseados y supuso el gran empuje para el feminismo. Y necesariamente paso por alto la mayoría de los sueños- -y realidades- -de un año en que apetecía imitar a Chesterton. El escritor inglés decía que al pasear por Londres era conveniente llevar un mapa, una brújula, un revólver, porque a lo mejor se presentaba una aventura y había estar preparado.