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27 4 08 1968. EL AÑO EN QUE NOS VOLVIMOS LOCOS Flores de Mayo Sueños para otro mundo 2001. Una odisea del espacio una película para viajar en el más plural sentido del término (Viene de la página anterior) dad titulada Miedo y asco en Las Vegas -deliraba que entonces existía una fantástica sensación universal de que hiciéramos lo que hiciéramos, estaba bien, íbamos ganando. Aquello suponía el comienzo de la inevitable victoria sobre las fuerzas del Mal. No compartía semejantes desvaríos otro de los grupos más rompedores y con casi igual número de fervorosos seguidores: los aparentemente eternos Rolling Stones. Desde el principio basaron su atractivo en la reputación de delincuentes. La arrogancia de Estética ácida para años alterados Mick Jagger convertida en atractivo sexual, junto al guitarrista de blues también al servicio de sus majestades satánicas, Keith Richards, tuvieron pronto enfrentamientos con la ley. Por cuestiones de drogas, por cuestiones de sexo; es decir, constituían terreno abonado para los ataques de los tabloides ingleses de extrema derecha. Inconcebiblemente, 40 años después ellos sí han sabido sobrevivir. Pero en 1968, después de su mítico disco St. Pepper s Hearts Club Band del año anterior, ya se contaban los días que faltaban para la separación de los Beatles. Lo anunciaba el elepé de uno de sus factótum, John Lennon. Las canciones recogidas en Two Virgins y aquella portada con Yoko Ono y él, los dos desnudos- -una imagen poco atractiva- -no podía suponer nada bueno. Las portadas de los discos, unas fundas de cartulina o cartón de unos 30 centímetros cuadrados, fueron auténticos techos de la Capilla Sixtina para los diseñadores gráficos de la época. Quizá la mejor sea la del disco Cheap de Janis Joplin and The Holding Company- -y sirvan estos músicos como ejemplo de los muchos grupos importantes del momento: Canned Heat, The Who, The Byrds, Jefferson Airplane y tantos más- Su autor era Robert Crumb, un artista de cómic- -o comix, según la terminología del momento- que con sus personajes Mr. Natural, Fritz the Cat, y sobre todo él mismo, ya era famoso en las publicaciones underground. El prestigioso crítico de arte, Robert Hughes, ha llegado a considerarlo el Brueghel de la segunda mitad del siglo XX gracias a sus tebeos llenos de fantasías siniestras, agresión, cierto grado de perversidad y bastante ternura. Aunque no olvido a otro genio del comix, Gilbert Sheldon. Sus Fabulous Furry Freak Brothers, una panda de pirados californianos siempre en problemas por seguir su teoría de que el costo te ayudará a pasar mejor los tiempos sin dinero, que el dinero a pasar los tiempo sin costo. También fueron importantes- -y relacionados con la músicas disparatadas de la época- -los carteles de anuncio de los conciertos. Sus remolinos de colores chillones, contrastes cromáticos extremados que hacían vibrar, palpitar y hasta jadear el póster con letras recogidas sobre sí mismas o desparramándose gelatinosamente encima de profundos espacios de engañosas perspectivas, pretendían hacer publicidad, en el límite de la legibilidad, de actuaciones grupos de rock. Hubo más manifestaciones grá-